Myanmar rechaza a la ASEAN mientras Tailandia intenta abrirle la puerta

El Gobierno de Min Aung Hlaing rechaza la necesidad de un enviado especial de la organización. Tailandia, que acaba de recibir al general, apuesta por un "acercamiento gradual": un respaldo diplomático que corre el riesgo de fortalecer la legitimidad del régimen sin lograr avances hacia la paz.

Rangún (AsiaNews) - El Gobierno de Myanmar ya no quiere a la enviada especial de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN). Pocos días después de la visita oficial del general Min Aung Hlaing a Tailandia, Naypyidaw hizo saber que la misión diplomática de la enviada de la ASEAN, la ministra de Relaciones Exteriores de Filipinas, Maria Theresa Lazaro, ya no es necesaria, porque las elecciones —aunque han sido rechazadas por una gran parte de la comunidad internacional por considerarlas antidemocráticas— ya se celebraron y llevaron a la presidencia a Min Aung Hlaing. Concretamente, la junta hizo saber que no considera necesario mantener este canal diplomático cuando la presidencia rotatoria de la ASEAN, cargo al que tradicionalmente está vinculado el enviado especial, pasará a Singapur el próximo año.

La decisión llega precisamente cuando la ASEAN intenta determinar si es posible y de qué manera reabrir el diálogo con Myanmar. El 12 de julio, los ministros de Relaciones Exteriores de los países miembros se reunieron por primera vez personalmente y de manera informal en Bangkok con un representante de las autoridades birmanas desde que comenzó la crisis. Tailandia, en particular, intenta crear desde hace tiempo las condiciones para un "acercamiento gradual", es decir, una reanudación progresiva de las relaciones formales, condicionada a que haya avances hacia la paz. Ahora, también la ASEAN intenta adoptar esta estrategia.

Pero el rechazo de Naypyidaw demuestra los límites de este enfoque: el bloque regional intenta volver a incorporar a Myanmar al diálogo diplomático mientras sigue proponiendo un plan de paz que nunca llegó a aplicarse, mientras que el gobierno encabezado por Min Aung Hlaing parece querer normalizar las relaciones sin aceptar las condiciones planteadas por la organización.

El estancamiento del consenso en cinco puntos

Tras el golpe de Estado de febrero de 2021 y el estallido de la guerra civil —que hasta la fecha ha dejado unos 100.000 muertos y casi 4 millones de desplazados—, la ASEAN reaccionó en abril de ese año proponiendo un Consenso de Cinco Puntos que todavía constituye el principal marco diplomático de referencia para la crisis birmana. El plan contempla el cese inmediato de la violencia, un diálogo entre todas las partes, el nombramiento de un enviado especial, la posibilidad de que este se reúna con los distintos actores implicados en la guerra y el acceso de la ayuda humanitaria.

Pero, más de cinco años después, estos objetivos han quedado en el papel. De hecho, el Parlamento de Myanmar ya había aprobado el mes pasado una moción que rechaza el Consenso de Cinco Puntos, considerándolo una injerencia en los asuntos internos del país.

Mientras tanto, entre diciembre del año pasado y enero, el régimen celebró elecciones fraudulentas en los territorios bajo su control y, en abril, el general Min Aung Hlaing asumió la presidencia. Es sobre este escenario que Tailandia intenta ahora tender un puente.

El papel de Tailandia

Bangkok es desde hace tiempo el miembro de la ASEAN más dispuesto a mantener abierto un canal directo con los militares birmanos. La razón es principalmente geográfica: ambos países comparten más de 2.000 kilómetros de frontera y Tailandia debe afrontar diariamente la llegada de refugiados, el tráfico de drogas, la proliferación de centros de estafas en línea en las zonas fronterizas y los problemas ambientales relacionados con los ríos que atraviesan ambos países.

El 6 de agosto, el actual primer ministro tailandés, Anutin Charnvirakul, recibió en Bangkok a Min Aung Hlaing, en su primera visita oficial a Tailandia como presidente. Organizaciones de derechos humanos han advertido que este enfoque corre el riesgo de legitimar al régimen birmano sin producir resultados concretos para la población. Bangkok, por su parte, sostiene que quiere promover una incorporación progresiva de Myanmar al diálogo regional, siempre que se cumplan una serie de condiciones para avanzar hacia la paz. Sin embargo, durante el encuentro solo se trataron algunos acuerdos sobre los trabajadores migrantes y la gestión de los ríos compartidos, y, sobre todo, proyectos energéticos.

El gas, en el centro de las relaciones

Myanmar suministra gas natural a Tailandia desde hace casi 40 años, señaló un portavoz de Bangkok. Los yacimientos de Yadana y Zawtika, frente a la costa meridional de Myanmar, son explotados en asociación con la empresa estatal birmana por PTT Exploration and Production, la compañía energética nacional de Tailandia, que adquirió las participaciones de Total y Chevron cuando ambas se retiraron de Myanmar entre 2022 y 2024. Estos yacimientos son fundamentales para la seguridad energética de Tailandia. Por ejemplo, alrededor del 70% de la producción de gas de Yadana se destina al mercado tailandés.

Bangkok está evaluando, por tanto, la renovación de los contratos y nuevas actividades de exploración, como el desarrollo del bloque A6 en alta mar, un yacimiento situado también en el mar de Andamán, pero a unos 80 kilómetros de la costa de Pathein, en la región de Irrawaddy. Este es el primer proyecto de gas en aguas ultraprofundas que se emprende en el país, pero actualmente se encuentra suspendido porque los socios internacionales se retiraron cuando estalló la guerra civil. Se estima que las reservas oscilan entre 2 y 3 billones de pies cúbicos de gas. El proyecto fue concebido inicialmente para producir unos 400 millones de pies cúbicos diarios, lo que equivaldría a más de una quinta parte de la producción nacional actual de Myanmar.

Y luego está Dawei, en el sureste de Myanmar, un proyecto de infraestructura concebido en torno a un puerto de aguas profundas que ya recibe apoyo de Rusia. Min Aung Hlaing intentó reactivarlo durante su visita a Bangkok, a pesar de que los combates continúan en la zona de Dawei. Grupos armados locales denunciaron que el ejército birmano ha provocado incendios, cometido saqueos y utilizado a civiles como escudos humanos.

Las dificultades de la ASEAN y el caso de Aung San Suu Kyi

El 3 de agosto, precisamente en vísperas de la visita de Min Aung Hlaing a Bangkok, el Gobierno birmano difundió imágenes de Aung San Suu Kyi junto con un representante del Comité Internacional de la Cruz Roja. Era la primera vez desde 2021, cuando fue encarcelada, que un representante extranjero podía reunirse con la líder democrática. Las imágenes confirmaron a su familia y a sus partidarios que estaba viva, algo que reclamaban desde hacía tiempo, pero no condujeron a su liberación: la premio Nobel de la Paz, que hoy tiene 81 años, sigue cumpliendo una condena reducida a 18 años por una serie de acusaciones fabricadas por la junta militar.

Para la ASEAN, sin embargo, la cuestión de Suu Kyi sigue siendo central. La semana pasada, el bloque pidió su liberación "incondicional", junto con la de otros presos políticos, y reiteró que la enviada especial de la asociación debería poder reunirse con ella. Naypyidaw respondió que su liberación solo podrá producirse "de acuerdo con la ley". Y ahora sostiene que la presencia de la enviada especial ya no será necesaria.

Aunque Bangkok afirma que el diálogo es la única manera de influir en Naypyidaw, cabe preguntarse cómo será posible un acercamiento diplomático, aunque sea "gradual", si el gobierno con el que se pretende reanudar el diálogo no acepta el plan de paz de la organización que intenta volver a integrarlo en el proceso diplomático.

Después de esta visita a Tailandia, Min Aung Hlaing se lleva la imagen de un jefe de Estado recibido con honores, la posibilidad de hablar directamente con inversores y una plataforma para promover sus proyectos económicos. Tailandia, en cambio, todavía debe demostrar que el regreso del general al escenario diplomático se traducirá en resultados concretos que contribuyan a poner fin a las hostilidades y, sobre todo, a mejorar la situación de la población birmana.


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