Milán (AsiaNews) - En China al menos once universidades e institutos técnicos ofrecen cursos específicamente dedicados a las tierras raras, con más de 500 nuevos estudiantes cada año, mientras que en el resto del mundo no parece haber ninguna universidad con cursos equivalentes. Esta brecha es una de las claves para comprender el dominio de China en el sector de los minerales críticos. Las tierras raras, los 17 metales indispensables para la mayor parte de la tecnología de vanguardia, en realidad están ampliamente disponibles en todo el mundo. Brasil por sí solo posee casi una cuarta parte de las reservas mundiales estimadas. El verdadero punto fuerte sobre el que China ha construido su monopolio aparece después de la extracción, cuando los elementos individuales deben separarse químicamente de los minerales con los que se encuentran mezclados. Una de las principales fortalezas de China en esta fase es el conocimiento técnico de decenas de miles de especialistas formados en los institutos de minería del país, una cifra varias veces superior a los aproximadamente 500 con los que cuenta Estados Unidos. La competencia entre Beijing y Washington se juega en parte sobre este capital humano, quizá incluso más que sobre las minas.
En abril del año pasado Beijing introdujo restricciones a la exportación de tierras raras, pero las aplica de manera selectiva. Las exportaciones chinas totales de estos minerales han aumentado y las empresas del sector siguen obteniendo importantes ingresos, mientras que los envíos a los países sometidos a presiones políticas se han desplomado. El caso más evidente es el del itrio, un metal que se utiliza en los revestimientos térmicos de las palas de los motores a reacción. Tras la imposición de las restricciones, los suministros a Estados Unidos prácticamente cesaron, lo que obligó a los fabricantes aeroespaciales estadounidenses a racionar sus reservas. Beijing autorizó luego algunos envíos tras meses de bloqueo, regulando los suministros en función de las negociaciones en curso con Washington, uno de los principales temas de la cumbre entre Xi Jinping y Donald Trump que tendrá lugar la semana que viene en Washington. Japón recibe un trato similar: después de las declaraciones de la primera ministra Sanae Takaichi sobre el estrecho de Taiwán en noviembre del año pasado, entre enero y julio no recibió ni un solo kilo de terbio, frente a las 20 toneladas enviadas durante el mismo período del año anterior. Desde agosto, por último, algunos proveedores chinos rechazan por completo realizar envíos a Estados Unidos, en respuesta a las sanciones estadounidenses contra varios laboratorios chinos de certificación electrónica.
Beijing blinda instalaciones y técnicos
Desde 2024, toda la industria china de tierras raras está en manos de sólo dos grupos estatales. China Northern Rare Earth, con sede en Baotou, en Mongolia Interior, domina el segmento de las llamadas tierras raras "ligeras", gracias al gigantesco yacimiento de Bayan Obo, mientras que China Rare Earth Group, con sede en Ganzhou, en el sur del país, se ha especializado en las tierras raras pesadas, mucho más valiosas para la industria tecnológica. En 2025 Beijing dejó de publicar las cuotas nacionales de producción –los límites anuales de extracción y refinación que el Ministerio de Industria asigna a los productores autorizados–, lo que hace aún más difícil distinguir la producción oficial de la que escapa a los canales regulares. Los datos disponibles indican, en efecto, una diferencia considerable entre las necesidades reales de la industria de los imanes y los volúmenes registrados, una brecha alimentada tanto por la producción fuera de cuota como por el contrabando procedente de minas birmanas.
Las diferencias entre China y Estados Unidos en cuanto a especialistas en tierras raras no son sólo cuantitativas, sino también económicas. El salario medio anual de los técnicos de China Northern Rare Earth no supera los 20.000 dólares, según cálculos del diario ChinaTalk, mientras que en MP Materials, la empresa que opera la única mina de tierras raras activa en Estados Unidos, el salario medio supera los 92.000 dólares. Beijing consideró entonces necesario adoptar medidas para evitar una fuga de cerebros. Desde el año pasado, el Ministerio de Comercio pide a las empresas que proporcionen listas detalladas del personal cualificado y, en algunos casos, ha dispuesto retirar preventivamente sus pasaportes. El 15 de septiembre entraron en vigor en China nuevas normas para salir del país. La medida se adoptó después de que una empresa cotizada controlada por China Rare Earth Group perdiera en pocos meses a todos sus principales directivos, desde el presidente hasta el director financiero, quienes, según rumores no verificables, habían abandonado el país en secreto.
La misma lógica se aplica a las empresas que Beijing intenta atraer a los polos de tierras raras. En Baotou, por ejemplo, un concurso para empresas innovadoras premió a finales de agosto con 300.000 yuanes a una empresa de Suzhou que desarrolla motores para aeronaves eléctricas de despegue y aterrizaje vertical. El premio era solo una parte del incentivo. A las empresas participantes se les ofrecía además la posibilidad de abrir una sede en la ciudad en el plazo de un año, con subvenciones de hasta diez millones de yuanes para las que se establecieran en la zona tecnológica dedicada a las tierras raras. Siete empresas que habían presentado proyectos firmaron acuerdos para instalarse en la ciudad el mismo día de la final. De esa manera, la capital china de las tierras raras busca concentrar en torno a los yacimientos a las empresas que procesan y utilizan estos minerales.
La competencia estadounidense y sus límites
En un intento por contrarrestar el monopolio chino, las agencias federales estadounidenses han planificado inversiones de capital, préstamos, garantías de precios y compromisos de compra por más de 37.000 millones de dólares, comenzando por la entrada directa del Estado en MP Materials. El banco de pruebas más ambicioso, sin embargo, es Brasil, donde la empresa estadounidense USA Rare Earth adquirió por unos 2.800 millones de dólares la mina de Serra Verde, en el estado de Goiás. Washington ha destinado más de 1.300 millones de dólares a la planta, con una importante contribución del Departamento de Defensa, y garantizó compras durante 15 años. Hasta el momento, sin embargo, los resultados técnicos han sido decepcionantes. Durante la fase de puesta en marcha, la planta solo logró recuperar entre el 20% y el 30% de las tierras raras presentes en el material procesado, muy por debajo del 80% previsto en los planes, según informó Bloomberg. Es una confirmación más de que la eficiencia del proceso de extracción y separación depende de años de experiencia operativa y no se puede comprar simplemente con dólares.
Hay otros casos que muestran hasta qué punto disponer de grandes reservas de minerales sirve de poco cuando faltan los conocimientos necesarios para procesarlos. Malasia cuenta con yacimientos estimados en 16,1 millones de toneladas de tierras raras, pero no dispone de tecnología propia para refinarlas, por lo que su única empresa minera envía a China todo el material extraído. La excepción es la planta de la australiana Lynas en Kuantan, la primera fuera de China que produce óxido de disprosio a escala comercial, para la cual el Pentágono está preparando un contrato de compra con un precio mínimo garantizado de 110 dólares por kilo para el óxido de neodimio-praseodimio. El gobierno de Kuala Lumpur, que en 2024 había prohibido la exportación de tierras raras sin procesar, está evaluando ahora si levanta la prohibición ante el interés de empresas estadounidenses y australianas. Sin embargo, en el país sigue vivo el recuerdo de Bukit Merah, una localidad de Perak donde funcionaba una planta de procesamiento de tierras raras en los años ochenta. La eliminación de sus residuos radiactivos provocó una amplia movilización de los habitantes cuando se registraron varios casos de leucemia y otras enfermedades graves atribuibles a la contaminación.
Zimbabwe, por su parte, ha optado por una solución más drástica con respecto a los minerales críticos. El gobierno de Harare prohibió en julio con efecto inmediato la exportación de antimonio y tungsteno, después de haber prohibido también la exportación del concentrado de litio. Ya en los primeros meses del año, el sector minero había registrado un fuerte crecimiento de los ingresos. En abril comenzó la primera exportación africana de sulfato de litio, procedente de una planta controlada por la empresa china Huayou Cobalt, una señal de la voluntad de trasladar una gran parte del procesamiento directamente al país. La intención de los países productores de retener una cuota mayor del procesamiento ejerce presión tanto sobre los planes de Washington como sobre los de Beijing. Hasta ahora, sin embargo, China parece adaptarse mejor porque traslada directamente a los lugares de extracción las plantas y los técnicos que Occidente todavía no está en condiciones de ofrecer en la misma medida. El G7 se ha fijado el objetivo de reducir para 2030 la dependencia de las tierras raras chinas a no más del 60%. El problema es que poner en marcha plantas de procesamiento requiere muchos años, y formar a los técnicos necesarios para hacerlas funcionar requiere aún más tiempo.


















