Dusambé (AsiaNews) - Cada primavera y otoño, el sábado más cercano a la fase del primer cuarto de luna, se celebra el Día Mundial de la Astronomía, un evento que incluye observaciones astronómicas abiertas a todo el mundo, ofreciendo a cualquiera la oportunidad de admirar planetas y cúmulos estelares. Durante este periodo, la Luna se encuentra en una fase en la que sus cráteres, sus mares y su superficie se ven mejor a través de un telescopio, gracias a las sugerentes sombras en el límite entre la luz y la oscuridad.
La última edición tuvo lugar el 19 de septiembre y, precisamente en honor a este día, Asia-Plus ha decidido hablar de un lugar en Tayikistán donde las estrellas parecen estar más cerca. Situado a 14 km al sureste de Dusambé, en una superficie de 40 hectáreas, se encuentra el Observatorio Astronómico de Gissar, construido a mediados del siglo pasado. Hoy en día, aquí solo se observan pequeños cuerpos del sistema solar y la ionosfera terrestre, pero durante la era soviética se llevaban a cabo estudios multidisciplinares de alcance global sobre la atmósfera terrestre, los pequeños cuerpos del sistema solar y los satélites artificiales en órbita terrestre baja.
Entrar en el observatorio de Gissar es como dar un salto a otro mundo: los antiguos edificios están inmersos en el verdor primaveral, entre ellos las singulares salas redondas que albergan los telescopios, cubiertas por cúpulas de acero. También hay un edificio residencial de dos plantas, ya bastante deteriorado, destinado a los empleados, construido en los años 60. Al observar cualquier edificio del complejo de Gissar, se aprecia que no se ha reformado, al menos desde la caída de la URSS. Uno de los senderos conduce al mismo edificio redondeado con cúpula, que alberga el AZT-8 (el telescopio astronómico de espejo) con un espejo de 70 cm de diámetro. Una vez alcanzada la plataforma, un empleado pulsa un botón y la gran cúpula, manchada de óxido, comienza a abrirse lentamente con un estruendo, girando sobre unos raíles.
Esto permite ajustar la dirección de observación deseada para el telescopio, ya que los objetos espaciales suelen requerir una observación minuciosa. Es aquí donde, aún hoy, se realizan visitas guiadas para grupos escolares, estudiantes y turistas. El antiguo telescopio está equipado con una cámara digital, y las imágenes resultantes se envían instantáneamente a un ordenador. El telescopio ya no se controla mediante un gran panel de control con válvulas termoiónicas, sino de forma remota, una actualización que se hizo necesaria porque ya no se fabrican películas del formato y las dimensiones requeridas.
El telescopio permite observar con claridad no solo la Luna y los planetas del sistema solar, sino también estrellas y galaxias cercanas. En el recinto hay otros objetos y dispositivos igualmente significativos que, lamentablemente, no se utilizan en la actualidad por diversas razones técnicas; por ejemplo, un astrográfico alemán Carl Zeiss de 40 centímetros, instalado en los años 60 y diseñado para la observación de cometas y estrellas. Durante muchos años, la célebre astrónoma Svetlana Gerasimenko, descubridora del legendario cometa Churyumov-Gerasimenko, lo utilizó para vigilar atentamente el cielo.
Está equipado con un sistema obsoleto que utiliza película de 30 x 30 cm, que ya no se fabrica; si se modernizara y se le realizara un mantenimiento regular, podría volver a prestar un servicio fiable durante muchos años más. Los alemanes construyeron la sala e instalaron el equipo a medida: las paredes están revestidas de madera y el techo se abre fácil y silenciosamente accionando un ventilador, a diferencia del ruidosísimo mecanismo que abre el techo de la sala que alberga el AZT-8 de fabricación soviética. La sala está decorada con fotografías en blanco y negro tomadas con un astrográfico, autografiadas por los observadores.
Siguiendo por el sendero, más allá de un puesto de control abandonado, se llega a una zona que alberga un laboratorio ionosférico y un gran almacén en desuso. Aquí también hay instaladas dos enormes antenas de radar giratorias con una potencia de más de 150 kW; llevan tiempo inactivas y la zona, que en su día quedó abrasada por las emisiones de radio, se ha cubierto de hierba. Fue precisamente a partir de estas instalaciones, en el emplazamiento del pantano desecado, donde comenzó la larga historia del observatorio de Gissar, para descubrir los caminos hacia el mundo espacial soviético.


















