Nueva Delhi (AsiaNews) - El tráiler de Chauhaan, una nueva película de acción india, termina con un manifestante cachemir con los ojos ensangrentados. Un instante antes, un oficial del ejército indio —interpretado por el actor Ajay Devgn— afirma que las fuerzas armadas no tienen ninguna responsabilidad y que las escopetas de perdigones que utilizan solo causan “daños limitados”. La escena está ambientada en 2016 en Pulwama, escenario de violentos enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad indias y los activistas locales. Una vez más, una película ha vuelto a encender en la India el debate sobre la narrativa de los acontecimientos relacionados con la región de Cachemira, de mayoría musulmana; pero otras películas recientes también muestran las dificultades de Delhi para construir el relato sobre los movimientos independentistas.
El recuerdo de la violencia en Cachemira
El tráiler de Chauhaan —que se difundió el 25 de junio con vistas al estreno de la película en octubre de 2027— narra los enfrentamientos que siguieron a la muerte de un militante local en julio de 2016, lo que desencadenó protestas generalizadas contra el gobierno indio en toda la región. En los siete meses posteriores, más de 6.000 personas resultaron heridas por escopetas de perdigones y 782 sufrieron lesiones oculares. Amnistía Internacional ha documentado al menos 14 muertes relacionadas con el uso de estas armas desde que fueron introducidas en 2010 por las fuerzas del orden. Su introducción había sido aprobada precisamente para responder a las protestas que estallaron tras la muerte, también a manos de las fuerzas de seguridad indias, de un adolescente cachemir.
Algunos observadores sostienen que, tras la derogación del estatuto de semiautonomía de Cachemira en 2019, la industria de Bollywood ha promovido narrativas cada vez más cercanas a las posiciones del actual gobierno ultranacionalista liderado por el Bharatiya Janata Party (BJP), al que pertenece el primer ministro Narendra Modi. En 2022, por ejemplo, la película Kashmir Files, que reconstruye el éxodo de los pandits cachemires en 1990, recaudó más de 7 millones de euros en una semana gracias también a un paquete de incentivos estatales, porque los Estados gobernados por el BJP concedieron la exención del impuesto sobre las entradas y otorgaron días de permiso a los empleados públicos que quisieran ir a verla al cine.
En Punjab, en cambio, censuran una película
A 2.000 kilómetros de distancia, en la región de Punjab, otra película ha corrido una suerte opuesta. Satluj —estrenada con el título de Punjab 95 después de tres años de censura y de que el organismo de revisión exigiera casi 130 cortes, que fueron rechazados por los productores— reconstruye la vida de Jaswant Singh Khalra, un empleado bancario de Amritsar que en la década de 1990 comenzó a investigar la desaparición de un amigo y de la madre de este, y descubrió miles de casos similares. Sus investigaciones lo llevaron a afirmar que la policía había incinerado secretamente casi 25.000 cuerpos, sin informar a las familias ni seguir ningún procedimiento legal. Esa práctica formaba parte de la represión contra el movimiento separatista sij, que reclamaba la creación de una región independiente llamada Jalistán, un tema que todavía genera problemas al gobierno indio. Khalra fue secuestrado en su casa el 6 de septiembre de 1995 y nunca más volvió a aparecer. Actualmente, cinco policías cumplen cadena perpetua por su asesinato.
Dirigida por Honey Trehan e interpretada por Diljit Dosanjh, la película se estrenó el 3 de julio en la plataforma de streaming ZEE5, después de que los productores rechazaran los cortes impuestos por la censura india. Fue retirada apenas 48 horas después por motivos de seguridad que las autoridades nunca especificaron. Mientras tanto, un comité constituido por el gobierno para revisar el caso ratificó la prohibición, considerando que la película atenta contra la soberanía nacional. Sin embargo, la medida no impidió que la película siguiera circulando en otras plataformas. En las aldeas de Punjab, los patios de los templos sij se han transformado en cines improvisados, y se han organizado proyecciones similares en las comunidades de la diáspora sij en Londres, Nueva York y Toronto. Son precisamente las comunidades sij en el exterior las que con mayor frecuencia apoyan la causa de un Jalistán independiente..
Una nueva incriminación por el asesinato de Hardeep Singh Nijjar
El 7 julio pasado, el Departamento de Justicia de Estados Unidos acusó formalmente a Lawrence Bishnoi, jefe de la organización criminal más poderosa de la India, y a su mano derecha, Satinderjeet Singh, alias “Goldy Brar”, por el asesinato de Hardeep Singh Nijjar, dirigente sij muerto a tiros el 18 de junio de 2023 frente al templo que presidía en Surrey, Canadá. La acusación forma parte de una operación internacional coordinada por Estados Unidos, Canadá y Europa, en la que fueron imputadas un total de 37 personas vinculadas a tres organizaciones criminales indias, acusadas de secuestros, extorsiones y tráfico de armas y de drogas, así como de asesinatos por encargo. Bishnoi ya se encuentra detenido en la India por otros delitos, mientras que Singh sigue prófugo.
El asesinato de Nijjar, tradicional defensor de la causa independentista sij, ya había provocado una crisis diplomática entre Ottawa y Delhi, que hoy parece superada. Pocos meses después de la muerte de Nijjar, el entonces primer ministro canadiense Justin Trudeau afirmó que existían acusaciones creíbles sobre la implicación de los servicios de inteligencia indios, que fueron rechazadas con firmeza por el gobierno de Narendra Modi. Ambos países llegaron a expulsar a sus respectivos representantes diplomáticos y, en septiembre del año pasado, Canadá incluyó a la banda de Bishnoi en la lista de organizaciones terroristas, acusándola de actuar como instrumento de intimidación contra opositores sij en el exterior —muchos de los cuales residen en Canadá— por encargo de la inteligencia india.
Sin embargo, la acusación formal del 7 de julio evita involucrar al gobierno indio. Un portavoz de la policía canadiense declaró que las conclusiones del Departamento de Justicia de Estados Unidos son compatibles con la hipótesis de que el asesinato fuera obra exclusiva de la banda Bishnoi. La aclaración se produce en un momento en que las relaciones entre ambos países, congeladas hasta 2024, se están normalizando bajo el mandato del nuevo primer ministro canadiense Mark Carney, quien asumió el cargo en marzo de 2025.
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