Karachi (AsiaNews) - Cuando Muhammad, de 17 meses, fue hospitalizado con fiebre en el Kulsoom Bai Valika (KBV) Hospital de Karachi, su madre, Aysha Kamran, esperaba que los médicos le diagnosticaran una enfermedad infantil común. En cambio, recibió una noticia que le cambió la vida y que —según dice— jamás habría podido imaginar.
Los médicos le comunicaron que su hijo había dado positivo en las pruebas de VIH. "Nunca había oído hablar de esa enfermedad —cuenta—. Me dijeron que mi hijo tenía casi un millón de copias del virus en la sangre".
El diagnóstico marcó el comienzo de un doloroso camino, no solo por el tratamiento médico que deberá seguir de por vida, sino también por el rechazo social. Según la señora Kamran, el propietario de la vivienda que alquilaban los obligó a marcharse cuando se enteró de la enfermedad de su hijo. Los vecinos dejaron de permitir que sus hijos jugaran con él y, cada vez que el pequeño salía de casa, los padres llamaban rápidamente a sus hijos para que entraran. "Mi hijo es inocente —protesta—. No entiende por qué la gente lo evita. Solo queremos justicia y la atención médica adecuada".
Su historia es una de las muchas que han surgido a raíz del brote de VIH vinculado al Kulsoom Bai Valika Hospital de Karachi, administrado por la SESSI (Sindh Employees’ Social Security Institution). Lo que comenzó como una crisis de salud pública se ha transformado en una tragedia humanitaria, dejando al descubierto no solo presuntas deficiencias en el control de infecciones, sino también el profundo estigma que sigue rodeando al VIH en Pakistán.
Según el ministro de Trabajo y Protección Social de Sindh, Saeed Ghani, hasta el momento 120 personas han dado positivo al VIH tras una amplia campaña de detección que se llevó a cabo en el Valika Hospital y sus alrededores. De ellas, 78 son niños, y ya han fallecido seis desde que se detectó el problema.
El gobierno provincial afirma que se han realizado pruebas a más de 10.500 personas desde que se reportaron los primeros casos en octubre de 2025. Otras 2.000 fueron examinadas en el Landhi Hospital de la SESSI, donde se identificaron otros 10 casos positivos de VIH.
Las autoridades creen que los contagios se produjeron antes de octubre de 2025. Las investigaciones se centran en las denuncias de prácticas médicas inseguras, entre ellas la posible reutilización de jeringas contaminadas. Se han constituido dos comisiones de investigación para esclarecer lo sucedido. Sus conclusiones han dado lugar a la emisión de notificaciones formales de investigación contra 37 médicos y miembros del personal hospitalario. El gobierno anunció que los responsables no solo serán despedidos de sus cargos, sino que también serán procesados penalmente.
El Tribunal Superior de Sindh también exigió explicaciones al gobierno provincial sobre la propagación de la enfermedad, subrayando la gravedad de lo ocurrido y la necesidad de que los responsables rindan cuentas. Mientras avanzan los procesos judiciales, las familias afectadas afrontan dificultades cotidianas que van mucho más allá de las salas de los tribunales.
El miedo y la desinformación sobre el VIH han obligado a muchos padres a luchar contra la discriminación en las escuelas, en los vecindarios e incluso entre sus propios familiares. Los niños que necesitan tratamiento y apoyo emocional se encuentran aislados, mientras que los padres deben defender a sus familias de los prejuicios sobre la transmisión del virus.
Reconociendo la naturaleza a largo plazo del tratamiento del VIH, la Sindh Employees’ Social Security Institution (SESSI) ha establecido un fondo de 2.000 millones de rupias para financiar la atención médica y el bienestar de los niños afectados. El gobierno afirma que todos los pacientes identificados están recibiendo tratamiento gratuito en cinco grandes hospitales de Pakistán y prometió ampliar la ayuda si fuera necesario.
Para proteger a las víctimas de una mayor discriminación, las autoridades también se comprometieron a mantener la confidencialidad sobre la identidad de los niños infectados, de conformidad con la Ley de Control, Tratamiento y Protección del VIH y el Sida de Sindh de 2013.
Los expertos en políticas de salud afirman que la tragedia pone de manifiesto deficiencias sistémicas que van más allá de un único hospital. El fundador de la Indus Hospital and Health Network, el Dr. Abdul Bari Khan, calificó al VIH y a la hepatitis C como desafíos de primer nivel para la salud pública, que requieren una acción nacional coordinada. Por su parte, el Dr. Faisal Mahmood, especialista en enfermedades infecciosas del Aga Khan University Hospital, también subrayó la necesidad de implementar medidas rigurosas de prevención y control de infecciones en todos los centros de salud, incluidas las clínicas privadas.
Sin embargo, para familias como la de Aysha Kamran, la justicia no se medirá únicamente por los informes de las comisiones de investigación o las medidas disciplinarias. Dependerá también de la capacidad de la sociedad para reemplazar el miedo por la comprensión y de la posibilidad de que el sistema de salud pueda recuperar una confianza gravemente dañada.
Las familias afectadas siguen reclamando rendición de cuentas, compasión y un futuro en el que un diagnóstico no implique la exclusión. Su reclamo es sencillo: que ningún otro niño tenga que vivir jamás la misma tragedia.

















