Iglesia rusa y ultranacionalistas: una relación llena de altibajos

Cuando el nacionalismo ruso surgió como fuerza política al final de la era soviética, la ortodoxia se consideraba más como parte del patrimonio cultural de la nación que como una fuente de ideas. El papel del entonces abad del monasterio de Sretenski en Moscú, que más tarde se convertiría en el metropolitano Tikhon de Crimea.

por Vladimir Rozanskij

Moscú (AsiaNews) - En las primeras décadas de la era postsoviética, los nacionalistas rusos se oponían radicalmente al Gobierno, mientras que la Iglesia Ortodoxa Rusa se distanciaba de él. Ahora, en cambio, la Iglesia se ha alineado ideológicamente tanto con el Estado como con la mayoría de los nacionalistas, que le son completamente fieles. La ortodoxia es el elemento más importante del nacionalismo ruso, en consonancia con el antiguo lema: «Ser ruso significa ser ortodoxo». La historia del nacionalismo ruso, desde los tiempos pre-revolucionarios, ha estado estrechamente ligada a la Iglesia ortodoxa, y parecería que este vínculo sigue siendo visible hoy en día, por ejemplo, en la memorable procesión de la cruz celebrada en Moscú en septiembre de 2025. En realidad, sin embargo, la relación entre las distintas corrientes del nacionalismo ruso y la Iglesia ortodoxa —y, de hecho, con la religión en general— ha sido muy cambiante en los últimos cuarenta años, como demuestra el proyecto mediático «País y Mundo — Revista Sájarov», difundido en el canal específico de Telegram.

El nacionalismo ruso postsoviético se desarrolló a finales de la era soviética, cuando casi toda la sociedad, incluidos los nacionalistas, se encontraba bastante alejada de la vida religiosa institucionalizada y de la religión en general. Cuando el nacionalismo ruso surgió como fuerza política, la ortodoxia se consideraba más como parte del patrimonio cultural de la nación que como una fuente independiente de ideas, sobre todo de relevancia política. De hecho, el grupo Pamjat («Memoria») surgió de la Sociedad Soviética para la Protección de los Monumentos Culturales, y el partido político radical no gubernamental «Memoria», de Dmitrij Vasilev, a principios de los años 90, se orientó hacia la Iglesia antisoviética en el extranjero o, más concretamente, hacia sus figuras más politizadas y antisemitas.

Durante los años de la perestroika y a principios de los años 90 no había espacio para los nacionalistas ortodoxos más moderados: en parte debido al carácter apolítico de la Iglesia Ortodoxa Rusa, y porque la principal cuestión política era el enfrentamiento entre el movimiento democrático y los comunistas, ya fuera en el Gobierno o en la oposición (desde finales de 1991). Esta situación obligó a los nacionalistas ortodoxos moderados, como Viktor Aksjučits, a desempeñar papeles secundarios en uno u otro bando de este enfrentamiento. Entre los nacionalistas rusos radicales también había quienes consideraban la ortodoxia como «un tumor judío en el cuerpo de la espiritualidad rusa primordial» y buscaban apoyo en un paganismo eslavo reconstruido.

El neopaganismo eslavo en Rusia es un fenómeno complejo, no siempre politizado. No toda esvástica de estilo eslavo denota una referencia al Tercer Reich, pero en la arena política aquellos neopaganos para quienes la lucha por la raza blanca es un componente importante, si no el más importante, de sus creencias, han sido y siguen siendo figuras destacadas. Socialmente, su concepto fundamental es el de «parentesco»; el criterio principal de la comunidad es el parentesco de sangre, y también estaban fuertemente influenciados por la mitología racial nazi, basada en el paganismo escandinavo. La búsqueda, fundamentalmente racista, de un respaldo en la antigüedad eslava podía resultar atractiva incluso para quienes consideraban que la ortodoxia era una parte importante de la «rusez». Esto dio lugar a continuos intentos de fusionar o incluso combinar de alguna manera el neopaganismo con la ortodoxia, que algunos consideraban «superior al cristianismo».

El segundo fundador del fundamentalismo ortodoxo fue el entonces abad del monasterio de Sretenski en Moscú, ahora metropolitano Tikhon (Ševkunov) en Crimea, a finales de los años 90, quien introdujo en los círculos ortodoxos la idea de luchar contra los códigos de barras «satánicos», los números de identificación fiscal (INN), los nuevos pasaportes, etc. A principios del nuevo milenio, esto dio origen al mayor movimiento postsoviético dentro de la Iglesia Ortodoxa Rusa, en oposición tanto a las autoridades como a la jerarquía eclesiástica.

Desde 2022 ha surgido y prosperado un nuevo tipo de organización nacionalista. La mayor de ellas, la «Comunidad Rusa», se presenta como una organización ortodoxa —y no simplemente rusa en sentido étnico—, con miles y miles de activistas en más de cien ciudades.

Los dirigentes de la Iglesia Ortodoxa Rusa no podían ignorar esta situación: en los discursos del patriarca Kirill de los últimos dos años se ha planteado el tema de los migrantes como una amenaza para la identidad civil de los rusos. La relación de la Iglesia Ortodoxa Rusa con los ultranacionalistas dependerá de la postura y la severidad de las autoridades y, de una forma u otra, en un futuro próximo todas estas maniobras se desarrollarán en el espacio ideológico entre el «nacionalismo ortodoxo» de la Iglesia y el «nacionalismo civilizador ruso» del Estado, dejando atrás la diversidad de enfoques anterior.


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