Nagoya (AsiaNews/Agencias) - Tiene 87 años y lleva más de veinticinco cantando canciones francesas, mezclándolas con sutras budistas para hablar de la paz y del valor de la vida. Miruo Nakano, sacerdote budista de Ichinomiya, en la prefectura de Aichi, es conocido en Japón como «el monje de la chanson» y, desde hace años, transmite en sus actuaciones un mensaje forjado a partir de los recuerdos de la guerra y el dolor por la pérdida de su hijo.
«Se avecina una nueva era previa a la guerra», afirmó Nakano, quien en sus intervenciones invita sobre todo a las nuevas generaciones a no dar por sentada la paz como algo adquirido de una vez por todas. El 7 de agosto, durante un acto organizado en Yatomi, también en la prefectura de Aichi, dedicado a la transmisión de la memoria de la guerra, cantó una canción dedicada a la paz ante más de 50 personas, entre niños y adultos. «Conozco a niños a los que las guerras interminables les han robado incluso la esperanza de vivir», recitó el monje.
Nakano comenzó a cantar chansons francesas como afición cuando tenía unos 60 años. Con el tiempo, ha desarrollado un estilo personal en el que combina las canciones con el canto de los sutras budistas. También ha llevado su mensaje a París. Al final de sus actuaciones, suele volver a la recitación de los textos sagrados.
Recuerdos de la guerra
Nakano nació en el barrio de Atsuta, en Nagoya, una ciudad que durante la Segunda Guerra Mundial sufrió 63 bombardeos aéreos de los Aliados, en los que se cree que murieron más de 7.000 personas. Debido al asma, pasó gran parte de la guerra en casa. El templo de su familia se utilizó como morgue provisional: tras los bombardeos, se llevaban allí los ataúdes con los cuerpos de las víctimas. Cuando empezaron a escasear los ataúdes, los fallecidos también se depositaban en cajas de madera procedentes de las fábricas.
Así, siendo aún un niño, Nakano se acostumbró a vivir rodeado de muertos. Entre los recuerdos que más se han grabado en su memoria está el de una madre y su hijo: al recién nacido lo habían llevado al templo sin cabeza ni torso. Nakano imaginó que ambos habían sido sorprendidos por un bombardeo mientras la madre huía con el hijo a la espalda. Una imagen que, más de ochenta años después, sigue representando para él la brutalidad de la guerra.
Tras la guerra, Nakano trabajó como profesor y sacerdote budista, sin dejar de hacer hincapié en la importancia de la paz. Para él, transmitir lo que había vivido se convirtió en un «deber».
El dolor por su hijo
Otra tragedia, esta vez personal, reforzó aún más su compromiso con el valor de la vida. En 1970, el hijo mayor de Nakano, que apenas tenía tres años, se ahogó en un río. Con el fin de evitar que otras familias sufrieran el mismo dolor, el sacerdote se dirigió al Ayuntamiento de Ichinomiya para solicitar la instalación de vallas de seguridad a lo largo de las orillas de los ríos.
«La guerra no pertenece al pasado»
A 81 años del fin de la Segunda Guerra Mundial, Nakano observa con preocupación la inestabilidad de la situación internacional y teme que el recuerdo del conflicto se esté desvaneciendo justo cuando la paz vuelve a ponerse a prueba. «No sabemos cuándo podría verse amenazada la paz», declaró. «No penséis en la guerra como algo que pertenece al pasado».
Su mensaje, sin embargo, no se limita a la alarma. Nakano sigue creyendo que también las acciones de cada individuo pueden contribuir a cambiar la sociedad. «Incluso los suspiros, cuando se unen, pueden convertirse en una pequeña voz, y las pequeñas voces, al unirse, pueden convertirse en una voz poderosa», dijo el «monje chanson».











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