Phnom Penh (AsiaNews) - Tras los sangrientos enfrentamientos fronterizos con Tailandia ocurridos el año pasado y las tensiones aún vigentes con su vecino más poderoso, Camboya ha reintroducido el servicio militar obligatorio por primera vez en tres décadas. Financiada mediante reformas fiscales específicas, esta medida forma parte de un programa más amplio de expansión y modernización del ejército previsto para los próximos años, que supondrá un aumento del gasto en defensa de los 650 millones de dólares de este año a 1.200 millones de dólares para 2030.
Cada año se alistarán ahora miles de hombres de entre 18 y 25 años para cumplir dos años de servicio activo, con severas penas de prisión para quienes eludan el servicio militar. Solo este año se llamará a filas a unos 8.500 hombres para reforzar las Fuerzas Armadas Reales de Camboya (RCAF), que cuentan con 124.000 efectivos. El enfrentamiento entre el país y Tailandia, que aviva el fervor nacionalista, habría llevado a más de 3.000 jóvenes a alistarse el primer día de inscripciones, el pasado 1 de octubre.
Por el momento no hay datos oficiales sobre el número de personas que se han alistado en esta primera fase de inscripción, que finalizó el pasado 9 de octubre. «La reintroducción pública del servicio militar obligatorio representa un claro mensaje de disuasión defensiva frente a los Estados vecinos, incluida Tailandia», afirma Thong Mengdavid, profesor de Estudios Internacionales y Políticas Públicas en la Universidad Real de Phnom Penh. «Aunque Camboya da prioridad a la diplomacia y a la colaboración pacífica en el marco de la ASEAN, el mantenimiento de una fuerza permanente bien entrenada, disciplinada y moderna —explica a AsiaNews— pone de manifiesto una firme determinación de defender la integridad territorial y proteger las zonas fronterizas de cualquier posible agresión o actividad ilegal».
Al anunciar en mayo el plan para reintroducir el servicio militar obligatorio, el primer ministro Hun Manet, primer graduado del país en la Academia Militar de West Point, afirmó que el conflicto con Tailandia, con su carga de desplazados, había impulsado a Camboya a reforzar sus fuerzas armadas. De ahí la decisión del Gobierno de aumentar el número de soldados, dotándolos al mismo tiempo de equipos y armas mejores y más modernos. «Este conflicto —afirmó el primer ministro— es una lección para nosotros y representa una oportunidad para revisar, evaluar y fijar nuestros objetivos para la reforma de nuestras fuerzas armadas».
El conflicto relacionado con la frontera común de 830 km desembocó en actos de violencia hace poco más de un año, lo que provocó la muerte de más de 100 personas y obligó a cientos de miles de personas a abandonar sus hogares a ambos lados de la frontera. Los dos países —ambos miembros de la ASEAN— firmaron posteriormente una tregua frágil y precaria, mientras que los nudos más profundos que provocaron la disputa siguen sin resolverse.
Se calcula que, a día de hoy, 20.000 camboyanos aún no pueden regresar a sus pueblos, ahora ocupados por el ejército tailandés. Mengdavid ha afirmado que el programa de reclutamiento aportará un nuevo impulso, muy necesario, a un ejército dirigido por veteranos ya de edad avanzada, que han pasado por años de guerra y conflictos. «La aplicación del reclutamiento —afirma— marca un punto de inflexión estratégico para las Fuerzas Armadas Reales de Camboya». «Durante décadas —continúa—, el ejército ha dependido de veteranos de la época de la guerra civil que ahora están alcanzando la edad de jubilación. Sustituir a estos soldados jubilados por una generación más joven es esencial para mantener la seguridad de las fronteras, garantizar la preparación territorial frente a posibles amenazas externas e iniciar la transición hacia una fuerza militar modernizada».
La nueva ley creará, además, una nueva e imponente fuerza de reservistas para Camboya, que actualmente carece de ella. Tras completar el servicio obligatorio, los reclutas estarán obligados a prestar servicio en este cuerpo hasta cumplir los 45 años. Quien eluda el servicio militar obligatorio se enfrenta a una pena de hasta dos años de prisión en tiempos de paz y de cinco en caso de guerra o conflicto.
Camboya cuenta con una ley de reclutamiento en vigor desde 2006, que permite alistar a hombres de entre 18 y 30 años por períodos de 18 meses. Sin embargo, no disponía de los fondos necesarios para poner en marcha el programa y tuvo que destinar los recursos a otras prioridades, como la educación, la sanidad y la creación de empleo. Esta vez, en cambio, el servicio militar obligatorio contará con la financiación adecuada, tal y como asegura el Gobierno.
Mientras tanto, se han suprimido al menos treinta departamentos gubernamentales y la relación entre la deuda pública y el Producto Interior Bruto (PIB) del país sigue siendo una de las más bajas de la región, situándose en el 25,5 %. « «La fusión de más de 30 departamentos superfluos repartidos en 16 ministerios —explica Mengdavid— ha reducido los costes administrativos, liberando recursos presupuestarios para destinarlos directamente a la defensa y al desarrollo del capital humano». «Gracias a una baja relación deuda pública/PIB, Camboya —advierte— mantiene el margen financiero necesario para financiar la modernización militar sin comprometer la estabilidad económica» .
La relación deuda pública/PIB de Camboya contrasta con una media de los países de la ASEAN superior al 60 % y ha sido calificada tanto por el Banco Mundial como por el Fondo Monetario Internacional (FMI) como sostenible y de bajo riesgo. Además, se sitúa muy por debajo del umbral de peligro internacional del 55 %. Esto garantiza al país tanto préstamos a largo plazo para el desarrollo a tipos de interés más ventajosos como una reserva financiera en caso de que las tensiones regionales o las necesidades de defensa aumenten repentinamente.
El gasto en defensa de Phnom Penh creció moderadamente en 2026, pasando de 739 millones de dólares en 2025 a 750 millones de dólares. Sin embargo, con la entrada en vigor de las reformas fiscales y estructurales, se prevé que dicha cifra aumente hasta los 900 millones de dólares el próximo año y alcance aproximadamente los 1.200 millones de dólares en 2030. Una carrera armamentística que, en el pasado reciente, no ha dejado de suscitar preocupación incluso entre los obispos de este país asiático.
Camboya dejó de reclutar a jóvenes para el ejército en 1993, tras años de servicio militar obligatorio y de nuevas generaciones obligadas a combatir por los señores de la guerra. Esa decisión vino determinada tanto por los Acuerdos de Paz de París de 1991 como por la falta de fondos. En esta ocasión, el reclutamiento se ha concebido también como un instrumento para el desarrollo de la mano de obra, con un beneficio económico estructural positivo. Los reclutas recibirán dos años de formación profesional, lo que mejorará la calidad y el nivel de competencia de la mano de obra del país, en su mayor parte no cualificada. Además, tendrán prioridad para acceder a cursos adicionales de formación y educación cuando sean dados de baja.
Según un estudio del Banco Mundial de 2024, el 89 % de los puestos de trabajo en Camboya siguen siendo poco cualificados, lo que deja a una gran parte de la población activa vulnerable a los cambios económicos estructurales. Solo el 48,9 % de los camboyanos ocupa un empleo para el que está cualificado y preparado en función del plan de estudios completado, según se desprende de los datos del Ministerio de Trabajo y Formación Profesional.
«La integración de la formación profesional en el servicio militar responde a los objetivos económicos más amplios de Camboya. Mientras el país se orienta hacia un sector manufacturero de alto valor añadido, la reincorporación cada año a la población activa civil de miles de jóvenes ciudadanos disciplinados y con formación técnica (procedentes de las Fuerzas Armadas) resuelve directamente —concluye Mengdavid— la escasez de mano de obra cualificada y amplía la cantera de talentos a nivel nacional».



















