Busan (AsiaNews/Agencias) - Por primera vez en su historia, el Comité del Patrimonio Mundial de la Unesco celebra su sesión de trabajo en Corea del Sur. Los delegados de 193 países se han reunido en Busan para evaluar el estado de conservación de los sitios ya inscritos y examinar las nuevas candidaturas. Sin embargo, nunca como este año las consecuencias de los conflictos en Oriente Medio han dominado su agenda.
Esto ya quedó de manifiesto en los primeros días de la sesión, que se prolongará hasta el 29 de julio. Al comenzar los trabajos, tras aprobar una declaración general "en favor de la colaboración internacional para proteger los bienes culturales y naturales vulnerables de los daños" provocados por los conflictos, los delegados incluyeron ayer la ciudad libanesa de Tiro —reconocida oficialmente como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1984 por sus restos romanos y afectada por los bombardeos israelíes en las últimas semanas— en la Lista del Patrimonio Mundial en Peligro. "El sitio ha recibido impactos directos y ha sufrido daños —dice la declaración aprobada a pedido del gobierno libanés—. Además, su estado de conservación es motivo de creciente preocupación, sobre todo ante la posibilidad de nuevos impactos. Ya no existen las condiciones óptimas para garantizar la conservación y la protección del excepcional valor universal del sitio".
Pero junto a la de Tiro, entre las 30 candidaturas para ser reconocidos como nuevos sitios del Patrimonio Mundial que se examinarán a partir de mañana, hay otras dos que se presentaron mediante un procedimiento de urgencia debido a los mismos conflictos en Oriente Medio. La primera, también en el sur del Líbano, corresponde a los castillos del monte Amel, entre ellos el castillo de Beaufort, la fortaleza cruzada que Israel volvió a ocupar el pasado 31 de mayo en el marco de su ofensiva contra Hezbolá. La otra, presentada por Palestina, es la ciudad de Sebastia, que —como informamos hace unas semanas en AsiaNews— se ha convertido en los últimos años en una "vía arqueológica" para la anexión de facto de amplias zonas de Cisjordania por parte de Israel. Si se aceptan estas dos solicitudes, se abriría un nuevo frente de conflicto en la conflictiva relación —que se arrastra desde hace años— entre Israel y la Unesco.
En efecto, en protesta por la admisión de Palestina como Estado miembro, desde el 1 de enero de 2019 Israel ya no pertenece al organismo de la ONU encargado de las políticas culturales y —a diferencia de Estados Unidos, que se reincorporó como país miembro en 2023 durante la administración Biden— sigue manteniéndose fuera. No obstante, Israel sigue siendo uno de los Estados signatarios de la Convención de 1972 que estableció la Lista del Patrimonio Mundial y, por tanto, una delegación israelí participa en las sesiones del Comité, también porque hay nueve sitios reconocidos oficialmente que se encuentran dentro de sus fronteras internacionalmente reconocidas.
Por esa razón, en los últimos días el gobierno de Netanyahu había emitido un duro comunicado contra lo que califica como "una cínica instrumentalización del patrimonio cultural y una completa traición a la integridad profesional que amenazan con destruir la credibilidad de la Convención del Patrimonio Mundial". En el caso del castillo de Beaufort, el gobierno de Netanyahu sostiene que el verdadero fracaso de la comunidad internacional en la protección del patrimonio cultural ha sido permitir que Hezbolá transformara la antigua fortaleza de los cruzados en una base militar, excavando una extensa red de túneles bajo el sitio y utilizándolo para lanzar cohetes contra Israel. En cuanto a Sebastia —definida como "la histórica capital bíblica del antiguo Reino de Israel en Samaria"—, Israel afirma que la alarma sobre su situación "carece de fundamentos técnicos y responde a fines políticos para borrar la rica y ampliamente documentada historia judía y cristiana del sitio". Según el comunicado, el verdadero peligro para Sebastia derivaría "del abandono por parte de la Autoridad Palestina", a la que acusa de haber favorecido el vandalismo, los robos y las profanaciones del sitio arqueológico.
Por último, cabe señalar que entre las 30 nuevas candidaturas a sitios del Patrimonio Mundial también hay otras tres que se refieren indirectamente a zonas implicadas en el conflicto. Irán ha solicitado el reconocimiento del castillo de Alamut, una fortaleza medieval situada a más de 2.000 metros sobre el nivel del mar en las montañas del norte del país. Otras dos propuestas se refieren al golfo de Aqaba, el brazo de mar que separa la península del Sinaí de la península Arábiga y desemboca en el mar Rojo, actualmente objeto de especial atención debido a las amenazas de los hutíes. Jordania ha presentado la candidatura de la reserva marina de Aqaba, y Arabia Saudita ha propuesto los arrecifes de coral del golfo de Aqaba y del mar Rojo.

















