Guía nepalí: «Daños más allá de lo imaginable. Otros 40 lagos en peligro»

El testimonio de Bhim Chand, operador turístico que lleva años en primera línea en la defensa del Himalaya: «Hemos evitado el fondo del valle para llegar a la zona del desastre: en el estrecho valle no había posibilidad de escapar. Estos glaciares, reserva hídrica del planeta, se derriten debido al calentamiento provocado por la actividad humana».

por Stefano Vecchia

Katmandú (AsiaNews) - Bhim Chand es un operador turístico nepalí que, tras una larga trayectoria como guía, decidió hace tiempo poner su experiencia al servicio de la protección del medio ambiente (y de las expediciones científicas procedentes de diversos países que operan en el Himalaya nepalí). La mañana del 26 de agosto, cuando la devastadora crecida azotó la cuenca del Bhotekoshi en la región de Lantang, fronteriza con el Tíbet, y se extendió hasta dividir el país en dos en el eje este-oeste, él se encontraba en las inmediaciones y decidió comprobar la situación en persona.

«Empecé a seguir las terribles noticias de última hora... Nuestro equipo de científicos, entre los que se encontraban sismólogos e hidrometeorólogos, sugería recorrer el valle en dirección a la zona afectada por la riada, pero yo propuse evitar el fondo del valle; así que seguimos una ruta en altura para mantenernos a salvo. Lo que vimos superaba cualquier imaginación. Nunca en mi vida había visto una crecida repentina tan devastadora, un torrente de barro, arena y cantos rodados que corría a la velocidad de una bala. Para la población no hubo ninguna posibilidad de escapar. El estrecho valle aguas arriba (a lo largo de unos 50 kilómetros, cerca de la zona fronteriza con el Tíbet) es de alto riesgo. La velocidad de la riada y la conformación del valle aguas arriba, estrecho y flanqueado por escarpadas paredes rocosas, impidieron buscar refugio en las alturas. Más abajo, en cambio, las enormes pérdidas de vidas humanas se debieron a la negligencia: los habitantes podrían haber llegado a lugares seguros, pero hicieron caso omiso de las advertencias lanzadas por la policía y los helicópteros con una antelación de entre 15 y 20 minutos» .

Hoy, dos semanas después del suceso, el recuento de muertos y desaparecidos dista mucho de ser definitivo. Incluso la evaluación de los daños, por inmensos que sean, hace imposible trazar una perspectiva a corto o medio plazo. ¿Qué está haciendo el Gobierno nepalí?

«Todo el sistema local se ha colapsado (sin electricidad, sin Internet, sin comida, sin refugios, carreteras cortadas, ningún puente en pie...). Es difícil cuantificar las pérdidas sufridas. En estos momentos, las prioridades se centran en hacer frente al hambre, el alojamiento, la asistencia sanitaria y la distribución de bienes de primera necesidad. El Gobierno está tratando de organizar las operaciones de rescate en colaboración con instituciones y organizaciones nacionales e internacionales. Algunos servicios han vuelto a funcionar, pero la producción hidroeléctrica —con una docena de centrales y miles de trabajadores, fundamental para la economía local y para el desarrollo de las operaciones de rescate— se encuentra ahora paralizada. Había núcleos de población dotados de colegios, bancos e instituciones financieras, centros de salud y oficinas gubernamentales, además de localidades turísticas y de alojamiento a lo largo de las orillas del río, como Syabrubesi. El valle contaba con unos sesenta puentes, entre estructuras transitables y puentes colgantes. A lo largo del curso del río se extendían tierras agrícolas fértiles, donde los cultivos de arroz estaban a punto de madurar».

Además, una serie de circunstancias fortuitas agravaron la situación y el balance de las pérdidas, tanto humanas como económicas…

«El valle está atravesado por la carretera que conecta con la frontera con China; en el momento del desastre, unos 900 vehículos nuevos (en su mayoría pequeños vehículos eléctricos) estaban a la espera de pasar la aduana. Muchos camiones transportaban productos de primera necesidad hacia Katmandú con motivo de las fiestas nepalíes más importantes: Dashain y Tihar (Deepawali). Numerosos peregrinos, procedentes de diversas partes de Nepal, de la India y de muchos otros países, se dirigían a participar en las celebraciones y actos relacionados con la luna llena, previstos en numerosos lugares sagrados hindúes y budistas del Himalaya (entre ellos el lago sagrado de Gosainkund, a 4.380 metros de altitud, el monte Kailash, Betrawoti y varios templos dedicados a Shiva y a la diosa Durga). También había turistas asiáticos y occidentales que viajaban desde o hacia China».

Tras la emergencia, que podría prolongarse, llegará el momento de realizar evaluaciones de carácter medioambiental, que, por otra parte, ya están apareciendo en las declaraciones políticas y en el debate interno del país. Según su experiencia, ¿cuál es el principal problema que está en el origen del desastre?

«Para mí, el problema principal es el cambio climático de origen antropogénico. El Himalaya (la «morada de las nieves»), principal reserva hídrica del planeta, está sufriendo los efectos de las actividades humanas. En la región del Hindu Kush-Himalaya hay unos 40 lagos glaciares en riesgo de desbordamiento catastrófico. Las zonas de mayor riesgo incluyen el valle del río Koshi (al este), los valles de los ríos Trishuli, Budhigandaki y Marsyangdi (en el centro-este de Nepal), los valles de los ríos Mugu, Humla y Bheri (en el centro-oeste de Nepal) y el valle del río Mahakali (en el extremo oeste del país). Las inundaciones provocadas por la rotura repentina de lagos glaciares (conocidas como Glof, por sus siglas en inglés: Glacial Lake Outburst Flood) constituyen un problema crítico fundamental en la región del Himalaya. No se trata de inundaciones ordinarias: el aumento de la temperatura provoca un incremento del volumen de agua en los lagos glaciares, lo que eleva considerablemente el riesgo de una rotura repentina. Por otra parte, cuando una enorme masa de hielo se precipita en el lago glaciar situado sobre el glaciar activo, el dique inferior del lago cede y toda la masa de agua —una mezcla de rocas, lodo y sedimentos— se desborda rápidamente, descendiendo a gran velocidad por el escarpado valle fluvial y sin dejar escapatoria».


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