Santa Ana, la devoción que une a los católicos de Malasia

Las iglesias dedicadas a la santa —cuya fiesta se celebra el 26 de julio— organizan novenas que atraen a miles de fieles, renovando la unidad y la fe de las familias. Los misioneros del MEP difundieron la devoción en el Sudeste Asiático; la primera capilla se fundó en 1846 en Bukit Mertajam, que hoy es destino de peregrinaciones en Penang.

por Joseph Masilamany

Penang (AsiaNews) - En esta última semana de julio, las iglesias dedicadas a Santa Ana en toda Malasia están viviendo uno de los períodos más intensos del año litúrgico católico, con novenas, procesiones y misas especiales que atraen a miles de peregrinos en vísperas de la fiesta de la santa, que se celebra el 26 de julio.

La celebración anual, que actualmente es una de las mayores peregrinaciones católicas del sudeste asiático, tiene sus raíces en un legado misionero que comenzó con la obra de la Sociedad de las Misiones Extranjeras de París (MEP), cuyos sacerdotes contribuyeron a difundir la devoción en lo que entonces era la Malasia británica.

Aunque las celebraciones parroquiales tienen lugar en la Malasia peninsular –en Sabah y Sarawak– el corazón espiritual de la devoción sigue siendo la iglesia de Santa Ana en Bukit Mertajam, Penang, donde decenas de miles de peregrinos están participando una vez más en la novena que precede a la fiesta de los santos Ana y Joaquín, padres de la Virgen María y abuelos de Jesús.

Para los católicos de Malasia, julio se ha convertido cada vez más en "el mes de santa Ana", y muchas familias realizan peregrinaciones todos los años para pedir su intercesión para obtener curaciones, unidad familiar, hijos, vocaciones y perseverancia en la fe. Es habitual que los peregrinos recorran largas distancias a pie para cumplir los votos que hicieron en años anteriores o regresen como expresión de agradecimiento.

La devoción se ha extendido mucho más allá de las fronteras de Penang. Las iglesias dedicadas a santa Ana en toda Malasia –como las de Singapur, Sarawak y Sabah– organizan novenas y oraciones especiales como testimonio de la atracción atemporal de una santa venerada como patrona de las familias, las madres, los abuelos y las parejas que rezan para tener hijos.

Un legado misionero

La historia de la devoción a Santa Ana está indisolublemente ligada a la obra misionera de los sacerdotes del MEP, que en el siglo XIX evangelizaron gran parte de la Malasia peninsular. La primera capilla dedicada a la santa fue fundada en Bukit Mertajam en 1846 por el P. Adolphe Couellan, para atender a una pequeña pero creciente comunidad católica, compuesta principalmente por migrantes que trabajaban en la agricultura y el comercio. La capilla se convirtió en un centro de espiritualidad mariana y familiar, a medida que la devoción a Santa Ana se difundía.

Un momento decisivo se produjo bajo la guía del P. Benoît-Marie Sempé, que fue párroco a finales del siglo XIX. Consciente del creciente número de peregrinos, promovió las celebraciones anuales de la fiesta de santa Ana y alentó a los católicos de toda Malasia a acudir en peregrinación a Bukit Mertajam. Su compromiso pastoral transformó lo que había comenzado como una celebración parroquial local en una peregrinación regional que atraía a fieles procedentes de diferentes comunidades étnicas y lingüísticas.

A medida que aumentaba el número de fieles, se construyeron iglesias más grandes. El centro de la peregrinación anual es la Basílica de Santa Ana en Bukit Mertajam, Penang, elevada al rango de Basílica Menor por el papa Francisco en 2023, en reconocimiento a su larga historia como uno de los principales lugares de peregrinación del sudeste asiático.

El complejo de la basílica incluye la actual iglesia principal, que se terminó de construir en 1962, y reemplazó las estructuras anteriores para dar cabida al creciente número de peregrinos. Hoy, los amplios terrenos, el altar al aire libre, el Vía Crucis y los espacios de devoción reciben todos los años durante el mes de julio a decenas de miles de fieles, lo que la convierte en la mayor peregrinación católica anual de Malasia. La fiesta atrae también a peregrinos de países vecinos como Singapur, Tailandia, Indonesia y Filipinas, lo que demuestra el carácter transnacional de la fe católica, difundida inicialmente por sacerdotes misioneros.

Entre los miles de peregrinos se encuentra Joseph Michael Savrimuthu, que participa en las celebraciones en la iglesia de Santa Ana de Port Klang, arquidiócesis de Kuala Lumpur. Joseph contó a AsiaNews: "Mi devoción a santa Ana comenzó gracias a mis difuntos padres. Cada año mi padre nos llevaba a todos los hijos a la iglesia de santa Ana y le pedía a nuestra 'abuela en la fe' que intercediera por nosotros, sobre todo para que tuviéramos buenos resultados en los estudios. Así se convirtió en una importante tradición familiar".

"De niño sufría asma severa y estaba enfermo a menudo. Mis padres nunca dejaron de rezar a santa Ana por mi curación y por el bienestar de todos mis hermanos y hermanas. Cuando mi salud mejoró, nuestra peregrinación anual se convirtió no solo en una visita, sino en un viaje de agradecimiento", añadió. "Aunque mis padres ya han fallecido, hemos continuado la tradición que ellos comenzaron. Cada año realizamos nuestra peregrinación a santa Ana porque ella nos recuerda la fe de nuestros padres".

La fe transmitida de generación en generación

Aunque históricamente se sabe poco sobre la figura de santa Ana, la tradición cristiana la honra junto con Joaquín como las personas que educaron a María en la fe, lo que los convierte en modelos atemporales de vida familiar y de transmisión de la fe entre generaciones. Este tema encuentra un fuerte eco en Asia, donde el respeto por los padres, los abuelos y los ancianos sigue profundamente arraigado en muchas culturas. Para muchos católicos malasios, la devoción a santa Ana no es simplemente una peregrinación, sino una renovación anual de la fe familiar.

La popularidad de la fiesta ha renovado su significado durante el Año Jubilar de la Iglesia, ya que los peregrinos buscan reconciliación, sanación y esperanza en un contexto de incertidumbre económica, presiones familiares y conflictos globales. Más de 175 años después de que los primeros misioneros del MEP introdujeran la devoción en Bukit Mertajam, la fiesta de santa Ana sigue siendo uno de los ejemplos más evidentes de cómo la evangelización misionera ha echado raíces profundas en Asia.


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