Milán (AsiaNews) - En su fiesta litúrgica, la Iglesia católica recuerda hoy en todo el mundo los 800 años de la muerte de san Francisco de Asís en 1226. Su semilla se extendió rápidamente desde Italia a todo el mundo y también dejó una huella profunda en muchos países de Asia. Hoy sigue dando frutos a través de miles de frailes, religiosas y miembros de la Tercera Orden Franciscana que, siguiendo las huellas del santo de Asís, viven su vocación en este vasto continente.
Ya en el siglo XIII, pocos años después de la muerte de Francisco, los frailes menores llegaron a Asia. Una de las figuras más importantes fue Juan de Pian del Carpine, enviado en 1245 por Inocencio IV como legado ante los mongoles. Su viaje hasta la corte del Gran Khan en Karakórum dio lugar a una de las primeras descripciones fidedignas del Imperio mongol y abrió una vía diplomática e informativa entre Europa y Asia. Pocos años después, Guillermo de Rubruk, originario de Flandes, realizó un viaje aún más exhaustivo (1253-1255), durante el cual vivió durante meses entre las poblaciones de Asia central. Con Juan de Montecorvino se llevó a cabo posteriormente el primer intento importante de establecer una presencia cristiana en China (finales del siglo XIII-principios del XIV): fundador de la comunidad católica de Beijing y primer arzobispo de la ciudad, tradujo textos litúrgicos y trató de construir una Iglesia local estable en el Extremo Oriente. Hacia 1321 un grupo de frailes formado por Tomás de Tolentino, Jaime de Padua, Demetrio de Tiflis y Pedro de Siena sufrió el martirio en Tana (Thane, cerca de Mumbai). Pero su sangre se convertiría en semilla de una presencia fecunda de la orden no solo en la India, sino también en muchos otros países de Asia.
De la huella dejada por los franciscanos quedan todavía numerosos signos visibles en todo el continente. Uno de los testimonios más antiguos es la iglesia de San Francisco de Asís en Goa, India. Su fundación data de 1517, mientras que el edificio actual se completó en 1661. Construida por los franciscanos portugueses, forma parte del conjunto monumental de iglesias y conventos de la antigua Goa, reconocido por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.
Aún más antigua es la iglesia de San Francisco de Kochi, en Kerala, fundada en 1503. Originalmente los franciscanos portugueses la construyeron en madera y barro y años después fue reconstruida en piedra; es considerada una de las iglesias europeas más antiguas de la India. Se la conoce sobre todo porque allí fue sepultado Vasco da Gama, quien falleció en Kochi en 1524. El navegante permaneció enterrado en la iglesia durante catorce años, hasta que sus restos fueron trasladados a Lisboa.
En Filipinas, el santuario de San Pedro Bautista, en San Francisco del Monte, en el área de Quezon City, se remonta a 1590. Fue fundado por el franciscano español Pedro Bautista, futuro mártir de Nagasaki. El santuario conserva la memoria de las primeras misiones franciscanas en el archipiélago e incluye una antigua gruta subterránea donde los frailes se recluían para orar y hacer silencio. En Manila también se encuentra la iglesia de Santa Ana, cuya misión fue fundada en 1578, mientras que el actual edificio de piedra data del período comprendido entre 1720 y 1725. Es significativa porque fue la primera misión franciscana establecida fuera de Intramuros, el corazón histórico de la capital filipina, centro del poder político y religioso durante la dominación española. De la misión de san Pedro Bautista en Japón se recuerda la iglesia de Santa María de los Ángeles, que éste construyó en Kioto en 1594 y que también incluía un hospital de 50 camas para enfermos necesitados. Los edificios fueron destruidos durante las persecuciones contra los cristianos, pero su recuerdo perdura en la historia de los mártires franciscanos de Japón.
En China - después del primer intento de Juan de Montecorvino, interrumpido a la fuerza por la llegada de la dinastía Ming, que erradicó aquella comunidad considerada "extranjera" - el lugar más importante vinculado hoy a la memoria del santo de Asís es la catedral de San Francisco de Xi'an, capital de la provincia de Shaanxi. Ejemplo extraordinario del encuentro entre Oriente y Occidente, fue construida en 1716, durante la primera época Qing, por un nuevo grupo de misioneros franciscanos italianos. El edificio combina ladrillos grises y tejados tradicionales chinos con elementos arquitectónicos occidentales y vidrieras de colores. Convertida en fábrica durante los años oscuros de la Revolución Cultural, fue reabierta al culto en la década de 1980. En 2016, la comunidad católica local celebró solemnemente su tercer centenario. En esa oportunidad, el obispo Antonio Dang Mingyan pidió a los frailes de Asís una reliquia de san Francisco, que fue enviada con gran alegría y que hoy es venerada por los fieles de Xi'an. "Espero que los católicos tomen como modelo la fe de san Francisco, viviendo con humildad y sencillez, buscando la paz y amando la naturaleza", dijo Mons. Dang Mingyan en esa oportunidad.
Un ejemplo reciente, pero sumamente significativo, del legado franciscano en Asia es la capilla católica coreana construida en la Joint Security Area (JSA), en la Zona Desmilitarizada (DMZ), a lo largo del paralelo 38, que marca la separación entre Corea del Sur y Corea del Norte. Esta pequeña capilla fue inaugurada en 2019 y es un lugar de oración por la paz y la reconciliación en la península coreana. Fue construida como una réplica de la Porciúncula, la diminuta capilla del siglo IV que hoy se encuentra dentro de la basílica de Santa María de los Ángeles, en Asís, donde san Francisco fundó la Orden Franciscana. Reproducir la humilde capilla de la "pequeña porción de tierra" en una de las fronteras militares más tensas del mundo constituye un mensaje de paz y humildad que transmite los valores predicados por el santo de Asís.
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