El impredecible gas de Turkmenistán

A pesar de sus enormes reservas, Asjabad nunca ha logrado encontrar suficientes compradores. China es el principal comprador de gas turcomano desde hace más de quince años, mientras que Europa vuelve a plantear la idea del gasoducto transcáspico para eludir a Moscú. Pero el Gobierno turcomano se decanta más bien por el TAPI hacia la India (pasando por Afganistán)

por Vladimir Rozanskij

Asjabad (AsiaNews) - Turkmenistán es uno de los mayores productores de gas del mundo, y su exportación es la base de la prosperidad del país, pero, a pesar de sus enormes reservas, Asjabad nunca ha logrado encontrar suficientes compradores. Una de las razones es el sistema de transporte de gas, poco desarrollado, y otra tiene que ver con los propios turcomanos, que a menudo modifican unilateralmente los términos de los acuerdos, lo que socava la confianza de sus socios. Los acuerdos suelen respetarse con países que compran grandes volúmenes de gas durante un largo periodo, como China, pero cuando no existe una fórmula rígida que imponga obligaciones a Asjabad, este se comporta de manera oportunista, como ocurrió con Irán y con los suministros a Turquía, que comenzaron el año pasado y se interrumpieron poco después.

Por la misma razón, Turkmenistán se muestra cauteloso respecto al gasoducto transcáspico, cuya construcción requerirá la coordinación de los suministros con varios países; pero, debido a esta misma imprevisibilidad, también el TAPI —un proyecto mucho más arriesgado que atraviesa Afganistán y Pakistán, en el que Asjabad está dispuesta a invertir casi en solitario— ya está suscitando dudas entre sus participantes.

China es el principal comprador de gas turcomano desde hace más de quince años, y cada año adquiere hasta 40.000 millones de metros cúbicos de gas. Actualmente, Turkmenistán recibe entre 335 y 340 dólares por cada mil metros cúbicos de este gas, un 30 % más que el precio del gas ruso para China. Se trata de un valor notablemente inferior a los precios de bolsa: el gas en el mercado cuesta hoy, de media, unos 700 dólares por mil metros cúbicos, pero el precio al contado es volátil, mientras que un contrato a largo plazo garantiza un volumen de venta asegurado para los próximos años y, por lo tanto, ingresos previsibles, aunque el precio sea inferior al máximo del mercado. Además, el precio de los contratos a largo plazo también varía en función del precio del petróleo, pero esto ocurre con cierto retraso; por ejemplo, el aumento del precio del petróleo provocado por el cierre del estrecho de Ormuz no se refleja de inmediato en el precio del gas, sino tras un nuevo cálculo, utilizando diversas fórmulas.

Rusia es desde hace tiempo otro importante comprador de gas turcomano; históricamente, se suministraba a Moscú a través del gasoducto soviético Centrasia, y en los primeros años tras la independencia, Asjabad simplemente no disponía de rutas alternativas. El precio del gas en aquella época no venía determinado por un índice de mercado, sino por la negociación directa: las partes acordaban un importe específico para un punto de entrega determinado. No fue hasta la década de 2000 cuando Moscú y Asjabad vincularon el precio del gas al del petróleo, pero en 2009 los precios del petróleo aumentaron considerablemente, y el gas turcomano empezó a costarle a Gazprom 375 dólares por cada mil metros cúbicos. El monopolista ruso del gas consideró este precio excesivamente alto e intentó renegociar las condiciones, pero los turcomanos se negaron.

En general, Rusia compraba gas turcomano no tanto para sí misma, sino para revenderlo a Europa a través de su propia red de transporte de gas. A partir de 2022, Europa dejó en gran medida de comprar gas a Rusia, por lo que comprar a Turkmenistán dejó de tener sentido. Sin duda, a Europa le gustaría comprar gas turcomano directamente, pero aún no existe un gasoducto alternativo que evite pasar por Rusia y, aunque se construyera uno, a juzgar por la experiencia de otros socios, Ashgabat se mostraría como un negociador muy difícil. Europa lleva promoviendo la idea de un gasoducto que evite pasar por Rusia desde finales de la década de 2000: este discurriría por el fondo del mar Caspio, llegaría a los países del Cáucaso Meridional y, a continuación, a través de Turquía, a Europa. El proyecto se denominó Gasoducto Transcaspio y se incluyó en la iniciativa más amplia del Corredor Meridional Europeo del Gas. Desde 2022, cuando la UE volvió a tener una necesidad urgente de suministros adicionales de gas, se ha relanzado el proyecto del mar Caspio. Azerbaiyán, que abastece a Europa de gas desde el yacimiento de Shah Deniz, no puede llenar el gasoducto por sí solo: necesita el gas turcomano.

Parecería que esto es exactamente lo que Turkmenistán soñaba: nuevos clientes y una menor dependencia de China, pero Ashgabat nunca ha mostrado el mismo interés por este proyecto que, por ejemplo, por el TAP, el gasoducto Turkmenistán-Afganistán-Pakistán-India, a pesar de que atraviesa el inestable y peligroso Afganistán. El problema radica en la propia estructura de los proyectos: en el TAPI, Asjabad es el principal propietario del gasoducto y negocia directamente con los compradores, sin intermediarios. La imprevisibilidad de Ashgabat no solo preocupa a Europa, y si Turkmenistán realmente espera diversificar sus exportaciones, tanto hacia los países vecinos como hacia mercados más lejanos como Europa u Oriente Medio, tendrá que llegar a compromisos, no limitarse a imponer sus propias condiciones. De lo contrario, no tendrá a nadie con quien negociar, salvo a China.


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