Milán (AsiaNews) - Emprender un nuevo camino que permita dejar atrás décadas de conflictos, violencia y terrorismo de matriz yihadista para construir una realidad donde realmente haya "un lugar para todos nosotros". Con este espíritu, dos nuevas fuerzas del panorama político e institucional palestino e israelí se preparan para afrontar sendos desafíos electorales que podrían resultar decisivos para el futuro de la región. Comparten un objetivo común: promover un diálogo que permita superar muros y divisiones, y volver a impulsar la solución de los dos Estados, relegada desde hace tiempo a los márgenes de la agenda política internacional y del debate interno. Por eso será decisivo el apoyo que sean capaces de obtener el movimiento israelí Makom Lekulanu —al que se adhiere Yonatan Zeigen, hijo de la pacifista Vivian Silver, una de las víctimas de Hamás del 7 de octubre de 2023— en las elecciones israelíes del 27 de octubre, y Masar Jadid —liderado por Samer Sinjlawi—, en las elecciones palestinas del 28 de noviembre, las primeras convocadas en casi veinte años.
Un camino hacia la paz
Samer Sinjlawi es el líder de Masar Jadid (Nuevo Camino), un movimiento político palestino que se dispone a participar en las elecciones de finales de noviembre para imprimir un rumbo diferente a la vida política e institucional de la región. "Debemos emprender un camino completamente nuevo", explica a AsiaNews. "Las viejas narrativas, la vieja forma de pensar y de gestionar las relaciones, tanto internas como externas —explica—, forman parte de una estrategia que no han dado resultado. Necesitamos algo nuevo, y por eso hemos elegido el nombre de 'Nuevo Camino' para el partido".
La voluntad de romper con el pasado —y también con el presente— queda reflejada desde sus principios fundacionales. "Debemos respetar la democracia y asumir nuestras responsabilidades —explica—. Tenemos que ser creíbles en la manera en que gestionamos nuestros problemas internos". "Los palestinos —afirma— deben poder acudir a las urnas cada cuatro años. Ese calendario también se debe respetar", mientras que en realidad las elecciones llevan casi dos décadas de retraso. "Si no somos capaces de hacer respetar dentro de nuestra propia sociedad los derechos individuales de cada palestino, ¿cómo puede afirmar un liderazgo que tiene el mandato para representar los derechos colectivos de los palestinos ante la comunidad internacional?". "Nosotros empezamos por respetar los derechos internos: libertad de expresión, democracia, rendición de cuentas. Además —señala Sinjlawi—, debemos demostrar que somos capaces de construir un sistema que no sea corrupto".
Uno de los principios fundamentales del nuevo movimiento —que se presenta como una alternativa tanto a Fatah, el histórico partido de Abu Mazen, como a Hamás y su lucha armada— es crear un Estado palestino independiente que conviva en paz con sus vecinos, incluido Israel. Un Estado capaz de cooperar en el plano económico, político, diplomático y de seguridad dentro de una perspectiva de estabilidad regional. Las mujeres, los jóvenes, el sector privado y la sociedad civil desempeñarán un papel central y no serán simples símbolos ni eslóganes. El futuro Estado se asentará sobre las denominadas "4D": desmilitarizado, desradicalizado, democrático (y respetuoso de los derechos civiles) y desarrollado. El movimiento defiende la solución de dos Estados basada en las fronteras del 4 de junio de 1967 y la continuidad territorial entre Gaza y Cisjordania, con Jerusalén Este como futura capital. Por último, serán fundamentales la colaboración regional y las relaciones diplomáticas plenas, junto con el rechazo de la violencia como instrumento de acción política. "En este momento soy el presidente del partido —explica Sinjlawi—, pero tenemos un comité preparatorio encargado de organizar un congreso fundacional, en el que elegiremos a la dirigencia mediante un proceso transparente y moderno".
Israel y Palestina 'deben hablar'
Sinjlawi, exmiembro de Fatah y expresidente del Fondo para el Desarrollo de Jerusalén, nació el 1 de agosto de 1972 en la Ciudad Vieja. Se licenció en Administración de Empresas en la Universidad de Birzeit y obtuvo una maestría en Resolución de Conflictos en la Universidad Hebrea de Jerusalén. A los 15 años fue recluido en una cárcel israelí donde pasó los siguientes cinco años. Tras recuperar la libertad, fue elegido jefe de la Juventud de Fatah. Con el paso del tiempo, ocupó diversos cargos de responsabilidad dentro del movimiento, lo que le permitió ganar visibilidad (y credibilidad) en el ámbito internacional. Hoy es una de las voces más críticas con Mahmoud Abbas, y se ha comprometido personalmente en la creación de un nuevo partido, con una agenda centrada en las reformas y la democracia, que promueve el diálogo y la convivencia entre israelíes y palestinos. Es el único político palestino de alto perfil que ha visitado la zona fronteriza con Gaza tras la masacre del 7 de octubre, y ha expresado públicamente palabras de condena contra Hamás. Sus artículos de opinión se publican, entre otros medios, en The New York Times, Newsweek, Le Figaro, The Toronto Star, The Atlantic, Israel Hayom, The Jerusalem Post y Haaretz.
"Para los palestinos —explica—, es esencial devolver la esperanza a la opinión pública, promover un liderazgo capaz de demostrar que el presente es mejor que el pasado, y no como ocurre ahora, cuando la gente se despierta y siente que hoy está peor que ayer". Luego está el deber de centrar la atención en el diálogo: "Cuanto más nos comprometamos [en el diálogo] con los israelíes, más podremos convencer a la opinión pública israelí de que apoye un determinado horizonte político. Solo construyendo puentes —afirma—, comprometiéndonos con el diálogo con los israelíes, comunicándonos con los medios de comunicación israelíes, con el mundo académico israelí, con la opinión pública israelí, con los partidos políticos y con los diferentes pensadores, podrá producirse un cambio. Debemos demostrar a Israel —añade Sinjlawi— que ha llegado el momento de que ambos cambiemos de rumbo: la confrontación y la guerra no han ayudado a nadie; ahora es el tiempo de la diplomacia, de buscar un terreno común", y para ello también hace falta la ayuda internacional, aunque Italia, Francia o Alemania —por nombrar solo algunos— hasta ahora no nos han ayudado".
En Israel también están surgiendo movimientos políticos que apuestan por el diálogo y por restablecer las relaciones con los palestinos, y se oponen a la deriva violenta, fanática y radical impuesta por el gobierno de Benjamin Netanyahu y sus ministros de extrema derecha. "Debemos concentrarnos en el diálogo —explica—, porque cuanto más nos relacionemos con los israelíes, mayores serán nuestras posibilidades de convencer a la opinión pública de que apoye determinados horizontes políticos". Sobre el futuro de los actuales dirigentes evita pronunciarse y dice que no tiene idea de lo que puede ocurrir, tanto en el plano político como personal, con Marwan Barghouti, quien lleva casi 25 años en prisiones israelíes, ni si seguirá en las filas de Fatah o fundará su propio partido. Lo que importa —repite como un mantra— es comprometerse con la otra parte y convertirse en una voz "aceptable" de los palestinos ante los israelíes. "¿Para qué —se pregunta— convencer al mundo entero? Si logro convencer a los israelíes, entonces tendré el apoyo del mundo entero".
Vigilar las elecciones
De cara a las elecciones palestinas del 28 de noviembre no faltan problemas y tensiones, e insiste en pedir "ojos atentos" y protección de la comunidad internacional "ahora que tenemos una fecha", para que realmente se lleven a cabo y no las cancelen. Sinjlawi espera que sean "libres y justas", pero advierte sobre el riesgo de interferencia de los servicios de inteligencia palestina, de otros partidos y de otros candidatos, que podrían comprometer la credibilidad de la votación. "Incluso mi partido, Masar Jadid —revela—, ya ha sido objeto de varias operaciones de hostigamiento por parte de los servicios secretos [dirigidos por Majid Faraj]: nos citan para interrogatorios, intentan bloquear nuestras actividades y no nos permiten hacer campaña hasta que se registre oficialmente la lista, lo que solo se puede hacer cuatro semanas antes de la votación. Mientras tanto, Fatah ya está movilizando su base electoral, con meses de anticipación". A pesar de las dificultades, mantiene el compromiso de pasar página: "La popularidad de Hamás y de Abbas ha disminuido. Los palestinos —afirma— están cansados de la destrucción que Hamás ha llevado a Gaza y de la corrupción que Abbas ha impuesto en Cisjordania. Al menos un 60% de la ciudadanía busca una alternativa que responda a sus expectativas, necesidades y esperanzas... Serán unas elecciones muy interesantes, sobre todo porque se celebran un mes después de las israelíes".
Con respecto a las elecciones del 27 de octubre para la Knesset, el Parlamento israelí, el dirigente palestino observa que en ese frente también se están produciendo cambios. Cita por ejemplo una publicación en las redes sociales de Yair Golan, el líder de los Demócratas, que habla de 100.000 afiliados inscritos para las primarias del partido, "cuando tenía 50.000 en el momento en que asumió la conducción hace dos años". "Esto demuestra —continúa— que los israelíes también buscan un cambio". Si esas demandas de renovación logran canalizarse en ambos lados, podría abrirse una etapa "histórica" que transformaría por completo los horizontes políticos y devolvería el protagonismo a la diplomacia, en lugar de las armas.
Por último, Sinjlawi describe el momento decisivo que atraviesa la sociedad palestina: "Está cansada de la situación actual y busca un futuro mejor, oportunidades de trabajo, servicios de salud y educación de calidad. Quiere ser reconocida y respetada, y no verse obligada a vivir lidiando con 1.200 puestos de control [israelíes]". Luego está el capítulo de Gaza, donde dos millones de personas sobreviven en tiendas de plástico. "Los palestinos buscan desesperadamente una salida a esta catástrofe, que también es el resultado de una clase dirigente que nunca ha sido capaz de ofrecer soluciones ni alternativas". En las elecciones del 28 de noviembre, concluye, "la gente buscará dirigentes en los que pueda confiar, que sea capaz de mejorar sus vidas, y votará por eso".
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