Ciudad del Vaticano (AsiaNews) - "Tenemos mucho que aprender de las familias. Sus vidas nos plantean interrogantes que merecen ser afrontados con valentía". Incluso cuando hablan de la "creciente brecha entre la manera en que se viven el sexo y la intimidad y la visión cristiana del matrimonio", o de los problemas derivados de fenómenos como "la inseguridad económica, la migración, la violencia, la soledad y otras formas de fragilidad emocional". Esta fue la invitación que hizo el papa León XIV esta tarde, al inaugurar en el Vaticano el encuentro de los líderes de las Iglesias orientales y los presidentes de las Conferencias Episcopales, convocado con motivo del décimo aniversario de la exhortación apostólica Amoris Laetitia, publicada por el papa Francisco en 2016, al concluir el Sínodo sobre la familia. Durante una semana, 187 delegados de Iglesias de todo el mundo harán balance del camino recorrido, pero también reflexionarán sobre los desafíos que siguen abiertos en un ámbito tan fundamental para el anuncio del Evangelio en la vida cotidiana de las personas.
Diez años de frutos, relaciones, dificultades y nuevos interrogantes
"En estos diez años la Iglesia ha intentado llevar a la práctica Amoris Laetitia y ha acompañado a las familias en circunstancias muy diversas", comentó el Papa en su discurso introductorio, en el que señaló la amplitud de un tema que, evidentemente, no puede reducirse a un debate sobre cuestiones específicas como la admisión a la Eucaristía de personas divorciadas en nueva unión.
"Traemos historias de lo que Dios ha hecho entre nosotros -continuó León XIV-. Son historias recogidas a lo largo del camino de la misión: historias de conversión, de frutos inesperados y de las relaciones que Dios ha tejido en el seno de las familias mientras nuestras comunidades se han esforzado por acompañarlas, junto con las dificultades a las que nos hemos enfrentado, los interrogantes que han surgido y lo que hemos aprendido a lo largo del camino. Presentémoslas al Señor y compartámoslas entre nosotros, tratando de reconocer lo que Dios ha obrado en medio de nosotros y hacia dónde está guiando hoy su Espíritu a la Iglesia".
"Las familias participan en la misión de la Iglesia en el día a día de sus vidas -recordó el Pontífice-, a través del amor y la fidelidad, el cuidado y el perdón, la educación de los hijos, el compromiso con la transmisión de la fe, la atención a los ancianos y a los más vulnerables, y las múltiples maneras en que sirven a sus comunidades y a la sociedad". Como obispos -añadió-, "hemos recibido la responsabilidad, a tiempo y a destiempo, de proclamar la belleza del plan de Dios para el matrimonio y la familia, así como su llamado al amor y a la ternura". Pero este ministerio "también nos sitúa en una escuela de escucha. La sabiduría del pueblo de Dios nos llega a través de nuestra fe común, que ilumina a todas las familias, incluidas aquellas que viven situaciones marcadas por dificultades, soledad y, a veces, incluso un aparente fracaso.
La familia y sus respuestas ante la fragilidad
El Papa afirmó que hoy es necesario saber escuchar y discernir incluso aquello que, a primera vista, en la cultura actual parece alejado de la manera en que la Iglesia anuncia el designio de Dios sobre el hombre y la mujer. "Los jóvenes siguen anhelando el amor, la fidelidad y el sentido de pertenencia -señala León XIV-, y sin embargo a muchos les resulta difícil comprender cómo esa visión del amor se puede concretar en su propia vida o creer que un compromiso para toda la vida es la condición para alcanzar lo que desean. La inseguridad económica, la migración, la violencia, la soledad y otras formas de fragilidad emocional también influyen en las decisiones que toman las personas y en las posibilidades que imaginan para su futuro. Estas realidades plantean una serie de preguntas que debemos afrontar con valentía. ¿Qué buscan realmente las personas tras estos cambios culturales? ¿Qué nos revelan sus alegrías y esperanzas, sus penas y sus angustias? ¿En qué aspectos nuestro lenguaje pastoral y nuestras prácticas logran abrir un camino, y en cuáles no consiguen llegar al corazón de las personas ni apoyar sus esfuerzos por hacer el bien? ¿Qué nos enseña la experiencia vivida por las familias, una experiencia de la que todavía no hemos aprendido del todo? ¿Qué podemos ofrecer como formación para una vida familiar sana y santa? Y sobre todo, ¿qué podemos aprender de los padres que tratan de acompañar a sus niños y jóvenes en estos contextos?".
Sobre estas cuestiones, los obispos intentarán durante estos días, junto con algunas parejas, escuchar la voz del Espíritu, sin miedo a confrontarse con la fragilidad. Porque esta experiencia -explica Prevost- "nos lleva a preguntarnos si somos capaces de mantenernos unidos cuando la vida ya no se corresponde con lo que habíamos esperado, y si podemos reconocer la obra de la gracia incluso en situaciones marcadas por las limitaciones, las heridas y el aparente fracaso. También en este sentido, la experiencia de las familias tiene algo que enseñarnos a todos, ya que la fragilidad forma parte de nuestra condición humana común y, por lo tanto, también de la vida de la Iglesia".
"¿Qué tipo de Iglesia, entonces, encuentran las personas precisamente cuando se sienten más frágiles? -se preguntó el Pontífice-. ¿Les ayudan nuestras comunidades a descubrir que siguen teniendo un lugar, una responsabilidad y dones que ofrecer? ¿Puede la verdad que proclamamos manifestarse a través de la paciencia, la cercanía y la misericordia de nuestra presencia pastoral? ¿Cómo podemos anunciarles la plenitud de la enseñanza del Evangelio sobre la familia? Durante estos días, los invito a dar a estas preguntas toda la importancia que merecen".
Dos obispos de la República Popular China
En el encuentro que se celebra en el Vaticano participan 15 líderes de las Iglesias orientales católicas y los presidentes de 115 Conferencias Episcopales de todo el mundo. También están presentes 22 obispos y cardenales invitados directamente por el Papa. Como ya ocurrió en los últimos Sínodos, entre ellos se encuentran dos obispos procedentes de China continental: monseñor José Huang Bingzhang, de 59 años, obispo de Shantou, en la provincia de Guangdong, y monseñor Mateo Zhen Xuebin, de 56 años, obispo coadjutor de Beijing desde 2024. El primero es uno de los obispos que habían sido ordenados ilícitamente en 2011 y cuya excomunión fue levantada por el papa Francisco en 2018, tras la firma del Acuerdo entre China y la Santa Sede sobre el nombramiento de obispos. Monseñor Huang Bingzhang es también vicepresidente de la Asociación Patriótica. Monseñor Zhen Xuebin, en cambio, fue nombrado por Bergoglio en virtud del Acuerdo y desde hace dos años acompaña en la conducción de la diócesis de Beijing a monseñor José Li Shan. Para ambos se trata de su primera participación en una reunión colegial de los obispos en el Vaticano.
También participan parejas de esposos que compartirán su experiencia. Dos de ellas proceden de Asia: Charmaine Bernadette y Eren Lyle Villegas, de Filipinas, y Claire Jiayann Yeh y Joseph Teyu Chou, de Taiwán.
Después del discurso del Papa, los trabajos continuaron esta tarde con una meditación espiritual a cargo de la hermana Helen Alford, religiosa dominica británica y presidenta de la Pontificia Academia de Ciencias Sociales. En los próximos días se desarrollarán cinco sesiones temáticas: "Las familias hoy: realidad, belleza y desafíos", "Los jóvenes y el descubrimiento de la vocación matrimonial", "La vida matrimonial: los primeros años de matrimonio, un tiempo decisivo", "En las dificultades de la vida: acompañar y sostener" y "Las familias cristianas, sujetos de la misión de la Iglesia".



















