Bangkok (AsiaNews) - Cientos de personas se concentraron frente a la embajada israelí en Bangkok. Pero esta vez las protestas por Gaza –que también se han producido en otros países del sudeste asiático de mayoría musulmana– solo tienen una relación parcial con la movilización. La movilización que desde hace semanas se promovía en las redes sociales de Tailandia y que culminó el 10 de septiembre en una manifestación reclamaba que "los ciudadanos extranjeros respeten las leyes y la cultura de Tailandia". Y al aprovechar el resentimiento por el comportamiento de algunos turistas, buscaba ante todo alimentar el creciente nacionalismo tailandés.
Las protestas
La manifestación fue encabezada por Sondhi Limthongkul, de 78 años, ex magnate de los medios de comunicación y figura histórica del movimiento de las “camisas amarillas”, protagonista de las movilizaciones contra Thaksin Shinawatra que precedieron al golpe militar de 2006. Sondhi ha vuelto a agitar el nacionalismo tailandés, últimamente sobre todo contra Camboya, país con el que Bangkok se enfrentó militarmente el año pasado, y ahora parece haber encontrado un nuevo objetivo: la presencia israelí en el país. El 10 de septiembre, según fuentes locales, entre 300 y 400 personas participaron en la protesta organizada bajo el lema “Take Back Our Thailand” (Recuperemos nuestra Tailandia).
En una carta que entregaron a la embajadora israelí Alona Fisher-Kamm, los manifestantes acusaron a algunos ciudadanos israelíes de violar la ley, alterar el orden público y faltar al respeto a la cultura local. El texto, sin embargo, también contenía demandas relacionadas con la propiedad de tierras y las actividades económicas. El movimiento pidió que se investigue el patrimonio inmobiliario en manos de extranjeros, el posible uso de ciudadanos tailandeses como testaferros para eludir las restricciones a la propiedad y las actividades de los centros Jabad, relacionados con el movimiento judío ortodoxo Jabad-Lubavitch.
Tailandia impone, en efecto, fuertes restricciones a la propiedad extranjera de tierras y, por eso, en ocasiones se recurre ilegalmente a ciudadanos o empresas tailandesas como testaferros. En los últimos dos años las autoridades han intensificado los controles, sobre todo en zonas turísticas como Phuket, Koh Samui y Koh Phangan, donde el fenómeno se ha convertido en una cuestión política y económica. En una investigación realizada en mayo, por ejemplo, se identificaron 32 empresas en Koh Phangan que infringían la ley. Otra operación examinó 11.426 empresas entre Koh Samui y Koh Phangan.
Por eso la presencia de capitales extranjeros en los sectores inmobiliario, gastronómico, del transporte y turístico se ha convertido en terreno fértil para los discursos nacionalistas que reclaman “recuperar” el control del país. En el caso de los israelíes, este discurso se ha entrelazado con el aumento de visitantes y la presencia de una comunidad israelí estable en algunas localidades turísticas. En los primeros ocho meses de 2026 llegaron a Tailandia más de 277.000 ciudadanos israelíes, un 7% más que en el mismo período de 2025. En 2025 los visitantes israelíes generaron unos 1.200 millones de dólares de ingresos, sobre un total de unos 48.000 millones vinculados al turismo tailandés.
El sobreturismo como detonante
A esto se suman algunos episodios recientes que han tenido una gran repercusión mediática. En Koh Samui, por ejemplo, una disputa entre algunos turistas israelíes y los propietarios franceses de un zoológico derivó en amenazas y enfrentamientos cuando el parque exhibió una bandera palestina y prohibió la entrada a los israelíes.
Sin embargo, las tensiones con los extranjeros no se limitan a los israelíes. En julio, por ejemplo, se hizo viral un video que mostraba una discusión entre una mujer tailandesa y un grupo de estudiantes italianos particularmente ruidosos en un tren de Bangkok y provocó una ola de indignación; la embajada italiana intervino y el grupo publicó un video de disculpa.
El Gobierno tailandés encabezado por Anutin Charnvirakul también introdujo nuevas normas que facilitan los procedimientos de expulsión de quienes infringen la ley, permanecen en el país más allá del período autorizado o se encuentran en otras categorías previstas por la normativa, como las relacionadas con el trabajo y las actividades económicas ilegales.
¿Por qué las protestas se concentraron precisamente en los israelíes?
Una respuesta se encuentra en una encuesta que publicó NIDA Poll, el centro de investigación del Institute of Development Administration de Tailandia, días después de la manifestación. La encuesta se llevó a cabo entre el 8 y el 10 de septiembre a 1.410 adultos de seis zonas del país (Bangkok, Chachoengsao, Chonburi, Surat Thani, Phuket y Mae Hong Son), y mostró que el 76,38% de los encuestados había oído hablar a través de los medios de presuntos comportamientos inapropiados o infracciones de la ley por parte de ciudadanos israelíes, mientras que solo el 5,11% afirmó haber tenido una experiencia directa.
Entre ellos, el 77,49% pidió una aplicación más estricta de la ley a los israelíes; el 45,45% sostuvo que el gobierno debería reducir la duración de la estancia permitida a los israelíes; el 38,49% pidió un papel más activo de la embajada israelí en el control del comportamiento de sus ciudadanos. El 31,44% señaló entre los problemas el presunto uso de ciudadanos tailandeses como testaferros para poseer tierras en nombre de extranjeros, mientras que el 29,04% señaló mecanismos similares para controlar empresas. El 23,54% también pidió que se evalúen las implicaciones para la seguridad nacional de la expansión de las comunidades israelíes en algunas zonas del país.
Según el analista y periodista tailandés Pravit Rojanaphruk, las protestas representan la convergencia de distintos factores: xenofobia, estancamiento económico, resentimiento hacia algunos visitantes extranjeros y oposición a las políticas israelíes en Palestina. Rojanaphruk también destaca los temores infundados según los cuales algunos israelíes estarían intentando echar raíces en el país y aumentar su influencia en el sector inmobiliario y las empresas tailandesas.
En el discurso de los manifestantes aparece con frecuencia la expresión "israelí gris" o "judío gris", inspirada en el concepto más amplio de "capital gris" que se usa en Tailandia para referirse a capitales extranjeros que ingresan al país a través de estructuras societarias opacas. Aunque el problema del uso de testaferros existe realmente, la idea de un proyecto coordinado de los israelíes para “conquistar” el mercado inmobiliario tailandés o establecer una especie de base permanente en el país solo entraña el riesgo de alimentar estereotipos antisemitas.
Nacionalismo creciente
El nacionalismo tailandés hunde sus raíces en el reino de Siam, el único país del sudeste asiático que no fue formalmente colonizado por una potencia europea, pero que quedó atrapado entre el Imperio británico al oeste y las posesiones francesas al este. La pérdida de territorios a finales del siglo XIX a manos de los imperios coloniales europeos sigue siendo un elemento importante de la memoria nacional. En el último año, en cambio, las tensiones con Camboya son las que han vuelto a poner en circulación un discurso político basado en la defensa del territorio y la soberanía.
El temor a que los capitales, las comunidades y los intereses extranjeros puedan modificar los equilibrios locales se convierte cada vez más, entonces, en una cuestión de soberanía nacional, e incluso en el debate tailandés también se habla de “chino gris”.
La guerra de Israel en la Franja de Gaza tampoco está ausente del debate. Algunos manifestantes llevaban carteles a favor del boicot a Israel y contra el “genocidio” de los palestinos en la Franja de Gaza. Algunos comentaristas locales, sin embargo, recordaron que los manifestantes no se habían movilizado por las decenas de trabajadores tailandeses que murieron en los ataques del 7 de octubre de 2023, ni cuando un ataque iraní contra el buque tailandés Mayuree Naree, en el estrecho de Ormuz, mató a tres tripulantes tailandeses.
La embajada israelí en Tailandia intenta evitar que la crisis se agrave. La embajadora Fisher-Kamm se reunió con el ministro de Exteriores tailandés y propuso una especie de documento con las “cosas que se pueden hacer y las que no” para los visitantes israelíes. El subjefe de misión Rami Teplitskiy afirmó posteriormente que la embajada se toma en serio las denuncias y que proporcionará a los ciudadanos israelíes indicaciones oficiales sobre el respeto de las leyes y la cultura tailandesas.
Por ahora, el resultado es una crisis diplomática controlada, pero que amenaza con crear problemas para ambos países. Tailandia depende en gran medida del turismo y no tiene interés en convertir este asunto en un conflicto con Israel. Al mismo tiempo, sin embargo, el gobierno debe hacer frente a un sentimiento nacionalista que él mismo alimentó durante la guerra con Camboya. Ahora, algunos grupos nacionalistas más radicales consideran cada vez más la presencia extranjera como una posible amenaza para la identidad nacional y la soberanía del país.
















