Phnom Penh (AsiaNews) - Los obispos católicos australianos han advertido a los fieles sobre el progresivo avance en el país de una política basada en la contraposición entre "nosotros y ellos", así como sobre una retórica cada vez más divisiva en torno a la inmigración y los valores nacionales. La advertencia de los prelados llega en un momento marcado por las divisiones y controversias en torno a la inmigración, el multiculturalismo y la participación en organismos internacionales, que hacen temer una erosión del tejido social. Entre los organismos internacionales cuestionados se encuentran instituciones de primer nivel como la ONU y la Organización Mundial de la Salud (OMS), que, según sus críticos, pueden perjudicar la reputación internacional del país y debilitar su "poder blando", es decir, su capacidad para influir en los asuntos regionales y mundiales.
El 7 de agosto pasado, la Conferencia Episcopal Católica Australiana (ACBC) publicó, por primera vez en sus 86 años de historia, una segunda Declaración sobre la Justicia Social en un mismo año, con el propósito de evitar "una sobrecarga de mensajes en un mundo cada vez más complejo". La publicación fue programada con vistas a la Jornada de Justicia Social de la Iglesia australiana, que se celebrará el 30 de agosto y dará comienzo a la Semana de la Justicia Social.
La declaración se centra en el creciente antisemitismo, la islamofobia y otras formas de racismo. "En los últimos tiempos, la sensación de poder vivir juntos en Australia en paz y armonía -lo que a veces se denomina ‘cohesión social’- se ha visto amenazada por una creciente polarización de las opiniones sobre cuestiones importantes, tanto en el ámbito político como en la sociedad", afirman los obispos. "Si bien no hay nada de malo en que las personas tengan opiniones divergentes y vean las cosas de manera diferente, lamentablemente esta polarización -prosigue la nota- ha ido acompañada de palabras duras, discriminación contra personas de determinadas religiones y razas e incluso espantosos actos de violencia".
"Desde hace algún tiempo -prosigue el documento de la Conferencia Episcopal Australiana-, nuestra sociedad asiste a un aumento alarmante del antisemitismo, la islamofobia y otras formas de racismo. La trágica masacre de 15 judíos perpetrada en Sydney en diciembre de 2025 marca una grave escalada de la violencia motivada por el odio y pone de manifiesto un preocupante deterioro de la seguridad de la comunidad y de la cohesión social". Se refiere a la masacre perpetrada en diciembre pasado en la famosa Bondi Beach de Sydney por un padre y su hijo musulmanes inspirados por el Estado Islámico (EI, ex ISIS), que causó un grave daño a la reputación internacional de Australia como sociedad tolerante y acogedora. A esto se suma una ola de antisemitismo, que incluye ataques incendiarios contra sinagogas y está teniendo el mismo efecto sobre la comunidad judía.
Organizaciones internacionales de derechos humanos, como Human Rights Watch (HRW) y Amnistía Internacional (AI), así como organismos que vigilan la situación de las comunidades de la diáspora, afirman que Australia ha registrado en los últimos años uno de los mayores aumentos porcentuales de hostilidad antisemita entre los países occidentales. Esto ha desencadenado un intenso escrutinio internacional sobre su estabilidad social y sus medidas de seguridad y ha perjudicado no solo su tradicional reputación como democracia multicultural, segura, tolerante y cohesionada, sino también su autoridad moral y su capacidad, reconocida a nivel mundial, para ejercer el "poder blando".
En realidad, la agresión de Bondi no es la única mancha reciente en esa imagen. También han afectado la reputación internacional del país el resultado de un referéndum de 2023 que rechazó una propuesta destinada a reconocer a los pueblos indígenas en la Constitución y crear un órgano consultivo nacional, a lo que se suma el trato que Australia dispensa a los refugiados y solicitantes de asilo. La Declaración sobre Justicia Social responde a un contexto marcado por el ascenso de Pauline Hanson, una líder política populista y contraria a la inmigración cuyas convicciones fundamentales reflejan las de Donald Trump, y por el auge de su partido de derecha One Nation. Hanson es una figura emergente que desafía cada vez más al Gobierno y a la oposición en las encuestas de opinión y cuyas declaraciones son ampliamente consideradas como un factor que alimenta la división.
El comunicado de los obispos no menciona a Hanson por su nombre, pero Mons. Tim Harris, que preside la Comisión Episcopal para la Justicia Social, la Misión y el Servicio -responsable de redactarla-, es un crítico declarado de Hanson. "Debemos asegurarnos -afirmó el prelado en vísperas de la publicación- de apoyar posiciones que valoren a las personas y les reconozcan la dignidad que merecen". "Sí, todos somos imperfectos, pero desde mi punto de vista -prosiguió-, no debemos abrazar el extremismo ni el populismo en ninguna de sus formas. Muchas declaraciones de Pauline Hanson y de los dirigentes de One Nation son estridentes y sacan lo peor de nosotros".
Darren Lim, profesor de la Escuela de Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional Australiana, advirtió que existe una diferencia entre obtener un fuerte apoyo en las encuestas e influir en la política. "Me preocuparía -explicó a AsiaNews- si su popularidad se tradujera en un alejamiento de Australia de las instituciones regionales, fuertes recortes de las ayudas o un abandono del multiculturalismo como principio sobre el que se organiza la sociedad australiana". "Estos factores -subrayó- afectarían a las relaciones y las redes a través de las cuales una potencia media como Australia ejerce efectivamente su influencia. Ella asocia las instituciones internacionales con la pérdida de soberanía y vincula la ayuda exterior con la afirmación de que las élites políticas se preocupan más por los extranjeros que por los australianos".
Jocelyn Chey, exdiplomática, académica e investigadora del Australian Institute of Foreign Affairs, advierte que el debate actual amenaza la posición del país ante el mundo, especialmente en Asia, una región de vital importancia. "Una parte significativa de la población está sufriendo una creciente discriminación por motivos raciales o religiosos", escribió en "Pearls and Irritations", un foro académico en línea publicado por el exdiplomático John Menadue. "Abordar este problema -prosigue Chey- es fundamental para mantener la credibilidad de la reputación internacional de Australia como sociedad abierta, tolerante e igualitaria. Un cuerpo diplomático diverso, dotado de competencias lingüísticas y conocimientos culturales, puede desenvolverse en contextos políticos complejos, especialmente en Asia y el Pacífico. La capacidad de presentarse como una nación diversa, acogedora e igualitaria -concluye la experta- fortalecerá la credibilidad de Australia en la escena internacional, especialmente cuando se trata de defender los derechos humanos y un comercio basado en reglas".


















