La guerra del estilo de vida
El conflicto entre Rusia y Ucrania despierta en realidad dos fantasmas, dos identidades inacabadas, cuyo verdadero aporte a la vida de las personas será difícil de determinar durante mucho tiempo todavía.

Cada sábado, el análisis de Stefano Caprio sobre lo que se mueve en Moscú, con especial atención a las repercusiones que la larga y sangrienta guerra en Ucrania está teniendo en la sociedad, la cultura y la religiosidad rusa

El conflicto entre Rusia y Ucrania despierta en realidad dos fantasmas, dos identidades inacabadas, cuyo verdadero aporte a la vida de las personas será difícil de determinar durante mucho tiempo todavía.
Discutir si es Rusia la que quiere hacer la guerra a la OTAN, o los aliados los que quieren destruir a Rusia, no cambia el panorama de la situación, en la que ambas partes se centran únicamente en las estrategias y objetivos a alcanzar.
Si el diálogo entre las Iglesias fue una manera de salir de las tensiones de las guerras mundiales del siglo XX, los conflictos actuales ponen en evidencia que los esfuerzos de esa gran obra no pudieron eliminar los motivos de las divisiones, muchas veces muy poco espirituales y relacionados más bien con las circunstancias histórico-políticas, como de hecho ocurría en los cismas antiguos.
En la fiesta del Bautismo de Jesús - que se acaba de celebrar en el calendario ortodoxo - sumergirse en el agua del kupel, una abertura en forma de cruz en la costra de hielo de los lagos, es un rito casi exclusivo de los rusos: si sobrevives a la triple inmersión en el agua helada de la muerte, entonces realmente puedes esperar una nueva vida.
El gran estribillo de la propaganda putiniana, expresado de forma cada vez más radical y apocalíptica, es similar a las recientes declaraciones de los ayatolás iraníes ante las acusaciones de represión de las mujeres y del pueblo: "Nosotros tenemos nuestra cultura y nuestros valores, y nadie nos puede imponer otro modelo de vida”.
En los treinta años post soviéticos, la Navidad solía desdoblarse: se aceptaba el 25 de diciembre del calendario gregoriano, sin que éste entrara en conflicto con el 7 de enero del calendario juliano de la Iglesia ortodoxa. Sin embargo, con la guerra, los cristianos han vuelto a enfrentarse por las fechas del calendario litúrgico. Y entonces recuerdo cómo se superó el primer cisma del siglo II gracias a Ireneo, un santo de Asia que fue a predicar a la Galia, inaugurando el encuentro de las almas y las grandes corrientes de la espiritualidad cristiana.
La guerra de Ucrania nos muestra cómo la propaganda vuelve a ocupar toda la escena, punto de llegada de una parábola que va de los poemas de Majakovsky a los influencers de hoy. Y vuelve a ser más actual que nunca el dilema de Dostoievski, que escribió: “Si alguien me demostrara que Cristo está fuera de la verdad y si la verdad estuviera realmente fuera de Cristo, preferiría quedarme con Cristo y no con la verdad".
Entre emigrados de vieja data y fugitivos recientes, la diáspora rusa presenta un panorama variado y muy poco unitario, aunque rico en figuras destacadas de la cultura, la política y la economía. Por otra parte la división es un clásico no solo de la política rusa en el exterior sino también de su religiosidad y sus estructuras eclesiales, tal como lo ha demostrado la guerra ruso-ucraniana.
Al comentar la crueldad en la agresión contra Ucrania y cuestionar a ciertas minorías étnicas, el Papa utiliza muy acertadamente las claves para interpretar los componentes del mundo ruso: Rusia, el Estado ruso y las etnias no rusas, tres dimensiones diferentes de una realidad única y compleja.
Tanto los que apoyan incondicionalmente el patriotismo militante como los muchos que sólo esperan que acabe la pesadilla o los que tímidamente intentan oponerse a ella -arriesgándose a los campos de concentración o a ser expulsados de la vida social de cualquier otra forma-, todos los rusos miran al futuro con una sensación de desconcierto e incertidumbre, de rabia y culpa, de frustración y horror al vacío.
Los ucranianos no deben buscar "vengarse de los rusos", sino el triunfo del camino de la democracia en la sociedad. No se trata de inspirar la exportación forzada del propio sistema, sino de una verdadera confrontación de civilizaciones, algo cada vez más ausente en nuestra época.
Tras la retirada de Kherson, la guerra sobre el terreno parece estancada en un enfrentamiento de trincheras entre las dos orillas del Dniéper, volviendo a una situación similar a la que se vivió en 1480, en lo que se llamó el “Encuentro del río Ugrá”. En aquel momento las dos fuerzas de Oriente y Occidente decidieron no continuar la lucha, y Rusia comenzó su renacimiento e incluso llegó a soñar con convertirse en la "tercera Roma".
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