Nueva Delhi (AsiaNews) - Miles de personas volvieron hoy a las calles en Nueva Delhi para continuar las protestas contra el gobierno, al día siguiente de los enfrentamientos con la policía que dejaron decenas de heridos. Desafiando la prohibición impuesta por las autoridades, los estudiantes —que en poco tiempo han conseguido el apoyo de un sector cada vez más amplio de la población urbana, incluido el de la Iglesia local— intentaron ayer llegar al Parlamento cuando se estaba llevando a cabo la apertura de la sesión monzónica, el principal acontecimiento legislativo del año.
Al frente de la movilización está el Partido Popular de las Cucarachas (Cockroach Janta Party, CJP), un movimiento juvenil que nació en las redes sociales como una forma de sátira política. En un primer momento, las manifestaciones exigían la dimisión del ministro de Educación, Dharmendra Pradhan, por los escándalos relacionados con las reiteradas filtraciones de los exámenes públicos, en los que cada año participan millones de jóvenes con la esperanza de conseguir un empleo estable en un país que desde hace tiempo registra elevadas tasas de desempleo juvenil.
Sin embargo, en las últimas semanas, las demandas de un cambio en el ministerio se han transformado en una protesta mucho más amplia, y ahora en el punto de mira de los manifestantes se encuentra no solo el gobierno encabezado por el primer ministro Narendra Modi, sino también todo el sistema institucional que, a los ojos de muchos jóvenes, resulta cada vez menos transparente, meritocrático y capaz de garantizar la igualdad de oportunidades.
Las manifestaciones de ayer
Ayer, lunes 20 de julio, las calles que rodean Jantar Mantar, el tradicional lugar de protestas en Delhi, estaban repletas de jóvenes que llevaban máscaras de cucaracha y agitaban copias de la Constitución india. Cuando algunos grupos intentaron superar los cordones de seguridad para dirigirse hacia el Parlamento (continuando la “Sansad Chalo”, literalmente la “marcha hacia el Parlamento”), la Rapid Action Force, la unidad antidisturbios de la policía (ya acusada de violencia en un documental que fue censurado en la India), intervino con gases lacrimógenos y porras, al tiempo que el gobierno ordenó el bloqueo de la red móvil en todo el distrito de la capital. Según los organizadores, cerca de 170 manifestantes resultaron heridos, mientras que la policía afirma que más de 100 agentes sufrieron lesiones durante los enfrentamientos.
El activista de derechos humanos Harsh Mander declaró que los abogados de su organización, Karwan-e-Mohabbat, brindaron asesoramiento a numerosos estudiantes "brutalmente golpeados" y retenidos en comisarías de la capital. Según relató, los letrados pasaron toda la noche prestando asistencia a los jóvenes detenidos, muchos de los cuales se encontraban “traumatizados y aterrorizados”.
Posteriormente, una delegación del movimiento se reunió con el presidente del Bharatiya Janata Party (BJP), el partido ultranacionalista hindú al que también pertenece el primer ministro Modi, pero el encuentro concluyó sin resultados. “Fue una pérdida de tiempo”, declaró el portavoz Ashutosh Ranka, quien reiteró que la sentada continuará hasta que el ministro Pradhan presente su renuncia y se introduzcan reformas estructurales en el sistema educativo.
Las razones de las protestas
El Cockroach Janta Party no es, al menos por ahora, un partido político propiamente dicho, sino un movimiento que ha dado voz al descontento de los jóvenes indios. En mayo, un juez de la Corte Suprema se había referido a los jóvenes desempleados como “cucarachas”, y a partir de ese momento el insulto se convirtió en un símbolo de identidad. El movimiento nació en las redes sociales —al principio casi como una broma— gracias a la iniciativa de Abhijeet Dipke, consultor de comunicación graduado en la Universidad de Boston y residente en Estados Unidos. En poco tiempo, el CJP reunió millones de seguidores en las redes sociales, hasta que el gobierno bloqueó su cuenta de X (antes Twitter). Dipke regresó entonces a la India, donde comenzó a organizar las movilizaciones callejeras, que han ido ganando cada vez más apoyo en las últimas semanas, en un proceso similar al de otras protestas juveniles del sur de Asia que en los últimos años provocaron cambios de gobierno en Sri Lanka, Bangladés y Nepal. En todos estos casos fueron los jóvenes de la generación Z, apoyados por amplios sectores de la población, quienes exigieron el fin de la corrupción y el nepotismo en las instituciones del Estado.
En la India las protestas se desencadenaron tras una nueva filtración de información durante un examen público. El escándalo más reciente se produjo en relación con el NEET-UG, el examen nacional de acceso a las facultades de Medicina, al que cada año se presentan más de dos millones de aspirantes.
El apoyo de Sonam Wangchuk
Las protestas adquirieron dimensión nacional gracias al apoyo de Sonam Wangchuk, conocido ingeniero y activista ambiental de Ladakh, que se unió a los estudiantes el 28 de junio e inició una huelga de hambre indefinida. Wangchuk declaró que solo pondría fin al ayuno si el gobierno asumía su responsabilidad política por la crisis del sistema educativo o si el Parlamento se comprometía formalmente a abordar el problema.
Esta no es la primera vez que este hombre de 59 años se enfrenta al gobierno de Narendra Modi. En 2024 había encabezado una larga marcha desde Ladakh hasta Delhi y llevó a cabo dos huelgas de hambre para reclamar mayores garantías constitucionales para la región del Himalaya y un modelo de desarrollo que no comprometa su frágil equilibrio ambiental. Su presencia ha dado mayor credibilidad a la protesta estudiantil y atrajo el apoyo de los partidos de la oposición y de diversas personalidades del mundo del espectáculo.
Su estado de salud se ha deteriorado en los últimos días. Tras casi tres semanas de ayuno a base de agua y sal, durante las cuales perdió nueve kilos, el 18 de julio Wangchuk fue trasladado a la fuerza por la policía al hospital Safdarjung de Delhi, donde continúa la huelga de hambre. Su esposa, Gitanjali Angmo, sostiene que el activista se encuentra retenido contra su voluntad para impedir que regrese con los manifestantes. Ayer, el Tribunal Superior de Delhi rechazó examinar por la vía de urgencia un recurso que solicitaba declarar ilegal su traslado, y se limitó a ordenar al hospital que presentara un informe detallado sobre su estado de salud.
En qué se diferencia esta protesta
A diferencia de otras movilizaciones anteriores que el gobierno logró desacreditar presentándolas como la expresión de minorías específicas —desde las protestas contra la ley de ciudadanía, descritas como iniciativas de la comunidad musulmana, hasta las de los agricultores, acusados de simpatizar con los separatistas sijs—, esta vez los protagonistas son principalmente estudiantes y jóvenes que buscan trabajo, procedentes de contextos sociales, religiosos y geográficos muy diversos. Precisamente esa heterogeneidad hace más difícil vincular el movimiento con una única afiliación política o identitaria. Los mismos organizadores insisten en el carácter rigurosamente pacífico de sus acciones, y exhortan a los participantes a evitar cualquier gesto que pueda ofrecer un pretexto al gobierno para presentar las protestas como violentas o antinacionales.
Varios participantes explicaron además que decidieron salir a las calles porque consideran que los canales democráticos tradicionales ya no son capaces de ofrecer respuestas. Incluso el nacimiento del Cockroach Janta Party refleja, según muchos jóvenes, una creciente desconfianza en el poder judicial, los medios de comunicación y los partidos políticos tradicionales, a los que se considera incapaces de afrontar una crisis que afecta a millones de jóvenes.
La Iglesia y la oposición
El sacerdote jesuita George Mutholil ha invitado a los jóvenes cristianos de la India a participar en el debate público “con sentido de responsabilidad social” para contribuir a la construcción de “una nación más equitativa, justa y fraterna”. “¿Hay espacio para que también los jóvenes cristianos de la India se comprometan en formas creativas de protesta y participen en el debate público sobre la justicia y el trabajo?”, se preguntó el sacerdote, retomando muchos de los temas centrales de la movilización.
Rahul Gandhi, líder del Congress Party, la principal fuerza de oposición, aprovechó la oportunidad para atacar al gobierno de Modi, afirmando que las demandas de los estudiantes son “legítimas” y acusando al primer ministro de ser “el jefe de gobierno más hostil a los jóvenes en la historia de la India”. Para el gobierno esta es una situación inédita, que, según algunos analistas locales, él mismo contribuyó a crear al reprimir la sátira en las redes sociales y recurrir a una dura represión policial. Resulta difícil imaginar que la dimisión del ministro de Educación Pradhan sea suficiente para poner fin a las protestas.

















