Milán (AsiaNews). Dado que los viajes de Xi Jinping son cada vez menos frecuentes, cada uno de ellos se interpreta como una medida de la importancia que Beijing otorga al país que visita. Este criterio de interpretación también puede aplicarse a su esperada presencia en la cumbre de los BRICS convocada en Delhi para el 12 y 13 de septiembre, que hoy fue confirmada oficialmente por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Beijing. Esta es su primera visita a la India en siete años, desde la cumbre informal de Mamallapuram con el primer ministro Narendra Modi. Según el South China Morning Post, Xi llevará consigo una delegación de unas 400 personas, y Beijing ha dejado claro que concede gran importancia a la cooperación entre las grandes economías emergentes.
Xi no asistió a la cumbre de los BRICS del año pasado en Brasil, a la que acudió en su lugar el primer ministro Li Qiang, y tampoco participó en la cumbre del G20 de 2023 en Delhi. Muchos observadores relacionaron ambas ausencias con las tensiones persistentes en la frontera del Himalaya. Sin embargo, el viaje de Xi a Delhi se lleva a cabo tras un proceso de prudente acercamiento que se ha desarrollado durante casi dos años. El deshielo comenzó con el acuerdo sobre las patrullas en los sectores en disputa de Ladakh que se anunció en octubre de 2024, y con el encuentro entre Xi y Modi en Kazán, el primero después de los enfrentamientos de 2020 en el valle de Galwan, en el que murieron al menos 20 soldados indios y cuatro chinos. Posteriormente hubo intercambios de visitas entre ministros y asesores, y después de siete años Modi regresó a China para participar en la cumbre de Tianjin de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), la organización de seguridad regional en la que China y Rusia desempeñan un papel hegemónico. En esa oportunidad, Xi y Modi afirmaron considerarse “socios y no rivales”, y el primer ministro indio invitó personalmente a Xi a la cumbre de Delhi.
Mientras tanto, se habían reanudado las peregrinaciones hindúes al monte Kailash, en el Tíbet (trágicamente afectadas por la catástrofe del pasado 26 de agosto), y este verano se reabrieron dos pasos comerciales del Himalaya que estaban cerrados desde 2020. El último paso de esta apertura se produjo en Beijing, cuando, a finales de agosto, el asesor de Seguridad Nacional de la India, Ajit Doval, y el ministro de Relaciones Exteriores chino, Wang Yi, concluyeron la 25.ª ronda de negociaciones fronterizas con un acuerdo de ocho puntos, que establece grupos de expertos en la delimitación de la frontera y aplaza la próxima ronda, que tendrá lugar en la India, hasta 2027. Beijing acompaña este proceso con la fórmula del “elefante y el dragón que danzan juntos”, una metáfora que nunca ha sido del agrado de Delhi, donde los comunicados son mucho más escuetos que los chinos.
El factor Trump acelera el deshielo
En esta secuencia influyeron los aranceles del 50% impuestos por Donald Trump a los productos indios en agosto de 2025, la mitad de ellos como penalización por las compras de petróleo ruso, una medida que afectó a un país acostumbrado a presentarse como el socio privilegiado de Estados Unidos en Asia. En esas mismas semanas, el presidente estadounidense recibió en la Casa Blanca al jefe del ejército pakistaní y se atribuyó una mediación en el conflicto entre Delhi e Islamabad que el gobierno de la India niega, mientras Modi hizo saber que estaba dispuesto a pagar el precio de los aranceles antes que sacrificar los intereses de los agricultores indios. Como se ha dicho, el acercamiento con Beijing ya había comenzado en el otoño de 2024, antes de la imposición de los aranceles estadounidenses, que aceleraron el proceso hasta culminar en la imagen de Xi, Modi y Vladimir Putin caminando juntos, lado a lado, en Tianjin, que se convirtió en el símbolo más evidente de la nueva etapa.
Desde febrero también cambió el panorama de las relaciones comerciales entre la India y Estados Unidos, cuando la Corte Suprema estadounidense privó a gran parte de los aranceles de su base jurídica y Trump anunció un nuevo arancel general del 15 % a las importaciones procedentes de todos los países. Delhi reanudó las conversaciones con Washington y, al mismo tiempo, reforzó sus relaciones con Japón. Por lo tanto, el acercamiento con Beijing no implica un alejamiento de los otros principales socios de la India en Asia.
Sin embargo, el deshielo diplomático no ha eliminado las tensiones sobre el terreno. A lo largo de la frontera del Himalaya, las patrullas se han reanudado solo en dos puntos y siguen desplegados cerca de 50.000 soldados por cada lado, mientras continúa la carrera por construir infraestructura militar en ambas partes. Las tensiones persisten también en torno a las reivindicaciones territoriales y los gestos políticos. Precisamente en vísperas de la cumbre, el China Daily, diario en inglés del Partido Comunista, acusó a Modi de hostilidad hacia China cuando Delhi asignó nombres oficiales indios a localidades de Arunachal Pradesh, el estado federado himalayo que Beijing reivindica como parte de su territorio.
Los límites del acercamiento
El déficit comercial de la India con China sigue cerca de los 100.000 millones de dólares anuales y alrededor de dos tercios de los principios activos farmacéuticos utilizados por la industria india proceden de fábricas chinas, al igual que el 95% de los componentes de los iPhone ensamblados en el país. En 2025, Beijing limitó las exportaciones de tierras raras y fertilizantes a la India, dejando en evidencia la fuerte dependencia india de los suministros chinos. Las restricciones solo se levantaron con motivo de la visita de Wang Yi a Delhi. En marzo, la India también flexibilizó las restricciones a las inversiones chinas introducidas en 2020, permitiendo participaciones de hasta el 10 % sin autorización gubernamental. Sin embargo, siguen siendo muy limitadas las visas de negocios y, según el embajador chino en Delhi, la mayoría de los cerca de cincuenta mecanismos de diálogo bilateral todavía no se han activado.
La rivalidad entre los dos gigantes también se extiende más allá de la frontera. Beijing ha ganado terreno en países que Delhi considera parte de su esfera de influencia, como muestran la decisión del nuevo Gobierno de Bangladés de reservar a China su primera visita de Estado y el acuerdo firmado el año pasado por Sinopec con el Gobierno de Sri Lanka para construir una refinería de 3.700 millones de dólares en la zona del puerto de Hambantota.
En este contexto, las expectativas sobre los resultados de un encuentro bilateral entre Xi y Modi al margen de la cumbre son muy moderadas. Fuentes cercanas a las negociaciones hablan de avances limitados en materia de comercio e inversiones, sin ningún acuerdo importante sobre la frontera, y señalan que los dos encuentros más recientes entre los líderes ni siquiera dieron lugar a un comunicado conjunto. Sobre la mesa también estarían la flexibilización recíproca de las visas y la conectividad entre ambos países, y Delhi se inclina a hacer concesiones graduales y recíprocas. Antara Ghosal Singh, investigadora del centro de estudios Observer Research Foundation de Delhi, explicó al South China Morning Post que, para la India, un encuentro exitoso debe garantizar una frontera estable y cadenas de suministro más seguras, así como un mayor margen de negociación con Estados Unidos. Para China, en cambio, el contacto de alto nivel con Delhi sirve para debilitar las políticas de contención estadounidenses. La cumbre será también una prueba para los BRICS, un bloque en el que China representa por sí sola cerca de dos tercios del producto interno bruto. Bajo la presidencia india, ya han surgido algunas fisuras, como el enfrentamiento entre las delegaciones de Irán y Emiratos Árabes Unidos durante la reunión de los asesores de seguridad en junio.
El resultado de la cumbre permitirá sobre todo determinar hasta qué punto China y la India están realmente dispuestas a transformar el deshielo diplomático de los últimos dos años en una mejora estable de sus relaciones. Sana Hashmi, investigadora de la Taiwan-Asia Exchange Foundation, describió la fase actual en Asia Times como una estabilización frágil, acompañada de una competencia estratégica que se extiende desde la frontera del Himalaya hasta el océano Índico. La retórica china del “elefante y el dragón que danzan juntos” tiene que hacer frente a los cerca de 50.000 soldados que cada una de las partes mantiene desplegados en el Himalaya. Un apretón de manos entre Xi y Modi en Delhi sería otro paso adelante, pero el futuro de las relaciones entre China y la India dependerá sobre todo de lo que ocurra en la frontera.
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