Ciudad del Vaticano (AsiaNews) - "Un gran regalo para mí y para el pueblo de Dios". Así definió el papa León XIV el viaje apostólico a Francia que acaba de concluir, del 25 al 28 de septiembre, entre París, Lourdes y Metz. En la audiencia general de hoy, miércoles 30 de septiembre de 2026, en la plaza de San Pedro, el pontífice hizo un balance de la visita, después de expresar su agradecimiento a todos aquellos que quisieron encontrarse con el pastor de la Iglesia, que llegó al corazón de Europa "como apóstol de Cristo y mensajero de paz".
La catedral gótica de Notre-Dame de París, reconstruida después del incendio de 2019 gracias a la colaboración entre Iglesia, Estado, instituciones públicas y sociedad civil, es el gran símbolo elegido por el papa para compartir sus pensamientos e impresiones sobre el viaje. "Precisamente Notre-Dame, con el drama que ha vivido, puede iluminar simbólicamente todo este Viaje apostólico, ofreciendo una clave de lectura que resumiría en una palabra: renacimiento", dijo Prevost.
En la iglesia reconstruida, León XIV celebró las Vísperas durante la primera jornada. Y la misma "sinergia por el bien común" que ha hecho que la catedral estuviera "más resplandeciente que nunca" fue el eje central del mensaje que el pontífice dirigió a las autoridades francesas en la sede de la UNESCO en París, haciendo hincapié en "el criterio fundamental sobre el que debe basarse esta colaboración: la dignidad de la persona humana".
Una Iglesia que no está hecha de piedras y cemento
"Pero, sobre todo, Notre-Dame es imagen de la Iglesia de piedras vivas, del pueblo santo de Dios", continuó. El Papa relacionó las vísperas de la tarde con la vigilia con 80.000 jóvenes celebrada en el Stade de France de París, "un gran signo de esperanza". Lugares diferentes, unidos sin embargo por la convicción de que la Iglesia "no está hecha de piedras o de cemento, sino de personas que aman a Jesucristo porque han sido amadas por Él". En las Vísperas habían participado sacerdotes, diáconos, personas consagradas y agentes de pastoral; en el estadio estuvieron los jóvenes "deseosos de verdad y de amor", a los que el Papa definió como "los santos de Francia".
El Papa recordó luego la visita a la Maison Bakhita, "uno de los muchos lugares, frutos del Evangelio, en los que se trabaja a diario para servir con amor a la dignidad de la persona humana". Otro signo de esperanza "en la pequeñez que Dios prefiere". León XIV recordó también la "hermosa sorpresa de Dios" que supone el "notable" aumento de los bautismos de jóvenes y adultos que se ha registrado en Francia en los últimos años.
El evento culminante en París fue la misa en la Plaza de la Concordia, a la que asistieron 800.000 personas, según las autoridades francesas, que colmaron "la avenida de los Campos Elíseos hasta el Arco del Triunfo y más allá", recordó el Papa. "Todos pudieron recibir la Eucaristía, que se distribuyó por todas partes. Esta es la verdadera reconstrucción, la restauración de la Iglesia que solo Dios puede realizar".
Toda vida humana merece ser cuidada
Después de la capital francesa, León XIV se dirigió a Lourdes. Un viaje "natural y correcto" para "venerar a la Madre de la Iglesia, María, aquella que en la hora de la pasión y de la muerte mantiene encendida la lámpara de la fe y de la esperanza". El mensaje que el Papa volvió a transmitir en el célebre Santuario mariano, "de la civilización del amor", es que "Toda vida humana, cualquiera que sea su condición, incluso en situaciones de extrema fragilidad, conserva su dignidad inviolable y merece ser cuidada, acompañada, aliviada del sufrimiento con compasión humana y con la ayuda de los medios que ofrece la ciencia".
Hoy, en el discurso que leyó ante miles de fieles, recordó también el encuentro en Lourdes con siete personas víctimas de abusos por parte del clero. "Les pedí que me ayudaran a expresar también a otras víctimas mi voluntad y la de toda la Iglesia de escuchar y caminar con ellas mientras buscan la sanación, reconociendo el dolor causado en sus vidas y trabajando por la prevención de los abusos", afirmó.
Por último, el Papa viajó a Metz, ciudad situada "en una región de Francia y de Europa martirizada por la Segunda Guerra Mundial". "La Europa contemporánea nació precisamente como un proyecto de paz después de la destrucción de la guerra -recordó-. Podemos decir que lo que sucedió en Notre-Dame de París con el incendio sucedió en Europa con la Segunda Guerra Mundial. Y Europa renació, sobre la base de aquellos principios de democracia, solidaridad y fraternidad entre los pueblos que deben mucho a sus raíces cristianas". El Papa también hizo referencia al Llamamiento de Metz por el diálogo y la paz, que fue firmado por representantes de las diferentes tradiciones religiosas.
Llamamientos finales
En el momento de los saludos, León XIV hizo un llamamiento por la región de Tigray, en Etiopía, expresando "profunda consternación" por las hostilidades que han vuelto a estallar en las regiones vecinas de Afar y Amhara. "Dirijo mi más sentido llamamiento a todas las partes para que elijan el camino del diálogo. El conflicto armado nunca soluciona los problemas, sino que solo los agrava, dejando a su paso una estela de muerte, destrucción y resentimiento. Solo un compromiso sincero puede sentar las bases para una paz duradera", afirmó hoy. También exhortó a la comunidad internacional a garantizar la ayuda humanitaria.
Antes de finalizar, se refirió a la beatificación, celebrada el domingo pasado en Bolonia, de tres sacerdotes mártires. "Ubaldo Marchioni, diocesano; Elia Comini, salesiano, y Martino Capelli, dehoniano, asesinados en 1944, en un momento dramático de la Segunda Guerra Mundial, debido al desprecio de las tropas nazis hacia su ministerio en favor de los feligreses. El sacrificio supremo de estos ministros de Dios muestra a los cristianos de hoy el valor de hacerse prójimo de los hermanos, especialmente en el momento de la prueba", dijo.


















