Después del ISIS y del terremoto en Siria, reabre el santuario del Estilita

Encabezados por los líderes de las distintas Iglesias, los peregrinos regresaron al monasterio del siglo V construido en torno a la columna sobre la que vivió durante 40 años san Simeón. Uno de los monumentos más importantes del cristianismo de los primeros siglos, todavía conserva las huellas de los bombardeos y los saqueos. Pero es testimonio de una fe más fuerte que cualquier adversidad.

por Giuseppe Caffulli

Milán (AsiaNews) - Las piedras todavía muestran las huellas de la guerra. Algunos arcos están muy frágiles, hay columnas y capiteles que esperan ser recolocados y, por todas partes todavía se pueden ver las huellas de la violencia. Sin embargo, al atardecer del pasado 1 de septiembre, día en que las Iglesias de Oriente celebran la fiesta litúrgica del santo, mientras la puesta del sol hacía aún más sugestivo el lugar, el gran santuario de San Simeón el Estilita, en las colinas al noroeste de Alepo, volvió a la vida. Tras quince años de silencio forzado, una multitud de cristianos procedentes de toda la región de Alepo colmó las ruinas del monasterio para la solemne celebración. A ellos se sumaron los referentes de las distintas Iglesias cristianas de la ciudad para rezar juntos en un lugar que durante siglos fue uno de los grandes centros de peregrinación cristiana en el Cercano Oriente.

La reapertura del santuario no significa que la restauración haya terminado. Por el contrario, queda mucho por hacer. Pero precisamente esta decisión —reabrirlo a los peregrinos sin esperar a que todas las heridas hayan cicatrizado— dio a la jornada un significado especial. San Simeón vuelve a recibir a los peregrinos mientras sus piedras todavía cuentan la historia de la guerra. Es un signo concreto de esperanza, señala fray Bahjat Elia Karakach, franciscano de la Custodia de Tierra Santa y párroco franciscano en Alepo, en una Siria que poco a poco intenta reconstruir no solo edificios y carreteras, sino también su propia memoria.

Una columna que no aislaba, sino que reunía

El monasterio, construido a finales del siglo V alrededor del lugar donde vivió Simeón, es uno de los monumentos más importantes del cristianismo primitivo. Según la tradición, el santo vivió más de cuarenta años sobre una columna, dedicado a la oración y la penitencia. De aquella decisión radical nació el estilitismo, una forma de ascetismo que se difundió por todo el Oriente cristiano. Pero la columna, paradójicamente, no era un lugar de separación del mundo: a su alrededor se reunían peregrinos, pobres, enfermos y personas que buscaban consejo y consuelo del anacoreta. Después de la muerte del santo, el lugar se convirtió en un extraordinario centro de peregrinación y alrededor de la columna se construyó un vasto complejo monástico. La parte más importante es la basílica o martyrium, en cuyo centro se erigía la columna; de allí partían cuatro cuerpos basilicales, a su vez divididos en tres naves dispuestas en forma de cruz griega.

Hoy el sitio forma parte de las antiguas aldeas cristianas del norte de Siria, las famosas "Ciudades Muertas", reconocidas por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad. Pero los años del conflicto sirio, que comenzó en 2011, han dejado una profunda huella. El monasterio estuvo inaccesible durante mucho tiempo. Los bombardeos, los saqueos, las excavaciones clandestinas y el uso del lugar por parte de grupos armados del Estado Islámico han dañado gravemente el complejo. Según Abdel Jalil Arabi, responsable del sitio, entre el 30 y el 40 por ciento del área sufrió daños. Un arco occidental se derrumbó junto con sus columnas; muros y estructuras resultaron afectados. En mayo de 2016, un ataque alcanzó el santuario, provocando la condena de la Unesco. Luego, en febrero de 2023, el terremoto que devastó Siria y Turquía debilitó aún más los arcos y las estructuras murarias.

El desafío de la restauración

La guerra también había dispersado los restos de la famosa columna del Estilita. Su base permaneció en el centro de la iglesia, pero lo que quedaba del fuste —ya desgastado por el paso del tiempo y la devoción de los peregrinos— había sido desplazado y dañado. En los últimos meses, el regreso de los arqueólogos permitió iniciar una nueva etapa. Una misión franco-siria inspeccionó el complejo para documentar los daños y establecer las prioridades de las intervenciones. Micheline Kurdi, arqueóloga franco-siria que ha dedicado su investigación al sitio, señaló la necesidad de partir de los antiguos relieves y de los proyectos que se conservan para reconstruir todo lo que todavía resulte posible.

Francia desempeña un papel importante en este proceso de recuperación y restauración. El encargado de negocios en Siria, Jean-Baptiste Faivre, destacó que este patrimonio es importante no solo por su valor histórico, sino también para el futuro económico y turístico del país, y anunció una cooperación entre la Dirección General de Antigüedades y Museos de Siria e instituciones culturales francesas. En el proyecto también deberían participar socios y financiadores internacionales, como la Fundación Aliph, dedicada a la protección del patrimonio en los países afectados por la guerra.

"Una luz desde Alepo"

La celebración del 1 de septiembre fue el primer gran regreso de los peregrinos al santuario después de los años de ausencia. La jornada había sido organizada por el Consejo de los jefes de las confesiones cristianas de Alepo y se desarrolló en el marco de las celebraciones dedicadas a san Simeón, bajo el lema "Una luz desde Alepo". Los jefes de las Iglesias, sacerdotes y fieles rezaron juntos en el lugar que, durante más de quince siglos, ha conservado la memoria del gran asceta.

Especialmente significativo fue el regreso de los fragmentos de la columna a su lugar original. La recuperación fue promovida conjuntamente por las autoridades locales, la Dirección de Antigüedades y el Consejo de Jefes de las Iglesias cristianas. Ante la columna, el arzobispo greco-ortodoxo Ephrem Maalouli dirigió la oración, mientras el coro de la Escuela de Música Bizantina San Simeón acompañó la ceremonia con himnos de la tradición oriental. La piedra fue rociada con agua bendita y venerada por los presentes.

Para los cristianos de la región de Alepo, cuyo número se ha reducido trágicamente a causa de la guerra y la diáspora, no se trata simplemente de recuperar una pieza arqueológica. La columna de Simeón es un símbolo de la perseverancia en la fe y de la capacidad de resistir las adversidades. No es difícil comprender la relación con la historia reciente de Siria. Después de los años de huida y dispersión, volver a rezar juntos en ese lugar significa afirmar que la antiquísima presencia cristiana en Siria no tiene intención de desaparecer. Y que las distintas confesiones cristianas miran al Estilita para recuperar juntas sus raíces.



Photo: Greek Orthodox Archdiocese of Aleppo


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