Milán (AsiaNews) - Cuando falta una semana para las elecciones en Israel, las encuestas siguen dibujando un panorama muy incierto. Todo indica que ni Benjamin Netanyahu ni los partidos "sionistas" que se presentan como alternativa, con el exgeneral Gadi Eisenkot como posible primer ministro, lograrán los 61 escaños necesarios para alcanzar la mayoría en la Knéset. Otro dato que parece claro es que la participación electoral de los árabes será mayor que en comicios anteriores, por lo que sus dos principales partidos, la Lista Árabe Unida y Ra'am, obtendrían un número considerable de escaños. Por eso, parece prácticamente imposible formar una coalición alternativa a Netanyahu sin contar con su apoyo.
En este contexto general, hay una disputa en particular dentro de la derecha israelí que merece especial atención: la batalla por el voto de los judíos ultraortodoxos.
Se considera que los llamados haredim —que, según las estimaciones, representan actualmente alrededor del 14% de la población israelí— son tradicionalmente el grupo electoral más cohesionado y estable en sus preferencias. Según los análisis del Instituto Israelí para la Democracia, en las últimas elecciones de 2022, el 86% de sus votos fue para los dos principales partidos religiosos: el Shas, que representa a los sefardíes, y Judaísmo Unido de la Torá, una alianza de grupos asquenazíes. En la práctica, los demás partidos de la derecha israelí recibieron apenas unas migajas de esos votos. En términos absolutos, el Shas obtuvo el 8,25% de los votos y consiguió 11 escaños, mientras que Judaísmo Unido de la Torá alcanzó el 5,88% y obtuvo siete escaños. El resultado fue prácticamente idéntico al de las elecciones anteriores: desde hace veinte años, los partidos religiosos obtienen entre 16 y 18 escaños en la Knéset, con variaciones mínimas que dependen, sobre todo, del nivel general de participación electoral.
Este bloque de votos ha sido decisivo a lo largo de los años para garantizar la mayoría a Netanyahu. Sin embargo, esta vez nada se puede dar por descontado. Desde el punto de vista demográfico, la población ultraortodoxa está creciendo. Debido a las elevadas tasas de natalidad de sus familias, los jóvenes haredim son unos 105.000 de los aproximadamente 595.000 israelíes de entre 18 y 22 años que votarán por primera vez el 27 de octubre. Pero esta vez no está garantizado que ese crecimiento se traduzca en más votos para el Shas y Judaísmo Unido de la Torá.
La cuestión del servicio militar obligatorio
La legislatura que llega a su fin ha sido especialmente complicada para los dos partidos religiosos, debido al enfrentamiento cada vez más acalorado por el reclutamiento militar de los estudiantes de las yeshivot, las escuelas rabínicas. Este tema se volvió explosivo en Israel durante la guerra que comenzó el 7 de octubre de 2023. La gran mayoría de la opinión pública se muestra intolerante con las exenciones concedidas a estos estudiantes, pese a que la Corte Suprema ha dictaminado reiteradamente en estos años que el servicio militar debería ser obligatorio para todos.
Netanyahu ha intentado mantener unida a su coalición, dentro de la cual existen posiciones divergentes sobre este asunto. Buscó —como es habitual en él— un compromiso, apostando por el alistamiento "voluntario" (con escasos resultados en términos numéricos) y por la creación de batallones separados para los estudiantes ultraortodoxos dentro del ejército. Pero el Shas y Judaísmo Unido de la Torá exigían una ley que renovara la exención, lo que habría supuesto un nuevo desafío a la Corte Suprema. Finalmente, ese intento fracasó, porque habría podido enemistarlo con buena parte del electorado laico israelí. La decisión provocó incluso protestas violentas en las calles, protagonizadas por grupos de jóvenes ultraortodoxos.
Precisamente hoy, cuando faltan solo siete días para las elecciones, la cuestión ha vuelto a estallar. La policía militar israelí detuvo en el aeropuerto Ben Gurion a un grupo de 40 jóvenes haredim vinculados a la comunidad de Jabad-Lubavitch que regresaban de Estados Unidos. El ejército los considera evasores del servicio militar porque en su momento se negaron a cumplir con el reclutamiento obligatorio. La medida llevó a los partidos religiosos a denunciar una "injerencia en las elecciones". El propio Netanyahu criticó lo sucedido en una entrevista con una radio vinculada a los haredim, aunque después se retractó y afirmó que "quienes no se alisten irán a la cárcel".
El primer ministro saliente necesita desesperadamente que los ultraortodoxos conserven sus escaños en la Knéset. Pero ya no todos los miembros de estas comunidades confían en el líder del Likud. En la derecha temen que muchos haredim se abstengan de votar porque se sienten traicionados. En un escenario en el que las dos coaliciones están prácticamente empatadas, la magnitud de esas deserciones podría inclinar la balanza en uno u otro sentido.
La novedad del Partido Público Haredi
A todo esto se suma otro elemento importante: en estas elecciones, el Shas y Judaísmo Unido de la Torá ya no son los únicos partidos religiosos. De las 37 formaciones que presentaron listas para competir por escaños en la Knéset, al menos otras tres representan expresamente distintas corrientes del mundo ultraortodoxo.
La lista más significativa es la del Partido Público Haredi, liderado por Moti Leitner, vicealcalde de Beit Shemesh. Es una nueva formación reformista que busca combatir la pobreza en las comunidades ultraortodoxas, incorporar asignaturas laicas a la enseñanza en las yeshivot y ayudar a sus jóvenes a incorporarse al mercado laboral. Otro aspecto especialmente significativo para el mundo haredi es que la lista incluye a dos mujeres ultraortodoxas entre sus cuatro primeros candidatos: Nechumi Yaffe, que encabeza la lista y fue asesora del Consejo de Seguridad Nacional, y Ziva Glantz, emprendedora social comprometida con la reforma educativa. Aunque las encuestas lo sitúan muy por debajo del umbral electoral del 3,25% —con una intención de voto en torno al 1%—, el partido está despertando interés como posible alternativa al establishment ultraortodoxo tradicional. Algunos sondeos indican también que está consiguiendo un apoyo considerable entre los jóvenes, especialmente entre las mujeres.
Las otras dos listas, en cambio, desafían desde la derecha a los partidos religiosos tradicionales. La primera es Noam Le'Yisrael (Serenidad para Israel), un partido fundado en 2019 por discípulos del rabino Zvi Tau con el objetivo declarado de defender los valores familiares y oponerse a la homosexualidad, el feminismo y el progresismo. En 2022 se presentó dentro de la lista de Ben Gvir. La segunda es HaKahal (El Público), un partido ultraortodoxo liderado por Shlomo Elbaum, concejal de Bnei Brak, que presenta una lista integrada exclusivamente por hombres, tanto asquenazíes como sefardíes. Sin embargo, HaKahal también introduce una novedad significativa: a diferencia de lo que ocurre en el Shas y Judaísmo Unido de la Torá, sus candidatos no fueron elegidos por los rabinos de referencia, sino mediante elecciones primarias entre sus simpatizantes. Es otra señal de que, aunque todavía se trate de grupos minoritarios, tal vez algo está empezando a cambiar dentro del mundo ultraortodoxo.
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