Toyama (AsiaNews) - Ryoshin Takagi, de 96 años, el último demandante que seguía con vida del juicio contra la empresa minera responsable de la propagación de la enfermedad de Itai-itai, uno de los casos más graves de contaminación industrial de la historia de Japón, falleció el 1 de noviembre en un hospital de Toyama. Según informó su familia, padecía un tumor que había afectado a la pleura, la membrana que recubre los pulmones.
Con su muerte desaparece el último de los habitantes que habían llevado ante la justicia a Mitsui Mining & Smelting para reclamar una indemnización por las consecuencias del envenenamiento con cadmio en el valle del río Jinzu.
Su historia personal estaba profundamente vinculada a la enfermedad: había perdido a su madre y a su abuela a causa de la intoxicación por cadmio que durante décadas afectó a las comunidades agrícolas de la prefectura de Toyama, en el centro de Japón. En 1966 participó en la fundación de la Asociación para las Medidas contra la Enfermedad de Itai-itai, de la que fue el primer vicepresidente. Dos años después se unió a los demandantes en el juicio contra la empresa minera. En los últimos años había seguido relatando lo ocurrido a las nuevas generaciones como testigo en el museo local dedicado a la enfermedad.
El nombre Itai-itai, que en japonés significa "duele, duele", deriva de los dolores insoportables que provoca la enfermedad. Los primeros casos habían aparecido ya alrededor de 1912, pero durante décadas se creyó que se trataba de una enfermedad local de causas desconocidas, en parte porque afectaba sobre todo a mujeres mayores, muchas de ellas con múltiples embarazos. La intoxicación provocaba daños renales y osteomalacia, una afección que debilita los huesos y los vuelve propensos a las fracturas.
Solo después de muchos años se logró identificar como causa de la enfermedad la mina de Kamioka, en la prefectura de Gifu, explotada por Mitsui Mining & Smelting. Los residuos industriales que contenían cadmio habían contaminado el río y los terrenos agrícolas a lo largo de su curso. El metal pesado había entrado así en la cadena alimentaria y se había acumulado en el organismo de los habitantes a través del agua utilizada para el riego de los arrozales. Recién en mayo de 1968 el Ministerio de Salud reconoció oficialmente que la enfermedad era causada por una intoxicación crónica por cadmio vinculada a las actividades de la mina. Fue el primer caso de enfermedad provocada por la contaminación industrial reconocido por el gobierno japonés, al que posteriormente siguieron otros similares.
Ya en marzo de ese año, los habitantes y los familiares de las víctimas habían iniciado una acción legal contra la empresa para reclamar una indemnización por los daños. Sin embargo, la empresa sostenía que no se había demostrado con suficiente precisión la relación causal entre la actividad minera y la enfermedad. El 30 de junio de 1971, el tribunal de distrito de Toyama dio la razón a los habitantes, lo que supuso la primera victoria judicial de los residentes en un proceso por contaminación industrial en el país. La sentencia fue confirmada en apelación el 9 de agosto de 1972.
Al día siguiente de la sentencia de apelación, los representantes del movimiento de víctimas se presentaron en la sede de Mitsui en Tokio y, tras once horas de negociaciones, consiguieron tres acuerdos: la indemnización de las víctimas, la limpieza de los terrenos contaminados y un compromiso para prevenir nuevos episodios de contaminación. El acuerdo también contemplaba la posibilidad de que los residentes inspeccionaran las instalaciones y supervisar directamente las medidas adoptadas por la empresa. En 1973 se firmó un nuevo acuerdo sobre atención médica e indemnización.
El caso de Toyama forma parte de la época de las grandes batallas contra la contaminación industrial que atravesaron Japón durante el rápido crecimiento económico de la posguerra. Otro caso importante es el de la enfermedad de Minamata, reconocida oficialmente en 1956 en la prefectura de Kumamoto. También en ese caso, el origen de la enfermedad fueron los vertidos de una instalación industrial que liberaba en la bahía aguas contaminadas con metilmercurio.
Los casos de Itai-itai, Minamata, Niigata (donde se produjo un segundo brote de intoxicación por mercurio) y Yokkaichi (relacionado con la contaminación atmosférica que provocaba asma) son los cuatro grandes juicios por contaminación que contribuyeron a mejorar la legislación ambiental japonesa.
La recuperación de los terrenos contaminados en el valle del Jinzu se completó en 2012, después de más de treinta años de trabajos. En agosto de 2024 falleció la última persona que seguía con vida entre los pacientes reconocidos oficialmente. Ahora, con la muerte de Ryoshin Takagi, ya no queda ninguno de los demandantes que llevaron su batalla ante la Justicia. Quedan los acuerdos alcanzados gracias a la lucha legal y una lección sobre la responsabilidad de las empresas y las instituciones por los daños provocados por la contaminación industrial.


















