Bécharré: un centro para niños necesitados inspirado en el P. Chebaya

El 8 de agosto se colocó la primera piedra del centro de acogida para jóvenes con síndrome de Down. Se trata de un proyecto de la Fundación Mons. Philippe Chebaya, inspirada en el sacerdote que durante 40 años dirigió la escuela pública local. Cuenta con el apoyo del gobierno y de una ONG alemana.

por Fady Noun

Beirut (AsiaNews) - Para algunos, quizá solo se trata de un pequeño proyecto en una provincia libanesa. Sin embargo, la colocación de la primera piedra, el pasado 8 de agosto, de un centro de acogida para niños con necesidades especiales en Bécharré (una localidad de 24.000 habitantes) sigue siendo un "gran proyecto" para quienes lo emprendieron con recursos limitados, pero con la profunda convicción de que es necesario. El centro es la principal iniciativa de la Fundación Mons. Philippe Chebaya, que lleva el nombre del sacerdote que durante 40 años dirigió la escuela pública de Bécharré, antes de ser ordenado obispo a una edad avanzada.

Un sacerdote al frente de una escuela pública es un caso que parece más único que excepcional en el País de los Cedros. Esta anomalía se explica, en primer lugar, por la distancia que separa Bécharré de la capital, Beirut. Pero, sobre todo, porque el padre Philippe siempre se negó a recibir un salario por su trabajo como director y, durante los momentos más críticos de la guerra y la ocupación siria, convirtió la escuela en su monasterio, donde dormía y comía.

Bien mirado, no sorprende que generaciones de habitantes de la localidad lo veneren como a un santo, pues a él deben su educación y su progreso social. En efecto, todo Bécharré está impregnado del recuerdo de este hombre, que podía ser severo, pero cuya bondad y sonrisa borraban rápidamente la impresión que podían dejar los gestos adustos que un director de escuela debe mostrar en ocasiones.

La modestia del proyecto no está reñida con su generosidad. Así lo enseña Jesús mismo con "la ofrenda de la viuda". Recientemente, León XIV elogió aquello que, por pequeño que sea, une las buenas voluntades y contribuye a la unidad de la comunidad humana. También Henri de Lubac habló de los "santos desconocidos", a quienes la Iglesia no rendirá culto, pero cuya existencia "contribuye a que nuestro mundo no sea un infierno". Y por otra parte el "Gran Líbano", cuyo nacimiento acaba de evocarse con motivo de la ceremonia de beatificación del patriarca Hoayek, es también uno de los países más pequeños del mundo.

El proyecto enriquecerá un "bastión maronita" situado en el corazón del norte de la cordillera del Monte Líbano. Es una pequeña localidad conocida por su bosque de cedros milenarios y por ser la cuna del poeta Khalil Gibran. Un lugar que también fue elegido por las Hermanas de la Caridad de la Madre Teresa para sembrar algunas semillas de santidad.

La iniciativa ha recibido fondos, entre otros, del Gobierno alemán y de la asociación misionera infantil "Die Sternsinger". El patriarca maronita, cardenal Béchara Raï, a pesar de su edad, quiso estar presente para rociar con agua bendita el piso y las paredes en construcción. El purpurado también se encargó personalmente de enterrar en una de sus futuras salas una valiosa reliquia de san Charbel —cuyo pueblo natal, Bkaa Kafra, se puede ver desde sus ventanas— junto con los cuatro volúmenes de un catecismo que el padre Philippe escribió para sus alumnos, la única herencia que dejó.

"Esta tierra es sagrada". Mientras recorro un sendero de tierra a través de un huerto, aminoro el paso para caminar junto a la mujer que acaba de pronunciar esta frase. Avanzamos en fila hacia un espacio abierto cubierto de hierba, donde hay sillas cuidadosamente dispuestas y se pronunciarán los discursos. "Esta brisa también es la brisa del padre Philippe", añade la mujer. En su discurso, el patriarca Raï se refirió al sacerdote, con quien lo unía una gran amistad, como un santo. Y lo hizo con el espíritu de una época anterior a la existencia del Dicasterio para las Causas de los Santos, cuando el sensus fidelium era suficiente para reconocer como tal a una persona fallecida.

El patriarca también recordó con ternura a los pequeños "verbos de Dios", como llamó a las personas con síndrome de Down, que viven en su propia carne, durante toda su existencia, los sufrimientos redentores del Salvador. Desde esta perspectiva de servicio a la sociedad, el centro podrá acoger hasta medio centenar de niños. Joseph Chebaya, sobrino del padre Philippe y director de la fundación, se encargará de llevarlo a término con las donaciones que consiga reunir. La Fundación Philippe Chebaya espera que se convierta en un faro para todos los pueblos que rodean el magnífico Valle Santo, o de Kadisha, que se extiende ante sus ojos.

El sol se pone y las cumbres de las montañas que rodean Bécharré se tiñen de púrpura, malva y rosa. En su discurso, la encargada de negocios de la embajada alemana, Yasmine Raya, dirá amablemente que espera volver al lugar cuando el edificio haya comenzado a recibir a las personas a las que debe su existencia. Una manera elegante de asegurar a los fundadores que el apoyo de su país continuará hasta que la obra esté terminada. Y también después.


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