Yakarta (AsiaNews) – La filosofía de la Pancasila, patrimonio propio de Indonesia, y su llamado a la unidad constituye uno de los mejores ejemplos del mundo de cómo gestionar la convivencia en la diversidad étnica, cultural, lingüística y religiosa. Junto con el compromiso por la justicia social y la defensa de la dignidad de cada persona, que siguen siendo un desafío pendiente en muchos países de Asia, fueron los dos grandes ejes que destacaron hoy el Card. Filipe Neri Ferrão, presidente de la Federación de Conferencias Episcopales Asiáticas (FABC) junto con el Card. Ignatius Suharyo, arzobispo de Yakarta, en la conferencia de prensa que se ofreció en el Hotel Mulia Senayan de la capital indonesia, para presentar la XII Asamblea Plenaria de la FABC, la Federación de Conferencias Episcopales de Asia.
Antes de la inauguración oficial de los trabajos, prevista para mañana, los prelados presentaron a los periodistas el encuentro, que reunirá hasta el domingo 26 a más de 150 obispos de todo el continente, y destacaron la importancia del lugar elegido para celebrarla. “Indonesia es un modelo que demuestra que la diversidad cultural, étnica, lingüística y religiosa se puede gestionar con éxito, para construir una sociedad pacífica y armoniosa. Esto es posible porque Indonesia tiene su fundamento en la filosofía de la Pancasila", afirmó el Card. Pablo Virgilio David, obispo de Kalookan (Filipinas), vicepresidente de la FABC y presidente de la Comisión para la Sinodalidad.
El cardenal Ignatius Suharyo, arzobispo de Yakarta, retomó esa reflexión y señaló que el espíritu de la Asamblea Plenaria de la FABC debe ir más allá de la reflexión teológica y traducirse en acciones concretas que hagan visible el Reino de Dios en la vida cotidiana. "En un lenguaje más accesible para la gente, esta visión se concreta en la Doctrina Social de la Iglesia, que promueve la dignidad humana y el bien común", afirmó.
El purpurado indonesio observó que Asia sigue afrontando graves desafíos, como la pobreza estructural, la injusticia social y la incapacidad para proteger plenamente la dignidad humana. Por eso, añadió, la Iglesia está llamada a situarse al lado de los pobres, promoviendo el acceso a la educación, a la protección de la salud y a condiciones de vida dignas, así como una mayor justicia social. "Cuando se respeta la dignidad humana, la consecuencia inevitable es que todos están llamados a trabajar por el bien común", dijo.
La sinodalidad como antídoto contra el clericalismo
El Card. Pablo David destacó en la conferencia de prensa que uno de los mayores desafíos de la Iglesia de hoy es la cultura del clericalismo. Recordó que el papa Francisco invitó constantemente a la Iglesia a alejarse de los modelos de liderazgo centrados exclusivamente en los ministros ordenados. "Debemos reconocer que el clericalismo es un problema".
Según el purpurado filipino, la sinodalidad enseña la corresponsabilidad en la misión de la Iglesia. Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, junto con los fieles laicos, comparten la misma dignidad en virtud del Bautismo y están llamados a colaborar en una misma misión. "No somos cristianos 'más importantes' solo porque fuimos ordenados. Reconocemos que nuestra igualdad y nuestra dignidad nacen del mismo Bautismo".
En respuesta a la pregunta de un periodista indonesio sobre la posibilidad de que se planteara el tema de la corrupción en la Asamblea Plenaria de la FABC, el Card. Filipe Neri Ferrão, arzobispo de Goa y Daman y presidente de la FABC, explicó que ese tema no figura específicamente en el orden del día. No obstante, el Card. Pablo David reconoció que la corrupción sigue siendo un grave problema moral, especialmente en Filipinas. “Es una de las mayores fuentes de vergüenza para nosotros”.
Observó que todavía existe una profunda brecha entre la fe y la vida pública. Para muchos creyentes, la fe se limita al culto y a la devoción personal, sin reflejarse adecuadamente en la honestidad, la integridad y la responsabilidad social en la vida pública. El Card. David consideró que la Iglesia debe contribuir a cerrar esta brecha ofreciendo una guía moral y espiritual.
Por su parte, el Card. Suharyo añadió que las raíces de la pobreza en Indonesia no son solo económicas, sino que también están relacionadas con una cultura feudal profundamente arraigada. Explicó que las estructuras sociales que distinguen a las personas según su condición o rango siguen alimentando la desigualdad y la pobreza.
La esperanza del Card. Suharyo
En la víspera del inicio de las sesiones plenarias a puerta cerrada, el Card. Suharyo expresó su esperanza de que el encuentro de los obispos asiáticos en Yakarta concluya con una declaración conjunta sobre los numerosos y urgentes desafíos que enfrenta Asia. Recordó que Indonesia ya había sido sede de la Asamblea Plenaria de la FABC en Bandung en 1990, ocasión en la que se formuló la visión de la Iglesia en Asia como una Iglesia del diálogo.
El tercer cardenal de Indonesia y arzobispo de la diócesis de Yakarta considera que ese diálogo se articula en tres dimensiones fundamentales: el diálogo con las otras religiones, el diálogo con las culturas locales a través de la inculturación y el diálogo con los pobres. “De esta manera, la Iglesia deja de ser percibida como una institución extranjera y pasa a formar parte de la sociedad, colaborando en la promoción de la dignidad humana, la solidaridad, la justicia social y el cuidado de nuestra casa común”, afirmó.
La Pancasila y el símbolo de armonía entre la Mezquita Istiqlal y la Catedral
Hablando con los periodistas al margen de la conferencia de prensa, el Card. Suharyo reflexionó también sobre el significado histórico de la Mezquita Istiqlal, que se levanta junto a la Catedral de Yakarta. Explicó que el primer presidente de Indonesia, Sukarno, eligió deliberadamente ese lugar para simbolizar una Indonesia independiente que había dejado atrás el pasado colonial, reafirmando al mismo tiempo el compromiso de la nación con una convivencia pacífica entre los miembros de las diferentes religiones.
El Túnel de la Amistad (Terowongan Silaturahmi), que hoy conecta la Mezquita Istiqlal y la Catedral de Yakarta, añadió, es mucho más que un simple paso peatonal. Es, de hecho, un poderoso símbolo y un espacio educativo que promueve la fraternidad, la tolerancia y la armonía en la diversidad. “Este es el rostro de Indonesia que ha sido profundamente apreciado por los obispos de Asia –concluyó el Card. Suharyo– y esperamos que siga inspirando tanto a la Iglesia como a la comunidad internacional”.


















