Beirut (AsiaNews) - A pocos días de unas elecciones cruciales en Israel y en Estados Unidos, y a unos dos meses de la conclusión de la misión de la FPNUL —además de unas condiciones económicas cada vez más dramáticas, que han sumido en la pobreza al 80 % de la población—, el Líbano sigue viviendo al borde del abismo. En esta etapa, el País de los Cedros intenta protegerse de la nueva escalada militar regional que temen muchos expertos y observadores [en particular entre Riad y los hutíes en Yemen y Arabia Saudí], que podría salir muy cara si Hezbolá también se viera involucrado. La iniciativa diplomática de Doha podría ofrecer un respiro, aunque la reciente declaración de apoyo del presidente estadounidense Donald Trump al primer ministro israelí Benjamin Netanyahu —calificado como «el único candidato que no dejará sola a Washington en la lucha contra Irán»— no resulta tranquilizadora.
Escalada interna
En el frente interno, los esfuerzos de última hora y la mediación de Catar han apaciguado un enfrentamiento interno que se había recrudecido en los últimos tiempos, pero que corría el riesgo de desembocar en una lucha sangrienta entre el ejército libanés y la milicia chií proiraní. Lo que hizo aumentar la tensión, a principios de octubre, fue el hallazgo en un control de carretera de una furgoneta que transportaba media tonelada de explosivos (C-4 y TNT) y decenas de kilos de clavos. La carga era transportada desde Baalbek hacia la periferia sur de Beirut por dos milicianos, que posteriormente fueron detenidos.
A través del diputado Hassan Fadlallah, los dirigentes del Partido de Dios admitieron que los explosivos incautados pertenecían a la organización, y exigieron «la liberación inmediata de las personas detenidas» y «la devolución del vehículo y de su contenido». En clara oposición al diputado chií, el ministro de Justicia libanés, Adel Nassar, ha sostenido que el transporte de explosivos constituye un caso de delito flagrante, en violación de la ley que prohíbe a Hezbolá llevar a cabo actividades de carácter militar o relacionadas con la seguridad.
Nassar ha solicitado que el caso se remita a un Tribunal de Justicia, un órgano judicial especial cuyas sentencias son inapelables. Al mismo tiempo, el 80 % de los participantes en una encuesta, realizada durante un programa de entrevistas presentado por el periodista Marcel Ghanem en la cadena MTV, expresó su temor a que se reanuden los atentados. La referencia, ni siquiera demasiado velada, se remite a episodios del pasado en los que el partido proiraní había hecho uso de explosivo C-4.
Alarmado por las amenazas que acompañaron a la solicitud de devolución del cargamento, así como por el despliegue de milicianos motorizados en las entradas sur y este de Beirut, el secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, se puso en contacto el pasado 17 de octubre con el presidente Joseph Aoun. Rubio reiteró, en primer lugar, que la devolución del cargamento al partido proiraní está «fuera de discusión», y pidió además que las investigaciones sobre lo ocurrido no se limiten a la detención de las dos personas que transportaban los explosivos, sino que se remonten hasta sus mandantes.
El clima interno ya se había deteriorado, antes de este episodio, a raíz de una denuncia presentada por un abogado cercano a Hezbolá contra la embajadora del Líbano en Estados Unidos, Nada Moawad Hamadé. La diplomática fue acusada de haber mantenido contactos, «al margen de sus funciones oficiales», con su homólogo israelí en Washington, Yechiel Leiter. Hamadé había llamado a su colega israelí para obtener noticias de su hijo, que había resultado gravemente herido en un atentado con un vehículo en la Cisjordania ocupada. Como respuesta, Rubio había solicitado la derogación de la normativa que tipifica como delito las relaciones y los contactos con los israelíes. Sin embargo, dicha solicitud no puede satisfacerse sin una votación del Parlamento y, por consiguiente, sin el consentimiento del presidente de la Cámara, el chií Nabih Berry.
Retirada la licencia a Saderat
En un intento por colaborar con Washington —que pretende cortar las fuentes de financiación del partido islamista extremista—, el Banco del Líbano ha revocado la licencia de la entidad crediticia iraní Saderat en el país. Pocos días antes, Hezbolá había anunciado que disponía de 200 millones de dólares para indemnizar a las familias cuyas viviendas habían sido destruidas durante la invasión israelí. Washington, sin embargo, considera que se trata de un farol.
También en las altas esferas del Estado se ha manifestado la voluntad de cooperar con Washington con motivo de la llegada sorpresa al Líbano del viceministro iraní de Asuntos Exteriores, Said Khatibzadeh, que acudió con la intención de desempeñar un papel de conciliador. No se concertó ninguna reunión ni con el presidente de la República ni con el primer ministro Nawaf Salam; solo el presidente de la Cámara de Diputados, Nabih Berry, lo recibió. Según fuentes bien informadas consultadas por AsiaNews, Khatibzadeh intentaba crear las condiciones para reanudar el diálogo entre Hezbolá y el presidente Aoun, interrumpido desde hacía ya varias semanas.
Intervención de Doha
Afortunadamente, la perspectiva de un enfrentamiento interno parece haberse alejado aún más gracias a la visita al Líbano, los pasados 15 y 16 de octubre, del primer ministro de Catar, el jeque Mohammad bin Abdulrahman Al Thani, portador de una importante iniciativa diplomática. Apoyándose en los lazos de confianza que unen a Doha y Beirut —consolidados por el apoyo constante y duradero que el emirato ha brindado al ejército libanés y al resto de los cuerpos de seguridad—, Catar se ha comprometido, en particular, a hacerse cargo del sector eléctrico libanés.
Se trata de un proyecto que no puede sino contar con un consenso unánime en un Líbano que, últimamente, se ha visto reducido a disponer de muy pocas horas de electricidad al día. «Hemos acordado establecer un marco global de cooperación en el sector energético y presentar soluciones sostenibles», afirmó con énfasis el primer ministro del rico Estado productor de gas ante los representantes de la prensa local. Una iniciativa que se inscribe en el marco de un «proyecto de inversión más amplio», añadió, que resultará «beneficioso para la economía libanesa».
El proyecto se basaría en el modelo BOT (Build, Operate, Transfer; es decir, «Construir, Explotar, Transferir»). Además, dicha iniciativa se inscribiría en una visión global de reforma y, a largo plazo, de reconstrucción del País de los Cedros; de hecho, Catar ha ofrecido su apoyo, en colaboración con Estados Unidos, para ejercer presión sobre Israel con el fin de que acepte un alto el fuego, ponga fin a los ataques y retire sus fuerzas del sur del Líbano.
Ventajas colaterales
La iniciativa de Catar se ha percibido, a ojos de todos los libaneses, como una oportunidad única que el país podría aprovechar para evitar una nueva escalada regional y beneficiarse de una especie de protección diplomática frente al Estado judío. Una de las ventajas «colaterales» del proyecto para el emirato sería protegerse de los misiles balísticos iraníes; de hecho, se estima que los daños ya sufridos a causa de los bombardeos iraníes ascienden a 1.700 millones de dólares, según ha informado Ghassan Hajjar, redactor jefe del diario An-Nahar.
Por el contrario, Israel —cuyas ambiciones militares se ven frenadas por el acuerdo promovido en junio por Washington y la Administración Trump, que ha protegido de los bombardeos la periferia sur de Beirut— es acusado de buscar cualquier pretexto para relanzar su ofensiva contra el Líbano. Para analistas y observadores, el más mínimo error de cálculo por parte de Hezbolá podría empujar a Tel Aviv a desencadenar nuevas operaciones militares a gran escala y a ocupar más territorios. A este respecto, las recientes declaraciones a la prensa, de tono amenazante, realizadas por el primer ministro Benjamin Netanyahu y el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, al respecto —aunque formuladas en un contexto electoral— son de lo más explícitas.
Mañana, el Líbano participará —«solo de forma simbólica», según los observadores— en una reunión con representantes israelíes y estadounidenses en Tampa, Florida, con el objetivo de «poner sobre la mesa las peticiones del Líbano a favor de un cese de la escalada israelí». Sin embargo, dado el contexto, nadie espera ningún resultado concreto sobre el terreno. De hecho, Washington desea que los ejércitos israelí y libanés dialoguen directamente, rechazando categóricamente cualquier mediación europea y cualquier posible prórroga de la misión de las Naciones Unidas en el País de los Cedros.



















