Roma (AsiaNews) - Antes de hablar con el P. Boulos Baqain, debemos esperar que termine otro momento de oración por las víctimas del atentado de Hmoud, que el viernes pasado conmocionó a la comunidad cristiana de Karak y a toda Jordania. Cuando responde, aparecen en la pantalla de la videollamada dos niños. "Salam aleikum". Sonríen con amabilidad. Son los hijos de Alaa Masarweh, cristiano melquita y padre de familia, una de las nueve personas asesinadas por los tres hombres armados que abrieron fuego contra los asistentes a un funeral, frente a la iglesia greco-ortodoxa de San Jorge: una tragedia dentro de otra tragedia.
"No son conscientes de lo que ha ocurrido", explica el P. Boulos Baqain a AsiaNews después de despedirse de ellos. "Tienen una profunda herida en el corazón porque su papá ha muerto. Ahora se preguntan: ¿por qué nuestro padre? ¿Por qué murió así? ¿Qué hizo?". Las preguntas de los niños son las mismas que se hacen los adultos, en una comunidad cristiana que representa una minoría cercana al 2% en Jordania, pero que ha convivido durante mucho tiempo con la población musulmana: vecinos, compañeros de escuela y amigos. La región centro-sur de Karak es un modelo de la "convivencia pacífica" jordana que también recordó el papa León XIV en el Ángelus, cuando expresó su cercanía a la población. El P. Boulos Baqain, de 72 años, lleva tres décadas al frente de las parroquias melquitas de Karak y Adir.
"Un ataque contra los cristianos"
El ataque ha dejado "estupefactos" incluso a quienes llevan décadas viviendo en Karak. De repente, todos se encuentran inmersos en un dolor que toca profundamente los corazones y continúa en los cuerpos de las personas que resultaron heridas —más de treinta—. "Las cosas van mal, pero tenemos que aceptarlo. Siempre existen dificultades; así es la vida", dice el párroco. El lunes, las autoridades jordanas anunciaron la captura de los tres atacantes, que pertenecerían a una misma familia y habrían actuado por "extremismo ideológico". Amán respondió rápidamente con incursiones en el sur de Siria contra "escondites terroristas", en las que, según los informes, murieron "20 combatientes del Estado Islámico". En respuesta, Damasco denunció la muerte de civiles y la violación de su soberanía, y cerró la frontera sur.
Hace diez años, el 18 de diciembre de 2016, Karak fue escenario de otro ataque que también aterrorizó a la población jordana y dejó diez muertos. Un grupo armado se atrincheró con varios rehenes en la fortaleza cruzada del siglo XII que da nombre a la gobernación homónima. También entonces se habló de un atentado de inspiración yihadista. "Aquel ataque iba dirigido contra toda la población, musulmanes y cristianos, sin distinción", explica el P. Baqain. "El atentado de ahora es diferente: está dirigido exclusivamente contra los cristianos. Fueron a la iglesia, donde se concentra la mayoría cristiana, y abrieron fuego". Hmoud, una localidad al norte de Karak, cuenta con una importante presencia cristiana que mantiene vivas su historia y sus tradiciones, de las que la iglesia greco-ortodoxa de San Jorge da testimonio.
Una herida a la unidad de Jordania
Tras el ataque del viernes 23 de octubre, Karak, que por su historia y posición geográfica es una periferia de la dinámica Amán, vive días de intensa atención mediática y política. El rey Abdalá II acudió de inmediato a la ciudad, vestido con uniforme militar, para visitar a los heridos y reunirse con las familias de las víctimas. El monarca subrayó que el atentado constituye una ofensa a la "unidad" de todo el Reino Hachemita, integrado por distintas confesiones y tradiciones, entre ellas las de cientos de miles de personas refugiadas, que conviven desde hace tiempo en un clima de relativa estabilidad. "Todos los jordanos, de norte a sur, están unidos por la misma tierra y el mismo destino, y nada los separa", afirmó el soberano en las redes sociales.
El domingo 25 de octubre, una gran multitud se congregó frente a la iglesia de San Jorge, en Hmoud, para el funeral, en un lugar sagrado que todavía conserva las huellas del horror de los disparos y la sangre. Asistieron el patriarca latino de Jerusalén, Card. Pierbattista Pizzaballa, y el patriarca greco-ortodoxo de Jerusalén, Teófilo III. También estuvieron presentes el vicario patriarcal, Mons. Iyad Twal, y el nuncio apostólico en Jordania, Mons. Giovanni Pietro Dal Toso. Su presencia fue una muestra significativa y sentida de cercanía a la comunidad cristiana de Karak en estos momentos difíciles.
La interdependencia entre cristianos y musulmanes
El atentado contra la iglesia greco-ortodoxa de San Jorge plantea interrogantes sobre el futuro de la dinámica comunidad cristiana de Jordania. "Nos enfrenta al dilema de cómo será nuestro futuro. Ha abierto un gran interrogante. Ahora tenemos que asegurarnos de que los cristianos puedan seguir viviendo en esta zona de Jordania", explica el P. Boulos Baqain a AsiaNews. "En este momento, la gente tiene mucho miedo. Queremos un cristianismo sin miedo a vivir, sin miedo al futuro".
El P. Baqain es testigo de la amistad entre musulmanes y cristianos que caracteriza la vida cotidiana de Karak y se basa en el respeto y en una verdadera "interdependencia". "Nosotros siempre hacemos algo por ellos y ellos por nosotros: siempre ha sido así". Recuerda a las numerosas personas que han compartido el dolor de estos días, sin distinción de credo. "Es un llamado a la unidad, al encuentro, a compartir momentos juntos". Otra de las víctimas de Hmoud es Mohammad Al-Qassous, un odontólogo cristiano que decidió conservar el nombre del mayor profeta del islam para honrar sus raíces musulmanas y árabes. Su caso, que no es aislado, refleja una realidad auténtica.
Las dificultades sociales de Karak
Sin embargo, esa realidad también está marcada por dificultades que afectan a todas las comunidades de Karak, asentadas en las zonas más rurales de Jordania. El P. Boulos Baqain recuerda que: "Aquí el mayor problema social es el trabajo, porque no tenemos recursos ni oportunidades. La pobreza está muy extendida y, como suele ocurrir, algunos se aprovechan de la situación y explotan y abusan de las personas más vulnerables". Por eso, muchos cristianos también abandonan Karak para buscar mejores oportunidades en Amán. A menudo son jóvenes que se marchan por distintos motivos, como los estudios, la atención médica o el trabajo. "La vida en Amán es mejor que aquí", explica. El párroco ha dado espacio en su parroquia melquita de Karak al proyecto Drama Center, apoyado por Caritas Jordan y la asociación Non Dalla Guerra. La iniciativa promueve el arte, la música y el teatro para crear un espacio de encuentro e intercambio entre jóvenes jordanos y sirios.
A pesar de este éxodo, quienes permanecen en la ciudad suelen esforzarse por mejorar las condiciones de las comunidades locales. Es el caso de Alaa Masarweh, el padre asesinado el viernes pasado, cuya muerte deja a sus hijos con muchas preguntas dolorosas y sin respuesta. También el de Fadi al-Halsa, de 23 años, otra de las víctimas. "Siempre participaba en la misa", recuerda el párroco. "Era una buena persona, él y toda su familia. Terminó sus estudios de Medicina hace dos meses y ahora ya no está...".
En Karak anhelan una paz concreta, que se traduzca en oportunidades y convivencia. "Cuando hay paz —económica y política, sin guerras—, la vida está bajo control. Esperamos que haya paz para los niños huérfanos y para estas familias sumidas en el dolor".



















