'Miss Kathi' y el rostro oculto de Corea del Norte

En un nuevo libro, Kathi Zellweger cuenta su singular experiencia de 25 años de viajes y estadías en Pyongyang que comenzaron en 1995 con la ayuda humanitaria que llevó junto con Cáritas de Hong Kong durante la hambruna. "La resiliencia que vi entre los más desfavorecidos también me da esperanza más allá de los cierres actuales".

Milán (AsiaNews) - Un diario de 25 años, lleno de encuentros con esos rostros de Corea del Norte que nadie puede ver. Un relato de la vida cotidiana de personas comunes que nunca aparecen en la propaganda ideológica del régimen de Pyongyang ni en los relatos de quienes lograron escapar del país. La historia de la ayuda concreta que, durante un período favorable dentro de la convulsa historia de la península coreana, consiguió llevar una trabajadora humanitaria suiza. Y de todo lo que ella misma recibió de esas personas.

De esta manera se puede resumir el significado más profundo del libro "Miss Kathi. Saving lifes in North Korea", en el que Kathi Zellweger —trabajadora humanitaria suiza, de familia luterana, que desde 1978 trabajó durante muchos años para Cáritas Hong Kong—, junto con una reconocida figura de CNN, Mike Chino, comparte su experiencia verdaderamente única en Corea del Norte. El volumen, publicado a comienzos de este mes en Estados Unidos por la editorial Post Hill Press, recorre 25 años de viajes y estadías en Pyongyang, que comenzaron de manera totalmente inesperada cuando, por cuenta de Cáritas de Hong Kong, en el punto álgido de la hambruna que asolaba el país en la década de 1990, tuvo la oportunidad de viajar a Corea del Sur para organizar un primer envío de toneladas de arroz (enfrentándose incluso a la reticencia de más de un gobierno occidental).

75 viajes y cientos de rostros

"Entre 1995 y 2019 —recuerda Kathi Zellweger en la Introducción— realicé 75 viajes a Corea del Norte y viví cinco años en Pyongyang, trabajando primero para Cáritas, después para la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (DSC) y más tarde dirigiendo mi propia organización no gubernamental. Mi visita más reciente al país fue en diciembre de 2019, poco antes de que se cerraran las fronteras a causa del COVID. Hasta donde sé, nadie más tiene una trayectoria tan larga y continuada de compromiso humanitario con Corea del Norte. Este libro es el relato de mis experiencias: lo que hice, vi, pensé y sentí mientras me adentraba cada vez más profundamente en la hermética sociedad de Corea del Norte, en su mayor parte cuando el país sufría una de las peores hambrunas de la historia moderna. Es una historia de sufrimiento y tragedia, pero también de esperanza y de extraordinaria resiliencia en las circunstancias más difíciles".

Detrás de este relato subyace explícitamente la voluntad de romper con los estereotipos sobre Pyongyang: "La mayoría de los norcoreanos no participa en la diplomacia ni intenta escapar, por muy miserable que sea su situación —cuenta Kathi Zellweger—. Son personas comunes cuyo destino ha sido nacer en Corea del Norte y que luchan por sobrevivir como pueden. Y entre ellas están los más vulnerables: las mujeres, los niños, los más pobres, los hambrientos y las personas con discapacidad. Estas son las personas que han estado en el centro de mi trabajo y que ocupan un lugar destacado en este libro".

Con sus 380 páginas, el libro contiene innumerables historias sobre las personas que conoció, las relaciones con los funcionarios del gobierno y la pequeña comunidad de funcionarios extranjeros que se había formado en Pyongyang. Pero también es un testimonio "desde dentro" de los acontecimientos históricos que ocurrieron durante esos años. Por ejemplo, las dos visitas realizadas en 2000 y 2002 por Mons. Celestino Migliore, enviado de la Santa Sede, a quien se permitió celebrar misa en la única iglesia de Pyongyang, la catedral de Changchung.

La Corea del Norte de hoy

Precisamente por haber vivido estas experiencias extraordinarias, Kathi Zellweger dista mucho de ser ingenua. Es consciente de que desarrolló su labor en Corea del Norte durante uno de los períodos más favorables para la cooperación. Y sabe muy bien que esa ventana de oportunidad hoy está cerrada. Después del fracaso de las conversaciones de Hanoi sobre el programa nuclear en 2019, Kim Jong Un abandonó la esperanza de normalizar las relaciones con Estados Unidos y renunció a cualquier avance con Corea del Sur, a la que declaró Estado enemigo. Ha ampliado constantemente su arsenal nuclear y se ha alineado más estrechamente con Moscú, enviando a miles de soldados norcoreanos a combatir junto a las fuerzas rusas en Ucrania. Desde el punto de vista de Kim, incluso las recientes aperturas de Donald Trump a una posible reanudación del diálogo con Pyongyang son mucho menos ventajosas que hace algunos años.

Sin embargo, Kathi Zellweger cuenta en el libro que aprendió que entre los norcoreanos el pragmatismo siempre prevalece sobre las posturas ideológicas. "El propio Kim Jong Un —comenta— sabe que, en última instancia, algo tendrá que hacer por el pueblo norcoreano. Si realmente se siente más seguro en el frente interno, es posible que en algún momento también se sienta más seguro para volver a abrir el país a la comunidad internacional, y en particular a las agencias de la ONU y a las ONG. Con el tiempo, la convicción de que la ayuda extranjera es "azúcar envenenada", como me dijo una vez un funcionario norcoreano, podría desaparecer".

La confianza de Kathi Zellweger se basa también en un hecho: "Un gran número de norcoreanos, entre ellos muchos funcionarios que hoy ocupan cargos de nivel medio o alto, conocieron durante las dos décadas anteriores al COVID cómo funcionan la educación, la salud, el comercio, los mercados, la agricultura y la diplomacia en el resto del mundo. Esto ocurrió a través de los programas que muchas otras agencias humanitarias y de desarrollo y yo contribuimos a organizar", recuerda. Este patrimonio de conocimientos adquirido, que hoy permanece latente por motivos ideológicos, mañana "si cambia el clima, bien podría convertirse en el catalizador de un nuevo cambio".

"Aunque desde fuera Corea del Norte suele parecer estática e inmutable —escribe la trabajadora humanitaria suiza en las Conclusiones del libro—, una de las cosas que he aprendido es que la realidad sobre el terreno es mucho más fluida de lo que puede parecer. Por eso, pese al sombrío panorama actual, conservo la esperanza. En un sistema político increíblemente rígido y profundamente desconfiado de los extranjeros, fue posible hacer mucho más de lo que jamás había imaginado. Las decenas de miles de norcoreanos que sobrevivieron a la hambruna gracias a la ayuda internacional y las 30.000 personas que recuperaron la vista gracias a la ayuda de KorAid demuestran que es posible obtener resultados y ayudar a quienes más lo necesitan, incluso en las circunstancias más difíciles".


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