Islamabad (AsiaNews) - La figura destacada de esta semana en Pakistán ha sido una enfermera cristiana. El primer ministro Muhammad Shehbaz Sharif elogió públicamente el heroísmo de Razia Noreen, quien el 26 de agosto, en el Pakistan Institute of Medical Sciences (PIMS) de Islamabad, arriesgó su vida para poner a salvo a un recién nacido durante el incendio que causó la muerte de otros 14 niños en la unidad de neonatología. Para los cristianos de Pakistán, su historia se ha convertido en un testimonio de una fe expresada a través del servicio, la compasión y la defensa de la vida humana.
En medio de la oscuridad y del denso humo negro, había poco tiempo para pensar. Dentro estaban los recién nacidos. Había fuego. Había pánico. Y una enfermera entró. "Ni siquiera lo pensé", contó después Noreen al primer ministro Sharif al recordar los aterradores momentos del incendio.
Esas pocas palabras quizá lo expliquen todo. Según las imágenes del incidente, Noreen entró en la unidad de neonatología a las 6:39 de la mañana. Instantes después salió con un bebé en brazos. Le entregó el recién nacido a otra persona para asegurarse de que estuviera a salvo en medio de la confusión. En lugar de ponerse ella misma a salvo, intentó regresar a la sala. "Cuando salió el doctor Abdul Rehman, se lo entregué y volví a entrar corriendo", recordó. Intentó salvar a otro recién nacido. Entonces una explosión repentina sumió la sala en la oscuridad. Murieron 14 bebés.
Para Noreen, la tragedia no fue simplemente un momento de heroísmo personal. En su testimonio habló con dolor de los niños que no pudo salvar. Su valentía estaba acompañada por el dolor. No se describe a sí misma como una heroína, sino como una enfermera. Le dijo al primer ministro que cuidar de los niños era su responsabilidad y que a las enfermeras se les confía el cuidado de los hijos de otras personas.
Sus palabras adquieren un profundo significado en un país donde los cristianos constituyen una pequeña minoría religiosa, pero que históricamente han realizado importantes contribuciones a la educación, la salud y los servicios sociales. Para los cristianos, el servicio no es solo una profesión sino también una manera de dar testimonio de su fe. El Evangelio llama a reconocer la dignidad de cada persona humana, especialmente de los más vulnerables, los que sufren y los indefensos. En la unidad del PIMS, esas vidas vulnerables eran recién nacidos que no podían protegerse por sí mismos. La respuesta de Noreen fue inmediata: se dirigió a ellos.
No preguntó cuál era la religión, la familia o la condición social del niño que llevaba en brazos. Simplemente vio que había una vida en peligro. De esa manera, su historia se convirtió en un testimonio cristiano sin palabras. En Pakistán, donde la contribución de las minorías religiosas no siempre es reconocida, la historia de Noreen ofrece una imagen diferente de la presencia cristiana en la sociedad. No es una historia de conflicto ni de debate político. Es una historia de servicio.
Una mujer cristiana, con su uniforme de enfermera, entró en un lugar peligroso para salvar a un niño cuya identidad religiosa era irrelevante en ese momento. El niño era simplemente una vida humana. Y para Noreen, esa vida valía el riesgo de poner en peligro la propia. Su valentía refleja la convicción cristiana de que cada ser humano posee una dignidad intrínseca y que el amor resulta creíble cuando se traduce en acciones concretas. En palabras del Evangelio, la fe se expresa a través del amor.
El primer ministro Sharif elogió a Noreen, a quien definió como "una hija de la nación", y afirmó que el país está orgulloso de su valentía. Anunció que recibiría la Sitara-i-Khidmat (Estrella del Servicio) y un premio en efectivo de 10 millones de rupias (unos 31.000 euros, ndr) en reconocimiento a sus acciones. "La madre del niño que salvaste te bendecirá", le dijo el primer ministro.
El reconocimiento del gobierno es importante, pero el significado más profundo de la historia de Noreen reside en algo diferente. Está en la pregunta que su valentía plantea a la sociedad pakistaní: ¿qué significa servir a otro ser humano cuando hacerlo implica un sacrificio personal? Para Noreen, la respuesta parece haber sido instintiva: había niños en peligro y ella actuó. Ese sencillo gesto se ha convertido en un poderoso recordatorio de la contribución de los trabajadores de la salud cristianos en Pakistán y de tantos actos silenciosos de servicio que se llevan a cabo cada día sin cámaras, premios ni reconocimiento público.
La tragedia del PIMS debe plantear ahora serios interrogantes sobre la seguridad de los hospitales, la preparación ante emergencias y las responsabilidades correspondientes. Las familias que perdieron a sus recién nacidos merecen respuestas. Pero junto al reclamo de justicia queda otro recuerdo: una enfermera que camina entre el humo mientras otros intentan desesperadamente salir de allí.
Razia Noreen salió con un niño en brazos. Desde entonces ha recibido el reconocimiento de toda la nación. Sin embargo, es probable que su recompensa más duradera sea la vida del recién nacido que salvó y el testimonio que su valentía ofrece a un país necesitado de compasión.
Para la comunidad cristiana de Pakistán, su historia recuerda que la fe no se testimonia solo en las iglesias, en las oraciones o en las ceremonias religiosas. A veces la fe se pone de manifiesto en el pasillo de un hospital. A veces se da testimonio de la fe con la decisión de adentrarse en el fuego. Y a veces, como muestra la historia de Razia Noreen, la predicación más poderosa es simplemente ese "Ni siquiera lo pensé".
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