Familia y jóvenes: la alegría del amor en la JMJ de Seúl

El presidente de la Conferencia Episcopal, Mons. Ri Iong-Hoon, está participando en Roma en el encuentro convocado por León XIV y habla con AsiaNews sobre los desafíos que enfrentan las familias en Corea: "La Iglesia no puede limitarse a decir: cásense y tengan hijos. Escuchemos sus esperanzas y sus temores. Padres e hijos son sujetos de la evangelización".

por Elena Dini

Los presidentes de las conferencias episcopales de todo el mundo y los líderes de las Iglesias orientales están reunidos en estos días en Roma, por invitación del papa León XIV, para reflexionar —junto con algunos matrimonios y expertos— sobre el camino recorrido por la Iglesia en los diez años transcurridos desde la promulgación de la exhortación apostólica "Amoris laetitia". Para la Iglesia católica coreana, este momento de sinodalidad se entrelaza con el camino hacia la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Seúl, que se llevará a cabo en agosto del próximo año. Por este motivo, en la entrega de hoy de nuestra sección "Rumbo a Seúl", ofrecemos esta entrevista con Mons. Mathias Ri Iong-Hoon, obispo de Suwon y presidente de la Conferencia Episcopal Coreana, quien reflexiona sobre las transformaciones que vive actualmente la familia en Corea y sobre lo que la Iglesia coreana espera realmente de la próxima JMJ.

Mons. Ri Iong-Hoon, ¿qué representa la familia para la sociedad coreana? ¿Cuáles son los principales desafíos que afronta hoy su Iglesia en este ámbito?

"El espíritu familiar coreano se caracteriza por vínculos sólidos, responsabilidad mutua y solidaridad entre generaciones. La tradición establece que abuelos, padres e hijos se cuiden unos a otros, especialmente en los momentos difíciles. Aunque las estructuras familiares están cambiando debido a la urbanización, el individualismo y el aumento de los hogares unipersonales, este espíritu de cuidado recíproco sigue siendo importante.

Hoy, la Iglesia coreana debe afrontar desafíos importantes, como la caída de la natalidad, el envejecimiento de la población, la disminución de los matrimonios, la diversificación de las estructuras familiares y el debilitamiento de la transmisión de la fe entre generaciones. Debemos considerar a la familia no simplemente como objeto de atención pastoral, sino como sujeto de evangelización. Con respecto a lo que podemos compartir con la Iglesia universal, Corea aporta una experiencia de intensa vida comunitaria, participación de los laicos, formación en la fe centrada en la familia y solidaridad en los momentos de dificultad social.

¿Qué cambios ha observado en la vida familiar durante los últimos quince años en Corea? ¿Los jóvenes siguen sintiéndose atraídos por la idea de formar una familia?

"El cambio más significativo tiene que ver con la manera en que los jóvenes conciben el matrimonio y la vida familiar. El matrimonio ya no se considera una etapa natural de la vida, sino una opción entre muchas. Muchos jóvenes siguen deseando una relación afectiva estable, pero la incertidumbre económica, el costo de la vivienda, las dificultades laborales y los problemas financieros y prácticos relacionados con la educación de los hijos hacen que el matrimonio y la paternidad sean más difíciles.

Por eso, la Iglesia no puede limitarse a decirles a los jóvenes que se casen y tengan hijos. Primero debemos escuchar sus esperanzas, sus temores y las dificultades de la vida cotidiana. Debemos acompañarlos en el discernimiento de su vocación y ayudarlos a descubrir el significado del amor y la responsabilidad. Las parejas casadas tampoco deberían sentirse obligadas a afrontar solas todas las dificultades. Cuando la comunidad cristiana acompaña a las familias en su camino, el matrimonio puede redescubrirse no como una obligación social, sino como una vocación al amor, la responsabilidad y el crecimiento mutuo".

La reflexión sobre los diez años de la exhortación apostólica "Amoris laetitia" coincide para ustedes con los preparativos de la Jornada Mundial de la Juventud, que se celebrará el próximo agosto en Seúl. ¿Qué espera de este acontecimiento?

"Espero que sea mucho más que una gran concentración católica. Su lema, 'Tengan valor: yo he vencido al mundo' (Jn 16,33), se dirige de manera muy directa a los jóvenes que viven en la incertidumbre y afrontan numerosos desafíos con respecto al futuro. La elección de Corea como país anfitrión es especialmente significativa porque aquí conviven distintas religiones y culturas, y porque la península coreana sigue aspirando a la paz y la reconciliación. Por eso, espero que la JMJ se convierta en un espacio donde jóvenes de distintas culturas, naciones e incluso religiones puedan encontrarse, escucharse mutuamente y experimentar la solidaridad y la paz.

También espero que los jóvenes sean considerados no solo destinatarios de la atención pastoral, sino como protagonistas activos de la Iglesia. La JMJ no debería terminar como un simple evento: debería convertirse en un camino continuo que ayude a los jóvenes a regresar a sus comunidades con una fe, una esperanza y un valor renovados".

¿Cómo se están preparando los jóvenes católicos coreanos para este acontecimiento y qué esperan de él?

"Se están preparando para la JMJ de 2027 mediante la oración, la formación, el servicio y diversas formas de participación. Los jóvenes de la arquidiócesis de Seúl, de las demás diócesis y de las distintas comunidades católicas participan en la capacitación de voluntarios y en la preparación espiritual para recibir a jóvenes de todo el mundo.

Uno de los aspectos más importantes de esta preparación consiste en ayudar a los jóvenes a pasar de preguntarse '¿Qué puede hacer la Iglesia por mí?' a plantearse '¿Qué puedo hacer yo por la Iglesia y por el mundo?'. Queremos que descubran que no son simplemente participantes o voluntarios, sino miembros de la Iglesia, portadores de dones, con una responsabilidad y una misión.

Además, nuestros jóvenes esperan con ilusión encontrarse con jóvenes católicos de distintos países y culturas. A través de la oración, la amistad y el intercambio de experiencias, podrán descubrir que forman parte de una Iglesia universal. Sobre todo, espero que esta experiencia profundice su relación con Cristo y los ayude a continuar su camino de fe después de que termine la JMJ".

Los católicos son una minoría considerable en Corea. ¿Qué impacto cree que tendrá este acontecimiento en el conjunto de la sociedad?

"Aunque los católicos son una minoría en Corea, la JMJ de Seúl de 2027 puede convertirse en una importante oportunidad de encuentro entre la Iglesia y la sociedad coreana. Jóvenes de muchos países entrarán en contacto con las familias, las comunidades, la cultura, la historia y la vida cotidiana de Corea. Por eso, la JMJ debería involucrar no solo a los católicos, sino también a las comunidades locales, las escuelas, las instituciones públicas, los voluntarios y las personas de otras tradiciones religiosas.

La sociedad coreana vive hoy distintas divisiones relacionadas con la edad, el nivel social, los valores y la ideología. En este contexto, la hospitalidad, el diálogo, la solidaridad y la paz que se vivan durante la JMJ pueden ofrecer un ejemplo significativo de cómo personas de distintos contextos pueden convivir y trabajar juntas.

Creo que el legado más importante de la JMJ no será su magnitud ni su impacto económico, sino las personas que regresen a sus hogares con un respeto más profundo por los demás, una mayor sensibilidad hacia quienes sufren y un compromiso renovado con el diálogo y la paz. En este sentido, el verdadero legado de la JMJ serán las personas, no simplemente un evento".

¿Cuál es la situación de las relaciones ecuménicas e interreligiosas en su país?

"En Corea, la Iglesia católica desarrolla su compromiso ecuménico junto con la Iglesia ortodoxa y las distintas Iglesias protestantes. A través del Consejo Cristiano de Fe y Constitución, todos los años organizamos encuentros de oración por la unidad de los cristianos y promovemos el diálogo teológico, foros, programas educativos y peregrinaciones. Estos encuentros nos ayudan a aprender unos de otros y a fortalecer nuestro sentido de fraternidad como cristianos.

El diálogo interreligioso también es muy activo. El catolicismo, el protestantismo, las distintas corrientes del budismo, el confucianismo, el cheondogyo y otras tradiciones religiosas se reúnen a través de organizaciones como la Conferencia Coreana de Religiones por la Paz y el Consejo Coreano de Líderes Religiosos. Organizamos intercambios culturales, peregrinaciones, debates académicos y actividades conjuntas en favor del bien común.

Naturalmente, el diálogo debe ir más allá de los encuentros institucionales y convertirse en parte integrante de la vida de la gente común. Debemos profundizar en lo que yo llamaría 'amistad espiritual': respetar cada tradición, aprender unos de otros y trabajar juntos por la paz, la dignidad humana y el bien común, sin dejar de ser fieles a nuestra propia identidad".

El papa León será el tercer pontífice que visita Corea del Sur. Cuando el papa Francisco viajó al país en 2014, clausuró la Sexta Jornada Asiática de la Juventud presidiendo la beatificación de 124 mártires coreanos. ¿Qué importancia tiene el martirio en la identidad de los jóvenes coreanos de hoy?

"Los mártires coreanos siguen siendo una raíz importante de la identidad de la Iglesia coreana. Abrazaron libremente la fe y se mantuvieron fieles a Cristo incluso a costa de sus vidas. Su testimonio recuerda a los jóvenes de hoy que la fe no es simplemente algo que heredamos, sino algo que debemos elegir libremente y vivir.

Por supuesto, los jóvenes de hoy no sufren la misma persecución que padecieron los mártires. Sin embargo, se enfrentan a interrogantes importantes: ¿qué valores elegiré?, ¿qué tipo de persona quiero ser?, ¿qué estoy dispuesto a sacrificar por los demás? En este sentido, el espíritu del martirio puede vivirse hoy a través de las decisiones cotidianas: mantenerse fieles al Evangelio, defender la dignidad humana, perdonar a los demás, cuidar de los pobres y marginados y anteponer el amor al interés personal.

Por eso, los mártires no deben quedar relegados al pasado. Especialmente ahora, mientras nos preparamos para la JMJ de Seúl de 2027, espero que los jóvenes se pregunten: '¿Qué significa la fe para mí y por qué cosas estoy dispuesto a vivir?'. De esa manera la tradición de los mártires coreanos puede convertirse en una fuente viva de fe, valor, amor y esperanza para el futuro".


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