Tras San Elias, el asesinato de un cristiano en Homs alimenta el miedo y la migración

Un orfebre ha sido asesinado por una banda de delincuentes por negarse a pagar la coima. Un suceso que confirma el clima de impunidad e ilegalidad que reina en amplias zonas del país. Y de poco sirven las garantías de al-Sharaa en una Siria que se «islamiza». En Beirut, el Comité Ejecutivo del Consejo de Iglesias de Oriente Medio recuerda y reza por los «mártires» de Damasco.

por Dario Salvi

Damasco (AsiaNews) - El asesinato de un comerciante en Homs alimenta las tensiones y los temores de una comunidad cristiana en Siria que se debate entre el deseo de permanecer en su tierra y contribuir al renacimiento, tras años de guerra y la huida de Bashar al-Assad, y la decisión de emigrar. El último caso de violencia, con el recuerdo aún vivo de la masacre en la iglesia de San Elías en Damasco, ha afectado a George Ishoh, orfebre originario de una familia asiria de Hassakeh, en el noreste, asesinado por una banda de delincuentes por negarse a pagar la coima. Un suceso que confirma, una vez más, el clima de impunidad e ilegalidad que reina en amplias zonas del país, a pesar de las garantías del presidente interino Ahmed al-Sharaa y de los hombres de Hts (Tahrir al-Sham), capaces de derrocar en pocas semanas al antiguo régimen. 

Fuentes locales informan de que el comerciante cristiano, padre de dos hijos, fue asesinado a tiros por hombres armados y enmascarados fuera de su casa en el barrio de al-Mahatta la noche del 9 de julio. Al parecer, Ishoh se había negado a pagar el impuesto de protección a una banda armada, lo que le valió su «condena». Los agresores abrieron fuego y le dispararon en la cabeza, para luego darse a la fuga. Los vecinos lo trasladaron de urgencia al hospital universitario para intentar salvarle la vida, pero las heridas causadas por las balas resultaron mortales. En el momento del asesinato, Ishoh estaba solo en casa. Su esposa, originaria del pueblo de Rûm ad al-Qalatia, en el valle de Wadi al-Nasara (Valle de los Cristianos), y sus hijos no se encontraban en la ciudad.

Tras el ataque a la iglesia ortodoxa griega de Mar Elias en Damasco, que causó decenas de víctimas, los cristianos habían pedido que se reforzaran las medidas de seguridad en todo el país y, sobre todo, en las zonas de riesgo donde hay una presencia importante de la minoría. Sin embargo, los incidentes —de diversa índole, desde intimidaciones hasta asesinatos— no solo han continuado, sino que se han intensificado debido a la amplia disponibilidad de armas y a la falta de responsabilidad y controles. Fuentes locales afirman que los asesinatos, secuestros y robos continúan sin que se adopten medidas concretas para combatirlos, lo que demuestra que el Gobierno no está cumpliendo su promesa de proteger a todos los grupos tras la masacre del pasado 22 de junio. 

Mientras tanto, los cristianos aún recuerdan la masacre en la iglesia ortodoxa griega de Damasco, con 35 muertos y más de 60 heridos. Más de dos semanas después, aún no está claro quién fue el autor, ya que el Gobierno acusó al Estado Islámico (EI, antiguo ISIS), que, sin embargo, no negó su participación en el ataque, reivindicado posteriormente por un grupo poco conocido llamado Saraya Ansar al-Sunna, que estaría compuesto por desertores del HTS. Según el Washington Institute for Near East Policy, el Gobierno sirio prohibió el proselitismo después que los salafistas atacaran una zona frente al edificio cristiano —donde se produjo el peor atentado contra los cristianos en la capital siria desde 1860— a finales de marzo. Según algunos, esta podría ser la razón por la que los yihadistas atacaron específicamente la iglesia de San Elías. 

Para muchos cristianos, el gobierno de al-Sharaa está más interesado en implementar un código de vestimenta inspirado en la sharia, y vinculante también para las minorías religiosas, que en garantizar la protección y la seguridad de la población, ignorando incluso las recientes amenazas de atentados. Los cristianos constituían alrededor del 10 % de los 23 millones de habitantes de Siria antes de la guerra y disfrutaban de libertad de culto bajo el régimen de Assad, además de ocupar en algunos casos altos cargos gubernamentales e institucionales. Inicialmente, muchos cristianos estaban dispuestos a dar una oportunidad a las nuevas autoridades: en una encuesta realizada en mayo por Etana, el 85 % de los suníes declararon sentirse seguros bajo las autoridades actuales, frente al 21 % de los alauíes y el 18 % de los drusos. Los cristianos se situaron en el centro, con un 45 %. Sin embargo, ahora «el miedo ha aumentado», declaró el político Ayman Abdel Nour, que se reunió recientemente con los líderes religiosos, quienes también confirmaron que muchos cristianos quieren marcharse, ya que ven en la migración la única solución. En algunos barrios cristianos, religiosos y fanáticos musulmanes han marchado por las calles con altavoces invitando a la gente a convertirse al islam, mientras que hombres barbudos han golpeado a hombres y mujeres que estaban de fiesta en los locales nocturnos de la capital. 

La crítica situación que atraviesa Siria y la amenaza que se cierne sobre los cristianos también fue objeto de la reunión ordinaria del Comité Ejecutivo del Consejo de Iglesias de Oriente Medio, celebrada en Beirut los días 9 y 10 de julio. Al comienzo de la reunión, los participantes —entre los que se encontraban líderes, patriarcas y representantes de varios países de la región, desde Irak hasta Siria y Líbano— guardaron un minuto de silencio y rezaron por las víctimas de los «mártires» asesinados en el ataque a Mar Elias. En la declaración final condenaron «toda forma de violencia, venga de donde venga» y denunciaron a quienes incitan al «odio, el extremismo, el racismo y los actos de violencia» contra la humanidad. «La sangre de los mártires es una sola, el crimen es reprobable», concluye la declaración, porque «afecta no solo a los cristianos, sino a todo el tejido sirio y al histórico modelo de convivencia».

 

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