Pakistán. El teatro callejero que se convierte en voz por los derechos

En Lahore, desde hace 25 años el artista cristiano Alyas Rahmat lleva a cabo representaciones en teatrales las comunidades para hablar sobre los derechos de las mujeres, los matrimonios precoces, las minorías y la paz. Pero en Sindh y Quetta ha recibido amenazas y sufrido presiones.

por Shafique Khokhar

Lahore (AsiaNews) - Para Alyas Rahmat, el teatro no es solo espectáculo. Es una herramienta para hablar de derechos humanos allí donde a menudo es más difícil hacerlo: en las aldeas, los barrios periféricos y las comunidades rurales. Desde hace 25 años, este artista cristiano de Lahore lleva a las calles de Pakistán representaciones dedicadas a la violencia contra las mujeres, los matrimonios precoces, los derechos de las minorías, la educación de las niñas, la violencia doméstica y la paz.

Rahmat es cristiano y director ejecutivo de CHANAN (Community Healthy Advocacy Network At Nation), una organización que trabaja principalmente con mujeres y jóvenes y utiliza el teatro comunitario como herramienta para generar conciencia sobre estos temas.

"El teatro callejero es mi pasión", cuenta Rahmat a AsiaNews. A lo largo de su trayectoria ha producido, escrito y dirigido obras sobre diversos temas sociales. "A la gente le interesan mucho estos temas porque reflejan su vida, sus historias cotidianas y su realidad". Después de las representaciones, explica, el público participa en un diálogo en el que puede compartir experiencias y opiniones.

Cuando el teatro se vuelve incómodo

Pero plantear estos temas a las comunidades no siempre es fácil. Sobre todo cuando se tocan  cuestiones como los matrimonios precoces y forzados de niñas, un asunto especialmente delicado en algunas zonas de Pakistán.

Rahmat cuenta a AsiaNews que ha recibido amenazas en varias ocasiones, incluso de hombres de las comunidades locales, líderes religiosos y miembros de las fuerzas de seguridad.

Uno de los episodios más difíciles ocurrió en la provincia de Sindh, durante una obra sobre los matrimonios precoces y forzados. Algunos hombres de la comunidad, disconformes con el contenido, interrumpieron el espectáculo y acusaron a los activistas que habían llegado de Lahore de "manipular" a mujeres y niñas y de difundir un mensaje contrario al islam.

"Intentamos explicar que se trataba de un tema social, no religioso", cuenta Rahmat. Pero las explicaciones no fueron suficientes. Los organizadores locales lograron evitar que la situación se agravara, pero finalmente Rahmat se vio obligado a disculparse y abandonar la zona. Antes de marcharse, le dijeron que no regresara y que dejara de trabajar sobre esos temas; de lo contrario, tendría que "atenerse a las consecuencias".

Un episodio similar, cuenta, ocurrió en Quetta, donde un religioso musulmán interrumpió el diálogo con el público después de una obra sobre los matrimonios precoces. Le preguntó cuál era su religión y lo acusó, junto con las organizaciones no gubernamentales con las que colabora, de formar parte de una supuesta "agenda extranjera".

"No podemos permitir esta propaganda", le dijo el clérigo, y lo invitó a marcharse.

Las presiones no se limitan a las representaciones. Cuando Rahmat publicó en las redes sociales algunos contenidos en apoyo de la reciente modificación de la edad mínima para que las niñas puedan contraer matrimonio en Punjab, cuenta que recibió una llamada de un número anónimo. Su interlocutor le habría exigido que interrumpiera su trabajo, especialmente las actividades de sensibilización sobre la edad mínima para contraer matrimonio, alegando que era una postura contraria al islam.

Mujeres, niñas y minorías

Precisamente la atención a las mujeres y las niñas es uno de los ejes centrales del trabajo de CHANAN. La organización considera esencial fortalecer las capacidades de las comunidades, especialmente de las mujeres, las jóvenes y las trabajadoras domésticas, para que puedan conocer y reclamar sus derechos.

El tema de la participación cívica también se ha tratado mediante el teatro. CHANAN ha colaborado con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en proyectos de educación cívica mediante representaciones callejeras, con el objetivo de llegar a comunidades a las que resulta difícil involucrar a través de los canales tradicionales de información. Ha formado a más de 30 grupos teatrales juveniles en todo Pakistán y esos grupos han presentado más de 6.500 espectáculos teatrales y de marionetas en todo el país, llegando a una audiencia directa de más de 7 millones de personas en más de 150 ciudades pakistaníes.

Para Rahmat, por tanto, el teatro es ante todo una manera de transformar al público de espectador en interlocutor. "Cuando terminamos una obra, las personas comparten sus experiencias y reflexionan sobre el mensaje", explica. Es este diálogo, más que el espectáculo en sí, el que, a su juicio, puede generar un cambio.

El Gobierno debe proteger a quienes trabajan por los derechos

El problema, sin embargo, es que precisamente quienes llevan estos mensajes a las comunidades más vulnerables a menudo no cuentan con una protección adecuada. "Hay muchos artistas locales de teatro que son verdaderos héroes y trabajan activamente por la emancipación de distintas comunidades en todo Pakistán", afirma Rahmat. Pero también "sufren amenazas y acoso".

Los equipos de CHANAN viajan a zonas remotas, donde las condiciones de seguridad suelen ser difíciles y los activistas de derechos humanos, especialmente quienes trabajan por los derechos de las mujeres, pueden verse expuestos a presiones.

Por eso Rahmat pide al Gobierno y a las autoridades locales que adopten políticas específicas para proteger a los artistas y activistas que trabajan con teatro comunitario. "A veces los incidentes son menores y los ignoramos o los podemos manejar nosotros mismos", explica. "Pero algunos son graves y hay que prestar atención a las amenazas más serias".

Sin embargo, después de tantos años de trabajo, y pese a las dificultades, su convicción no ha cambiado. "Soy defensor de los derechos humanos y el trabajo social es mi pasión", afirma. "Quiero seguir trabajando por el cambio social y por un futuro mejor para las minorías, las mujeres y las niñas de mi país". Para lograrlo, añade, también hacen falta instituciones dispuestas a proteger a quienes deciden alzar la voz.


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