Nepal después de la catástrofe. La ruta por Mustang

Como resulta imposible utilizar el valle del Bothekoshi, la única ruta comercial actualmente abierta con China cruza por el paso de Kora-la, a 4.650 metros de altura. Beijing presiona para que se lleven a cabo grandes obras de infraestructura. Hasta ahora, Katmandú ha preservado el medio ambiente y la identidad del altiplano, que algunos identifican con el mítico Shangri-La.

por Stefano Vecchia

Katmandú (AsiaNews) - Las autoridades nepalesas intentan superar el cataclismo que el 26 de agosto azotó el valle del río Bothekoshi, en la región de Lantang, y destruyó el puesto fronterizo con la Región Autónoma del Tíbet y la principal ruta de tránsito comercial con China, Rasuwagadhi/Gyirong.

La devastación deja a Nepal pocas opciones, al menos en lo que respecta al intercambio comercial. Según los expertos, podrían pasar años antes de que se puedan reanudar las operaciones en Rasuwagadhi, no solo por la magnitud de los daños -que se extienden a carreteras e infraestructuras a lo largo del río y más allá de su confluencia con el majestuoso Trishuli-, sino también por el riesgo constante de nuevos desastres en la zona.

La única alternativa transitable para los vehículos comerciales se encuentra mucho más al este, en el paso de Tatopani, al que normalmente se llega a través de un desfiladero escarpado y geológicamente inestable. Sin embargo, desde el 29 de agosto las autoridades chinas también cerraron este paso al comercio transfronterizo debido al riesgo de deslizamientos de tierra en el lado nepalí. El tercero y último paso fronterizo entre ambos países que todavía permanece operativo es el de Kora-la, en Mustang, cuyo uso es limitado tanto por su altitud, de 4.650 metros, como por las interrupciones estacionales provocadas por las nevadas y el frío intenso, que además se aproxima.

Como señaló acertadamente Ram Hari Karki, presidente de la Nepal Trans Himalaya Border Commerce Association, "Kora-la se encuentra a más de 400 kilómetros de Katmandú y presenta dificultades relacionadas con el terreno accidentado y la gran altitud. Puede permanecer operativo como máximo un mes más". El ascenso al Kora-la desde el lado nepalí es prohibitivo para los vehículos pesados en su tramo inicial desde la gran ciudad de Pokhara, por una ruta sinuosa y estrecha dominada por picos que incluyen dos cumbres de 8.000 metros -el Annapurna y el Dhaulagiri-, en cuyas laderas las crecidas repentinas de los torrentes y los deslizamientos de tierra ya constituyen una amenaza constante durante buena parte del año. En el tramo del altiplano, las carreteras más anchas, pero sin pavimentar, atraviesan continuas subidas y bajadas, siempre cerca o por encima de los 4.000 metros, que ponen a prueba tanto a los vehículos como a los conductores.

Desde hace tiempo, Beijing, que en su lado del paso ha construido un centro logístico para el intercambio comercial, presiona a las autoridades nepalesas para que abran una ruta que solo sería posible mediante grandes obras de infraestructura a lo largo de todo el recorrido. El proyecto consiste en transformar en una autovía la antigua ruta de caravanas y peregrinaciones que, hasta hace cuarenta años, atravesaba la región y estaba vedada incluso a los no nepaleses, con el fin de preservar su identidad tibetana -budista y agropastoral-, así como de proteger su territorio. Esa nueva vía podría llegar incluso hasta la India.

El limitado flujo transfronterizo resulta útil para las poblaciones cercanas a la frontera durante los períodos en que el clima lo permite. Lo mismo ocurre con la afluencia de visitantes extranjeros por el único lado nepalés, donde se aplican cupos y se cobran precios elevados. Por eso hay una fuerte oposición a la apertura de Mustang al tráfico comercial con China. El daño para el medio ambiente y la identidad local, en lo que ha sido identificado en más de una ocasión con el mítico Shangri-La, sería dramático, con resultados siempre precarios debido a las condiciones climáticas, agravadas por la incertidumbre de una situación que ya está afectando gravemente a esta remota región del Himalaya.

Nepal no puede sustraerse a las limitaciones geográficas ni a la creciente amenaza que representan los deslizamientos de tierra, las inundaciones y otros desastres para las conexiones con China. Por su parte, Beijing reconoce que la geografía y el creciente riesgo de desastres constituyen un desafío para las conexiones con Nepal, pero rechaza la idea de que eso constituya un obstáculo insuperable para profundizar las relaciones económicas. Es un enfoque pragmático que considera posible prevenir o limitar los daños mediante obras de ingeniería, aunque admite cierto grado de riesgo. Pero Nepal debe evaluarlo cuidadosamente junto con la oferta de cooperación y la posibilidad de confiar a iniciativas extranjeras la construcción de obras en su territorio.

En Katmandú, la situación derivada del actual bloqueo del comercio con China, que representa el 20% de las importaciones, invita a una reflexión más detenida. No solo en relación con la fragilidad de su territorio montañoso, que marca toda la frontera norte con su gran vecino, y con la mejora de las relaciones bilaterales, sino también con el intento de reducir la dependencia comercial de la India. El vecino que ejerce una pesada tutela sobre Nepal, pero con el que las relaciones se ven facilitadas por una frontera llana y un mayor número de puntos de tránsito.


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