Yakarta (AsiaNews) - De la carrera diplomática al apostolado como jesuita. Sin renunciar, sin embargo, a su mirada atenta a lo que ocurre en el mundo ni a los contactos con quienes siguen trabajando en las embajadas de Indonesia. Es la singular historia del P. Klaus Heinrich Raditio, quien el pasado 29 de julio —junto con otros cuatro compañeros— fue ordenado sacerdote jesuita en la iglesia de San Antonio de Padua, en Kotabaru, en la ciudad de Yogyakarta, en vísperas de la festividad de hoy de San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús.
«Lo conocí por primera vez cuando llamó a la puerta de mi despacho en la Oficina del Personal Presidencial de Indonesia. Era 2016 o quizá 2017», recuerda Yanuar Nugroho, un conocido intelectual católico indonesio que ha trabajado con el Gobierno de Yakarta como experto en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). «Iba impecablemente vestido, con pantalones oscuros, una camisa blanca de manga larga y corbata. Se presentó como funcionario del Ministerio de Asuntos Exteriores de Indonesia. Tenía ante sí una prometedora carrera diplomática. En aquel momento ocupaba el cargo de asistente del embajador de Indonesia en el Reino Unido».
Yanuar recuerda con precisión las primeras palabras que Klaus le dirigió: «Señor, quiero hacerme jesuita». «Nunca he olvidado esa frase inicial —escribió—. Fue directa, sin rodeos. Nos sentamos y hablamos un rato».
Klaus explicó que su director espiritual, el difunto jesuita padre B. Herry Priyono, le había animado a hablar de su deseo de ingresar en la Compañía de Jesús y a reflexionar detenidamente sobre todas las consecuencias que conllevaría abandonar su cargo de funcionario del Gobierno y diplomático de carrera. «Inmediatamente después de que se marchara, llamé por teléfono al embajador de Indonesia en el Reino Unido, Desra Percaya —continúa Yanuar—. Y, para mi gran sorpresa, se mostró profundamente solidario con estas aspiraciones de uno de sus colaboradores más de confianza».
El contacto con los antiguos compañeros
Los días se convirtieron en semanas, meses y años. «No hablaba con Klaus con regularidad —continúa Yanuar—, pero seguí su trayectoria vocacional desde la distancia a través de las conversaciones con el difunto padre Herry hasta su fallecimiento a finales de 2020». El señor Nugroho y Klaus volvieron a encontrarse ocasionalmente mientras prestaban servicio juntos en programas de formación juvenil.
Sus contactos se hicieron más frecuentes en 2025, cuando Klaus comenzó a estudiar teología y se trasladó al St. Ignatius College de Yogyakarta, mientras que Yanuar concluyó su mandato en la Oficina del Personal Presidencial y, desde entonces, decidió instalarse también en Yogyakarta. «Tomándonos unas tazas de café, escuché muchas de sus historias», escribió Yanuar.
Aunque dimitió del Ministerio de Asuntos Exteriores, Klaus siguió profundamente comprometido con las cuestiones relacionadas con las relaciones internacionales de Indonesia. Mantuvo una estrecha amistad con muchos de sus antiguos compañeros, en particular con los diplomáticos más jóvenes y los funcionarios del ministerio.
Para Klaus, el Ministerio de Asuntos Exteriores representa el «recurso fundamental» de Indonesia en la gestión de las relaciones del país con otras naciones, y los diplomáticos asumen una enorme responsabilidad al representar al país en el extranjero. «La idea es sencilla —explicó Yanuar—. Todo lo que Indonesia proclame desde los escenarios internacionales y los foros mundiales debe, en última instancia, encontrar su confirmación en el propio país. Ni siquiera los mejores diplomáticos pueden defender tales afirmaciones si la realidad dentro de Indonesia no se corresponde con lo prometido a la comunidad internacional».
Por eso, a pesar de haber abrazado una vocación completamente diferente como sacerdote jesuita, Klaus ha seguido comprometiéndose a acompañar a sus antiguos colegas diplomáticos: reuniéndose con ellos, escuchándolos e involucrándolos en conversaciones profundas. Su vocación ha cambiado, pero su dedicación al servicio de Indonesia y de su pueblo ha continuado de una forma diferente.
El Congreso de los ex alumnos jesuitas
Junto con el P. Klaus, el 29 de julio en Yogyakarta también fueron ordenados otros cuatro hermanos jesuitas: el P. Andreas Agung Nugroho, procedente de la parroquia de San Bartolomé, en Taman Galaxy, Bekasi, en la archidiócesis de Yakarta; el P. Dionisius Amadea Prajna Putra Mahardika, procedente de la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús en Karangpanas, en la archidiócesis de Semarang; el P. Filipus Frederick Ray Popo, de la parroquia de Cristo Salvador, en Slipi, en la archidiócesis de Yakarta, y el P. Gregorius Agung Satriyo Wibisono, de la parroquia de Santa María de la Asunción de Pakem, en la archidiócesis de Semarang.
En su ordenación —presidida por monseñor Petrus Boddeng Timang, obispo emérito de Banjarmasin— también estuvo presente el superior general de la Compañía de Jesús, el P. Arturo Sosa, quien recordó a los ordenandos que el sacerdocio jesuita nunca es una meta personal, sino una participación en la misión universal de reconciliación y justicia de la Compañía de Jesús. Refiriéndose a una de las Preferencias apostólicas universales de los jesuitas, les animó a convertirse en instrumentos de reconciliación con Dios, entre ellos y con la creación. «Vuestro ministerio sacerdotal —dijo— debería revelar el rostro misericordioso de Dios en un mundo fragmentado».
Durante estos días en Indonesia, el P. Sosa también está participando en el XI Congreso de la Unión Mundial de Antiguos Alumnos Jesuitas (WUJA), que se celebra hasta el 2 de agosto de 2026 en la Universidad Sanata Dharma de Yogyakarta y que reúne a más de 1.000 antiguos alumnos jesuitas, responsables del ámbito educativo y colaboradores de todo el mundo. El congreso, cuyo lema es «Unidos en el espíritu, guiados por un propósito», tiene como objetivo reforzar los lazos globales entre los antiguos alumnos jesuitas, al tiempo que promueve la colaboración en apoyo de la misión de la Iglesia.


















