Seúl: una escuela para niños norcoreanos, atrapada entre las dos Coreas

El centro, que lleva veinte años buscando una sede permanente, se enfrenta a las protestas de los vecinos de Gangseo. Las llegadas desde el Norte se encuentran en su nivel más bajo de los últimos años, pero debido a las tensiones provocadas por la explosión de las minas y el traslado de dos soldados norcoreanos desde Ucrania, Seúl tiene dificultades para reanudar el diálogo con Pionyang.

Seúl (AsiaNews) - Algunos vecinos de Seúl se oponen a que se cree una escuela permanente para los niños que han huido de Corea del Norte o para los hijos de los disidentes. Durante una reunión convocada en el barrio de Gangseo para debatir el proyecto, la directora de la escuela afirmó entre lágrimas que los niños —que actualmente suman 100 alumnos— «no tienen otro sitio adonde ir». Por el momento, viven en pequeños grupos en diferentes instalaciones de la capital y no forman una comunidad concentrada en Gangseo, pero algunos vecinos temen que se cree un «barrio de desertores» que pueda suponer un riesgo para la seguridad. En realidad, no hay datos que respalden esta tesis. Al contrario, en los últimos tres años no se han producido episodios de violencia ni delitos cometidos por los alumnos.

Fundada en 2004, la escuela ya ha cambiado de sede tres veces en más de veinte años y, desde marzo de 2023, ocupa temporalmente el edificio de la antigua escuela primaria Yeomgang, en Gangseo. El contrato de alquiler vencerá en febrero de 2027 y, en julio, el Ministerio de Unificación, el departamento de Educación de Seúl y el Grupo Hyundai Motor llegaron a un acuerdo para construir una sede permanente en el mismo emplazamiento. Hyundai ha prometido unos 6.000 millones de wones, equivalentes a más de 4 millones de dólares, para un proyecto cuyo coste total asciende a 16.000 millones de wones.

El descenso en la llegada de disidentes

Se espera que el proyecto permita a la escuela permanecer en la misma sede al menos durante varias décadas, pero ha reavivado el conflicto con una parte de los vecinos, a pesar del continuo descenso en la llegada de disidentes norcoreanos. En los primeros seis meses de 2026 solo llegaron 63, de los cuales 59 eran mujeres y cuatro hombres, frente a los 96 del mismo periodo de 2025. El número total de norcoreanos que han llegado al Sur para ser reasentados asciende ahora a unas 34 600 personas. 

Cifras que se sitúan casi al nivel de los años de la pandemia y que, según el Ministerio de Unificación, se deben al refuerzo de los sistemas de vigilancia a lo largo de la frontera entre Corea del Norte y China. Tras el pico de más de 2.900 llegadas registrado en 2009, las fugas se mantuvieron por encima de las mil al año durante gran parte de la década siguiente. Posteriormente descendieron durante la pandemia de COVID-19 y, a pesar de una recuperación parcial, en 2023 las llegadas fueron solo 196, 236 en 2024 y 224 en 2025.

Las recientes dificultades para restablecer las relaciones: desde las minas…

El descenso de las deserciones coincide con un cambio profundo en la forma en que Pionyang describe sus relaciones con Seúl. A principios de septiembre se hizo público por primera vez el texto completo de los estatutos del Partido de los Trabajadores de Corea del Norte, actualizados en 2024 y modificados de nuevo en 2026. En el documento ya no aparece la referencia a la «reunificación pacífica» y se confirma la definición de las dos Coreas como Estados hostiles.

La decisión de Pionyang choca con la línea declarada por el actual Gobierno surcoreano, liderado por el presidente Lee Jae-myung, quien ha reiterado en varias ocasiones su voluntad de reducir las tensiones y crear las condiciones para reanudar el diálogo tanto con Corea del Norte como con Estados Unidos. Hasta ahora, Lee siempre ha preferido un enfoque conciliador hacia Pionyang, pero en las últimas semanas las tensiones se han reavivado a raíz de la explosión de varias minas en la zona desmilitarizada, que hirieron a tres soldados surcoreanos mientras trabajaban en la apertura de una nueva ruta de patrulla, una situación que está poniendo en apuros al presidente demócrata ante las críticas de los conservadores, partidarios de un enfoque militar más duro. 

Una investigación llevada a cabo por el ejército surcoreano junto con el Mando de las Naciones Unidas ha concluido que las pruebas disponibles indican que la explosión fue provocada por minas antipersona colocadas por Corea del Norte. Sin embargo, algunos expertos han señalado que la frontera no está claramente delimitada en muchos puntos, y que también existe la posibilidad de que el ejército norcoreano haya colocado las minas en el lugar donde explotaron no como una provocación deliberada, sino porque creía encontrarse en su propio territorio. 

Seúl ha calificado el episodio de violación del armisticio de 1953, mientras que Pionyang ha rechazado la acusación. Kim Yo-jong, hermana del dictador Kim Jong-un, ha calificado las conclusiones surcoreanas de «farsa» y ha advertido de que las fuerzas norcoreanas reaccionarán si Seúl abre fuego contra los militares que participan en las obras de fortificación de la frontera. Ayer, 30 de septiembre, el Estado Mayor surcoreano pidió a Pionyang que cesara inmediatamente dichas actividades, alegando que están aumentando las tensiones en la península, pero, una vez más, las peticiones de Seúl han sido rechazadas por el Norte. 

También hoy, durante el Día de las Fuerzas Armadas, Lee ha reiterado que Seúl seguirá buscando medidas para reducir las tensiones y ha invitado a Pionyang a restablecer el diálogo. 

…a los soldados norcoreanos en Ucrania

Pero la distancia entre las dos Coreas se mide ahora también más allá de la península, en distintos contextos de conflicto que, sin embargo, forman parte de esa «tercera guerra mundial a pedazos» a la que suele referirse el papa Francisco. A mediados de septiembre, Corea del Sur acogió a dos soldados norcoreanos capturados por Ucrania en la región rusa de Kursk, donde combatían junto a las fuerzas rusas. El traslado, anunciado por el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky ante la Asamblea General de la ONU, se produjo después de que los dos militares hubieran expresado su deseo de ser trasladados al Sur.

Ambos hombres están ahora sometidos a los trámites previstos por las autoridades surcoreanas para los norcoreanos que llegan al país, a la espera de que se decida sobre su posible reasentamiento. Según informó ayer, 30 de septiembre, el Servicio Nacional de Inteligencia (NIS) al Parlamento de Seúl, los dos llegaron a Corea del Sur a mediados de septiembre y no presentan problemas de salud relevantes. Los servicios de inteligencia precisaron además que fue Ucrania, ya en las primeras fases de las negociaciones, quien solicitó que el traslado se mantuviera en secreto, debido a las posibles consecuencias en las posteriores negociaciones para el intercambio de prisioneros. Un representante de la presidencia ucraniana ha negado la existencia de un acuerdo de este tipo. Seúl ha pedido a Kiev explicaciones y disculpas oficiales, y ambos Gobiernos siguen en contacto sobre este asunto.

El NIS informó además de que Zelensky podría haber hecho público el asunto también con la esperanza de obtener apoyo militar por parte de Corea del Sur en la guerra contra Rusia. Según el diputado Yoo Yeong-ha, que transmitió a la prensa lo surgido de la sesión informativa del NIS, Ucrania no había puesto como condición para el traslado un compromiso de Seúl en el suministro de armas a Kiev.


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