El Viejo Zhang y el nuevo auge de los cibercafés en China

La crisis económica ha convertido algunos de estos locales en refugios temporales para personas sin hogar y trabajadores precarios. Y en una pequeña ciudad de Guizhou, el propietario ha transformado el suyo en un fenómeno de tendencia con transmisiones en directo en las que recauda fondos para suplir las limitaciones de los servicios sociales.

por Silvia Torriti

Milán (AsiaNews) - Quienes piensan que los cibercafés (wangba) en China ya son cosa del pasado están muy equivocados. Después de su rápida expansión a finales de los años 90, estos bares equipados con computadoras están viviendo un segundo auge, impulsado por la crisis económica y la consiguiente demanda de formas de entretenimiento de bajo costo.

Precisamente por sus precios competitivos, algunos cibercafés se han convertido en una especie de refugio temporal para personas sin hogar, trabajadores precarios y todos aquellos que llevan una "existencia al filo del abismo" (gua bi rensheng). Esta expresión de la jerga de internet se utiliza para referirse a personas que viven en los márgenes de la sociedad china, en una situación de pobreza y abandono que parece no tener salida.

El ejemplo más conocido es, sin duda, el "Internet Café XX Space" de Zunyi, una pequeña localidad de montaña en la provincia de Guizhou, en el suroeste de China. Por solo 0,6 RMB (0,076 euros) por hora, permite conseguir un lugar seguro donde pasar la noche y asegurarse un espacio de "supervivencia digital". Sin duda se trata de un precio accesible, teniendo en cuenta que una computadora destinada a deportes electrónicos cuesta normalmente unos 20 RMB (2,55 euros) por hora.

Haciendo cuentas, el gasto mínimo para pasar la noche en el cibercafé de Zunyi es de unos doce yuanes por día, con los que se pueden comprar al menos 12 horas de acceso a internet para jugar o ver películas, además de una comida sencilla. Para quienes no pueden permitirse un alojamiento, dormir en la silla de juego supone ahorrar en gastos de alquiler y servicios. Por debajo de esta cantidad, la única alternativa posible es la calle.

Una solución beneficiosa para todos

Por estas razones, el "Internet Café de los Sesenta Centavos", como ha sido rebautizado el local de Zunyi, atrae a clientes procedentes de lugares situados incluso a miles de kilómetros. El propietario, conocido como Viejo Zhang, admitió: "Nunca habríamos imaginado que el cibercafé se convertiría en esto. Muchas personas vienen de lejos, muchas me piden consejos para encontrar trabajo y algunas incluso nos piden dinero para los pasajes de regreso, que siempre les hemos dado. A menudo les recuerdo que busquen trabajo y que no esperen a quedarse sin dinero para empezar a buscar soluciones".

Además de sus precios competitivos, otra característica del cibercafé de Zunyi son las transmisiones en directo organizadas por el propietario. Obligado a reducir las tarifas de internet debido a la crisis económica provocada por la pandemia de Covid-19, el Viejo Zhang recurrió a esta estrategia para evitar pérdidas y encontró una solución beneficiosa para todos.

Los espectadores que siguen las transmisiones en línea pueden hacer donaciones y enviar regalos a los clientes del local, como bebidas, comida, cigarrillos, dinero para acceder a internet o noches de hotel, siguiendo criterios a menudo aleatorios. Por ejemplo, en una ocasión un usuario ofreció una Coca-Cola a todos los que en ese momento estaban jugando al videojuego "Legend of Mir 2" en el cibercafé. Otras veces, las donaciones se realizan en función de la provincia de procedencia de quienes están presentes. Bromeando sobre esta costumbre, el propietario del local comentó: "Tengo un cibercafé, pero en realidad solo soy un mendigo virtual".

Aunque las donaciones a través de transmisiones en directo pueden parecer a muchos una forma de "explotación del sufrimiento", en realidad, mediante este mecanismo de "beneficencia digital", el Viejo Zhang ha logrado mantener los precios sin cambios y duplicar el número de empleados, sin alterar la naturaleza del establecimiento.

Muchas personas consideran que el cibercafé de Zunyi ha logrado hacer lo que los servicios de asistencia social a menudo no consiguen: brindar una ayuda concreta a personas que viven en una situación desesperada. Aunque el sistema de asistencia social de China, a pesar de su desarrollo tardío y de haber enfrentado numerosos desafíos, ha logrado resultados significativos en la última década, todavía sigue siendo insuficiente para responder a las diversas necesidades de las poblaciones vulnerables y afrontar los nuevos desafíos de la época contemporánea, por lo que necesita una reforma urgente.

Los nuevos "dioses de Sanhe"

El cibercafé de Zunyi se hizo viral en las redes sociales chinas cuando se publicó un documental del bloguero Shijiu, filmado durante las celebraciones del Año Nuevo chino de 2026. Las imágenes mostraban el local repleto de personas que no tenían una casa donde celebrar esta importante fiesta ni familiares con quienes reunirse.

Una de ellas es Cheng Wen, seudónimo de un aspirante a escritor de 28 años con una infancia difícil y un pasado como obrero, repartidor y guardaespaldas. A finales de 2025, cansado de trabajar en una fábrica, decidió renunciar y entró por primera vez en el cibercafé.

Cada vez que recibe pequeños obsequios de un "hermano mayor" (de ge) —término afectuoso para referirse a un donante generoso— durante una transmisión en vivo, anota su nombre y le envía un mensaje privado para agradecerle. Uno de ellos incluso le pagó tres meses de alquiler, ofreciéndole un lugar tranquilo donde escribir su novela.

"Bigotito", apodado así por su perilla, tiene 32 años y quedó huérfano de padre cuando era muy pequeño. Se casó a los 28 años tras una cita a ciegas, pero seis meses después su esposa perdió una cantidad considerable de dinero en apuestas por internet y se negó a regresar a casa, ocultándose de sus padres. Él la denunció por fraude matrimonial y recuperó parte de la dote. Sin embargo, después del divorcio, la madre de "Bigotito", que entretanto se había vuelto a casar, lo echó de casa y lo llamó "fracasado". A partir de ese momento perdió todo contacto con su familia y dejó de buscar trabajo para ganarse la vida.

"Ventana de hierro" es originario de Sichuan. Había trabajado en la construcción de túneles en Xinjiang y como obrero siderúrgico en obras de construcción del norte de China. Antes del Año Nuevo lunar llegó al cibercafé con poco más de 1.000 RMB en el bolsillo (unos 130 euros), después de haber gastado todo su salario para pagar las deudas de su familia. Cuando se queda sin dinero para la conexión a internet, realiza una actuación musical en directo por internet y los "hermanos mayores", divertidos, le envían donaciones para recargarle la cuenta.

Muchos consideran que los clientes del cibercafé de Zunyi son una versión 2.0 de los "dioses de Sanhe" (Sanhe da shen). Esta expresión se refiere a los jóvenes que en otros tiempos se reunían cerca del Mercado de Talentos de Sanhe, en la ciudad de Shenzhen, en el sur de China. No tenían un empleo estable y realizaban trabajos por día para sobrevivir, con los que ganaban cerca de 100 RMB (unos 12 euros) diarios. Su lema era "trabajar un día y divertirse tres". Muchos eran migrantes que habían roto los vínculos con sus familias y vivían en un estado de total abandono, sin ningún objetivo ni propósito para el futuro.

El fenómeno de los "dioses de Sanhe" prácticamente desapareció en 2021, cuando las autoridades locales promovieron iniciativas para ayudar a estos jóvenes a encontrar nuevamente su camino y redescubrir el sentido de la vida. Se organizaron "centros de servicio para trabajadores en dificultades", grupos de apoyo psicológico y cursos de formación profesional, así como otros programas de asesoramiento para buscar soluciones a sus problemas laborales. Gracias a estas intervenciones, muchos jóvenes encontraron un trabajo adecuado y  otros optaron por regresar a sus ciudades de origen.

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