Manila (AsiaNews) - Ante el descenso de las vocaciones a la vida consagrada y el envejecimiento general de la población, también las religiosas de Filipinas se ven cada vez más obligadas a hacer frente a los problemas relacionados con el avance de la edad en sus comunidades. El tema salió a la luz a través de un estudio presentado durante la segunda asamblea nacional de la Conferencia de Superiores Mayores de Filipinas (CMSP), en la que participaron estos últimos días en Zamboanga 233 consagrados, hombres y mujeres, en representación de 159 congregaciones.
Según informa la agencia de prensa de la Conferencia Episcopal Filipina, la investigación, realizada por el Center for Applied Research in the Apostolate (CARA) en colaboración con la CMSP, ha analizado 45 congregaciones femeninas filipinas. Los datos muestran un panorama significativo: alrededor del 70 % de las religiosas tiene al menos 50 años, mientras que casi el 48 % ha superado los 60 años. El 24 % tiene más de 70 años.
La hermana Thu Do, de la Congregación de las Amantes de la Santa Cruz, fue la encargada de presentar los resultados y subrayó que la asistencia a las personas mayores ya no puede considerarse una cuestión interna de cada comunidad. «Hoy en día, el cuidado de las personas mayores y otras cuestiones de la vida consagrada ya no son un problema aislado de una sola congregación —afirmó—. Son retos colectivos que afectan a todas las instituciones».
Muchas religiosas mayores siguen dedicadas a su ministerio, pero su manutención supone una carga económica cada vez mayor, sobre todo para las instituciones más pequeñas. Casi el 40 % de las congregaciones destina más de la mitad de su presupuesto a la asistencia de las hermanas mayores, mientras que el 79 % señala que la ayuda económica es su principal necesidad.
Lo que complica aún más la situación es el aumento de los costes sanitarios y la reducción del número de religiosas dedicadas a actividades que puedan generar ingresos. Además, las instalaciones de los conventos a menudo no se adaptan a las necesidades de la tercera edad: carecen de rampas, pasamanos y aseos accesibles. «Se construyeron para misiones jóvenes y dinámicas, no para la asistencia a personas mayores», observó la hermana Do. La mayoría de las congregaciones recurre a hospitales externos para la atención médica y sólo un tercio dispone de instalaciones dedicadas a la asistencia.
Para abordar el problema, la hermana Do propuso una mayor puesta en común de recursos, competencias y personal, junto con la formación de cuidadores y la definición de estándares comunes. Entre las propuestas figura también la creación de una estructura intercongregacional destinada sobre todo a los institutos más pequeños. La idea fue acogida con interés por el 57 % de las congregaciones que participaron en el estudio.
El cuidado, recordó la hermana Do, debe abarcar, sin embargo, no solo los aspectos físicos y médicos, sino también los emocionales y espirituales. Al mismo tiempo, es necesario prepararse para el envejecimiento mucho antes de la jubilación. «Un envejecimiento saludable no comienza con la jubilación —comentó la religiosa—. La forma en que una persona vive entre los 40 y los 50 años determina directamente la forma en que envejecerá entre los 70 y los 80».
Al término de la Asamblea, las congregaciones religiosas se comprometieron a desarrollar programas comunes de asistencia a las personas mayores, basados en la dignidad de la persona, la formación de los cuidadores, el intercambio de recursos y la colaboración entre instituciones, en el marco de una declaración más amplia que identifica en las políticas de protección de la infancia, el liderazgo, la disminución de los recursos y la formación de los miembros más jóvenes otros retos persistentes para las comunidades religiosas.

















