Milán (AsiaNews) - La realidad de Corea del Sur es hoy sorprendente en muchos aspectos. Pero lo es aún más si se consideran las raíces del "milagro coreano", que se ha desarrollado en el último medio siglo, y su relación con la democracia. Este es un capítulo importante de su historia que también deben conocer quienes se preparan para viajar a la JMJ en agosto del año que viene, y es el tema de la entrega de hoy de nuestro recorrido "Destino Seúl".
Al término del devastador y sangriento conflicto con el Norte, en el que también participaron, junto al Sur, fuerzas multinacionales de la ONU y estadounidenses, mientras que el régimen del Norte recibió el apoyo de importantes contingentes de la China de Mao, toda la península coreana había quedado devastada y sumida en una pobreza extrema. A diferencia del Norte, que se encerró en una realidad autárquica y prácticamente se aisló del mundo bajo el control de la dinastía tiránica de los Kim, hoy en su tercera generación, el Sur tuvo que demostrar energía, capacidad y determinación para poner en marcha un desarrollo sin precedentes. El propio general Douglas MacArthur, comandante de las fuerzas estadounidenses y hombre de amplia experiencia en la región de Asia-Pacífico, había definido al país como un territorio "sin futuro", que "no se reconstruirá ni siquiera en cien años". Sin duda, la protección y el apoyo de Estados Unidos contribuyeron a su desarrollo, pero fue sobre todo la visión de una sucesión de gobiernos poco liberales, cuando no dictatoriales, la que consiguió reactivar el orgullo nacional y las potencialidades de la población, pese a sus fracasos en materia de democracia y derechos.
Después del primer presidente, Syngman Rhee, hombres fuertes procedentes de las fuerzas armadas —Park Chung-hee y Chun Doo-hwan— aplicaron un sistema fuertemente represivo contra los opositores, pero apostaron decididamente por la educación. La formación de una mano de obra altamente capacitada y motivada fue fundamental no solo para la reconstrucción. En la década de 1960, el país pasó de ser uno de los más pobres de Asia a convertirse en uno de los más ricos del mundo, gracias a un sistema de producción altamente eficiente y con gran capacidad.
El principal motor del desarrollo económico fue la industrialización, siguiendo un modelo de alta intensidad de mano de obra y orientado a la exportación. Durante décadas, la economía surcoreana creció a un promedio anual del 7%, hasta alcanzar el undécimo puesto mundial y el cuarto en Asia. Pero eso no es todo. Con una población de 52 millones de habitantes y una superficie de poco más de 100.000 kilómetros cuadrados, el país pasó de ser receptor de ayuda para el desarrollo a donante. Además, es uno de los principales socios económicos y en materia de infraestructura de decenas de países de todos los continentes.
Los estudiantes y el camino hacia la democracia
Sin embargo, recién a partir de los años ochenta el progreso económico y social de la República de Corea estuvo acompañado por la consolidación de la democracia. Y no ha sido una transición exenta de dificultades: diversos movimientos contrarios al autoritarismo pagaron un alto precio por la represión —en particular los estudiantes— y fueron la fuerza impulsora del establecimiento de la democracia parlamentaria en 1987, después de cuatro décadas de dictadura. Según la Constitución adoptada ese año, Corea del Sur es hoy una república presidencialista unitaria, con un órgano legislativo unicameral, la Asamblea Nacional, elegida por sufragio universal. De acuerdo con los índices de democracia V-Dem de 2026, actualmente es, junto con Japón, el país con el mayor nivel de democracia electoral y liberal de Asia. Su transición a la democracia, relativamente pacífica y promovida desde el propio país, suele citarse como un modelo.
La Corea del Sur actual, bajo la presidencia de Lee Jae-myung, es un país próspero y orgulloso de los numerosos logros alcanzados en pocas décadas, entre ellos una democracia plena, si bien a menudo marcada por conflictos y empañada por escándalos. Por eso, en vísperas de las elecciones del pasado 3 de junio, el presidente de la Conferencia Episcopal Coreana y obispo de Suwon, Mons. Mathias Ri Long-hoon, recordó que los políticos tienen el deber de "no olvidar que existen para servir al pueblo y promover el respeto y la escucha recíprocos, orientados a la convivencia".
Las polarizaciones actuales
La victoria de Lee Jae-myung marcó el regreso de los progresistas al cargo más alto del Estado, y su Partido Democrático controla la Asamblea Nacional. Su presidencia ha demostrado solidez política y ha contribuido a devolver la confianza a los sectores sociales y económicos tras el prolongado conflicto que involucró a su predecesor, Yoon Suk-yeol (bautizado como católico, aunque no practicante), obligado a dejar el cargo tras imponer la ley marcial el 3 de diciembre de 2024, alegando lo que había calificado como "acciones hostiles" de la oposición política. Se abrió entonces un período de tensiones en el Parlamento e incluso violentos enfrentamientos en las calles entre los opositores y un sector considerable de la población que había respaldado su gestión. La crisis culminó con su destitución por parte del Tribunal Constitucional y su posterior condena a cadena perpetua por insurrección.
Estos acontecimientos sumieron al país en la peor crisis política desde los años ochenta y dividieron profundamente a la opinión pública. Y si bien por un lado Corea del Sur parece destacarse en el panorama asiático entre las democracias consolidadas, por otro sigue buscando un consenso sólido y acuerdos que permitan superar los intereses partidistas o ideológicos para responder a las demandas de amplios sectores de la sociedad, tomar decisiones cruciales y evitar nuevas fracturas sociales. Entre las principales cuestiones pendientes figuran una política de ingresos diferente, el apoyo a los jóvenes y el fomento de la natalidad, cuya tasa es la más baja del mundo. También es urgente proteger a la población anciana, que a menudo vive en condiciones precarias e incluso de pobreza debido a las deficiencias del sistema de protección social y al debilitamiento de los vínculos familiares tradicionales de la cultura confuciana.
ESTE ARTÍCULO FORMA PARTE DE "DESTINO SEÚL", LA SECCIÓN SEMANAL DE ASIANEWS RUMBO A LA JMJ 2027. BUSCA AQUÍ TODOS LOS ARTÍCULOS PUBLICADOS EN ESTA SECCIÓN.


















