Milán (AsiaNews) - El miércoles 7 de octubre recibiremos al padre Franco Mella en el Centro PIME de Milán. Será el primero de nuestros encuentros dedicados a los testimonios de misioneros sobre el terreno durante el mes dedicado a las misiones. El padre Franco, misionero del PIME, viene de Hong Kong, ciudad a la que llegó en 1974 y donde se convirtió en un verdadero protagonista de la vida social, política y religiosa de la ciudad. Siempre ha estado comprometido con la justicia social, los derechos humanos y la libertad, primero frente al colonialismo y luego frente a la opresión política. Franco Mella, conocido por su nombre cantonés, Kam Chai, es una figura que forma parte del imaginario popular de Hong Kong por sus protestas, sus innumerables sentadas y huelgas de hambre, los diez años que vivió en una embarcación con los boat people y su solidaridad con las personas sin techo. Pero, sobre todo, es bien conocida su atención a los pobres, los oprimidos, los presos y los refugiados. Se le han dedicado películas, programas de televisión y libros.
El título de la velada, "Debo mi vida a la libertad", es una frase de Jimmy Lai, el preso de conciencia más conocido de Hong Kong, condenado recientemente a 20 años de prisión, lo que equivale a una cadena perpetua, dada su avanzada edad (cumplirá 79 años en diciembre) y su frágil estado de salud. La libertad a la que se refiere Jimmy Lai es la que Hong Kong le ofreció a él, un muchacho de 15 años que, como cientos de miles de personas de China continental, llegó a la ciudad atraído por las oportunidades de libertad y de progreso económico que ofrecía.
Ahora, lo que antes era un destino de libertad para millones de personas se ha convertido en una ciudad oprimida por la Ley de Seguridad Nacional, que desde 2020 ha puesto fin a las aspiraciones de libertad y democracia de su gente.
Como se recordará, el pasado 11 de septiembre se dictaron las sentencias contra otros tres presos de conciencia: la valiente y joven abogada Chow Hang-tung, condenada a siete años y tres meses de prisión; el líder demócrata Albert Ho, anciano y enfermo, condenado a cinco años y dos meses de cárcel; y el sindicalista Lee Cheuk-yan, condenado a siete años de prisión.
Las condenas impuestas fueron muy severas, sobre todo si se las compara con los fundamentos de la sentencia: se reconoce que los tres demócratas nunca actuaron con violencia (de hecho, se inspiran en los profetas de la no violencia) ni conspiraron para subvertir el régimen. Es su oposición personal al régimen comunista lo que constituye el delito de subversión, tipificado en 2020 por la represiva Ley de Seguridad Nacional. En otras palabras, son condenados por sus opiniones políticas libres y legítimas, expresadas mucho antes de la entrada en vigor de la ley.
El carismático Lee Cheuk-yan era el líder reconocido de las multitudinarias vigilias en recuerdo de los estudiantes y ciudadanos asesinados en Beijing el 4 de junio de 1989, en lo que se conoce como la masacre de la plaza de Tiananmen. A lo largo de estos años, cada vez que he tenido la oportunidad, he recordado el valor del testimonio de Cheuk-yan: para mí no es solo un amigo, sino que lo siento parte de una familia ideal de hombres y mujeres libres. Lee está vinculado desde hace muchos años a los misioneros del PIME, desde que el padre Adelio Lambertoni, misionero de Varese, creó una singular y ejemplar casa-familia ampliada. La "familia adoptiva" del padre Lambertoni incluye a Elisabeth Tang, esposa de Cheuk-yan, y a sus dos hermanas. Elisabeth Tang compartía el ideal de justicia social, libertad y democracia de su marido. Inspirados por su fe cristiana, ambos fundaron y dirigieron los sindicatos de Hong Kong (precisamente lo que el padre Lorenzo Milani habría querido que hicieran sus muchachos) y vivieron su vida como una forma de compromiso con los demás. En noviembre de 2019, Lee Cheuk-yan también fue invitado a nuestro teatro del PIME, donde habló sobre las protestas populares que en aquel momento se estaban produciendo en Hong Kong.
Después de la sentencia del 11 de septiembre, Lee fue trasladado inmediatamente de la cárcel de Stanley (en la zona sur de la isla de Hong Kong, de fácil acceso) a la prisión de Hei Ling Chau, en una isla remota y prácticamente deshabitada. En el siglo pasado fue una colonia para enfermos de lepra y luego se transformó en un centro de rehabilitación para drogadictos. Ahora esa isla (casi) inaccesible se ha convertido en una prisión a la que se envían "presos de riesgo medio". El apacible Lee Cheuk-yan es considerado un preso de "riesgo medio"... Más bien se trata de un "confinamiento", y su traslado se parece demasiado a una medida de confinamiento político.
La vida de los presos, aislada y difícil, se vuelve aún más amarga por la norma que reduce las visitas de familiares y amigos a solo dos veces al mes. Durante la prisión preventiva, en cambio, las visitas (breves) estaban permitidas diariamente. Me han dicho que Lee Cheuk-yan tiene dificultades para adaptarse a la nueva situación penitenciaria. Es comprensible en un hombre de 69 años, que ha llevado una vida de gran exposición pública, de generoso activismo y de gran reputación moral y cívica. Ahora Lee busca fuerza en su vida interior. Ya en la prisión de Stanley había recibido la confirmación, completando su camino hacia la fe católica, al igual que su esposa y su hija.
Durante mi última visita a la prisión de Stanley, me dijo que no se declararía culpable: afrontaba su situación con valentía, incluso con serenidad e ironía. Estaba decidido y era optimista, consciente del valor político y moral de su testimonio. La primera vez que fui a Stanley me preocupaba qué decirle. ¿Existen palabras apropiadas para decirle a un amigo inocente en prisión? Fue él quien me sacó de la incomodidad, dando un cierto tono de ligereza a la conversación. Estar con él fue una experiencia conmovedora e inolvidable. Lee Cheuk-yan es un preso de conciencia, un hombre libre y fuerte. "Acuérdense de los presos, como si ustedes mismos estuvieran presos con ellos" (Carta a los Hebreos 13, 3).
El encuentro del próximo miércoles en el PIME estará dedicado a Hong Kong, y también hablaremos de él y de todos los que están presos por su lucha por la libertad.



















