Moscú (AsiaNews) - En una fase crítica de la economía rusa debido a la guerra con Ucrania, que se prolonga sin visos de concluir, también la Iglesia ortodoxa reflexiona sobre las cuestiones económicas. En una entrevista con la agencia Tass, publicada también en la página web del Patriarcado de Moscú, Ilja Kuzmenkov, vicepresidente del Departamento sinodal para las relaciones entre la Iglesia y la sociedad, ha abordado la relación entre religión y economía, el motivo por el que la economía no es autosuficiente, cómo se relacionan los principios bíblicos con el espíritu emprendedor, la competencia y el amor activo, y si la ética ortodoxa puede existir en una economía de mercado.
Recuerda que estudió en la Facultad de Relaciones Económicas Internacionales del Mgimo, la universidad rusa para diplomáticos, donde, en una de las primeras clases, el profesor dijo que «para muchos, la economía es solo matemáticas y leyes económicas objetivas, pero la economía es, ante todo, relaciones entre personas». Si se contempla la economía desde esta perspectiva, «entonces surge una ley moral, surge la cuestión ética, y donde hay una cuestión ética, una cuestión de elección moral, surge también un contexto religioso; surgen cuestiones de fe y de valores a la hora de tomar decisiones, tanto macroeconómicas como microeconómicas». La economía debe verse y entenderse en el contexto general de la civilización y de sus valores fundamentales.
Recurrir a las Sagradas Escrituras como si fueran un manual de economía no es, obviamente, del todo correcto, pero «el tema de la economía en sí mismo no es ajeno a los autores de las Sagradas Escrituras». Hoy en día se recurre a los valores tradicionales en muchos ámbitos de la vida: en la cultura, en la familia, en las relaciones sociales; y también en economía hay dos temas fundamentales para los valores conservadores: el de la propiedad y el de la libertad. «Dios creó al hombre libre y le concedió el libre albedrío, es decir, la capacidad de tomar sus propias decisiones y de hacer elecciones morales, y para los sistemas económicos el concepto de libertad es una categoría muy importante», observa Kuzmenkov.
La Iglesia Ortodoxa Rusa lleva mucho tiempo considerando seriamente la idea de una interacción regular entre la Iglesia, el Estado y las empresas. En 2009, por decisión del patriarca Kirill, se designó a Josif de Volokolamsk como patrón de la empresa rusa; este, a finales del siglo XV, definía a la Iglesia como «fundadora del Estado» y «desarrolló una amplia y muy eficaz actividad económica en los monasterios». El economista recuerda: «Gracias a su diligencia, se creó por primera vez en Rusia un eficiente sistema de apoyo social, que no se limitaba a repartir limosnas a los necesitados, sino que también acumulaba ingentes reservas de trigo y las distribuía a los campesinos para la siembra durante los años difíciles».
La Fundación Delo vo Vera (« Trabajar en nombre de la fe») colabora directamente con el patriarcado y promueve activamente a los santos de la Iglesia Ortodoxa Rusa que fueron empresarios de éxito antes de la Revolución, posteriormente glorificados como santos —algunos como mártires y confesores—, y demuestran que «la actividad empresarial no contradice la posibilidad de ser no solo cristianos, sino de abrazar el camino de la vida santa».
Kuzmenkov hace referencia al documento sobre los «Fundamentos de la doctrina social de la Iglesia Ortodoxa Rusa», adoptado por el Sínodo jubilar de los obispos ortodoxos rusos en agosto de 2000, que contiene apartados sobre el trabajo, la propiedad y la dimensión moral de la economía.
Al compararlo con los bancos islámicos, el experto afirma que «no puede existir un banco ortodoxo en el que los tipos de interés y otras categorías y normas económicas estén determinados por normas religiosas… intentar sustituir la ley del amor por una serie de procedimientos bancarios es algo profundamente ajeno a la ortodoxia». Por otra parte, sin el conocimiento y la comprensión de las leyes morales y de la historia del Evangelio, «las personas modernas están en gran medida desprevenidas, incluso en ciertos aspectos, como en lo que respecta a la gestión empresarial».
En conclusión, Kuzmenkov afirma que «es importante que la formación económica, siempre que sea posible, incluya el estudio de la ley de Dios, al menos de una forma adecuada para la comprensión empresarial. La clase empresarial es una de las más reflexivas y versátiles de la sociedad. Para dirigir una empresa, hay que ser tanto especialista como gestor, tener sensibilidad hacia las personas y una visión de futuro». Los empresarios suelen ser líderes personales, y si una persona así une el liderazgo a una profesión de fe y se convierte en instrumento de la misión cristiana, ello resulta muy beneficioso e importante para toda la sociedad.



















