Jerusalén (AsiaNews) - Académicos y expertos analizan las elecciones de medio término en Estados Unidos, que marcaron la derrota del presidente Donald Trump, y especulan sobre posibles cambios en las relaciones con Israel, que atraviesa en estos días un proceso de consultas políticas tras las elecciones (de resultado incierto) del pasado 27 de octubre. Se multiplican los análisis y las demostraciones de fuerza para determinar si el primer ministro saliente, Benjamin Netanyahu, conseguirá mantenerse al frente del Gobierno israelí o será desplazado por el principal líder de la oposición, Gadi Eisenkot, en medio de la incertidumbre sobre el respaldo de los partidos árabes, que obtuvieron un resultado electoral extraordinario. Sin embargo, mientras la atención se concentra en la política y las disputas por el poder que se extienden desde Washington hasta el Estado judío —y en medio de un silencio generalizado— los colonos israelíes siguen avanzando progresivamente sobre las viviendas y las tierras palestinas, desde Jerusalén hasta Jericó.
Colonos y Ejército
Ayer, en uno de los principales centros de Cisjordania, un grupo de colonos israelíes se apoderó por la fuerza de al menos ocho viviendas palestinas. Según informó la agencia palestina Wafa, el episodio ocurrió en Al-Duyuk al-Tahta, una localidad al oeste de Jericó. Un grupo de colonos llegó al lugar con sus familias, forzaron las puertas y tomaron posesión de las casas aprovechando la ausencia de sus propietarios. Fuentes israelíes, en cambio, afirman que se trató de una operación secreta de compra de los inmuebles. Las tropas israelíes entraron en la ciudad y en los campos de refugiados de la zona para permitir el paso de vehículos militares por las calles.
Los colonos israelíes ya habían irrumpido otras veces en viviendas de Al-Duyuk al-Tahta y las habían ocupado, como parte de la expansión de los asentamientos (ilegales según el derecho internacional) en la zona. Por otra parte, la Comisión Palestina de Resistencia al Muro y los Asentamientos (CWRC) informó que Israel confiscó 2.536,44 dunams (unas 253 hectáreas) de tierras pertenecientes a tres localidades al noroeste de Ramala y las declaró "tierras estatales", por lo que ahora pasan a ser propiedad del Estado.
La Comisión precisó que la disposición, emitida el pasado 3 de noviembre, afecta a tierras pertenecientes a Beitillu, Al-Mazra'a al-Qibliya y Deir Ammar, cerca del asentamiento de Kerem Reim. Esta clasificación permitiría a las autoridades israelíes destinar esas tierras a la expansión de los asentamientos, poniendo en peligro las zonas agrícolas y limitando las posibilidades de desarrollo de las localidades. También ayer, soldados israelíes irrumpieron en los alrededores del hospital gubernamental Thabet Thabet, en Tulkarem, Cisjordania, y registraron la vivienda de Mohammed Ibrahim Shahada, secretario de Fatah en el campo de refugiados de Tulkarem.
La "sorpresa" de los militares
Al comentar la nueva incursión de los colonos en Jericó, los militares israelíes afirmaron que se vieron obligados a retirar tropas de combate de las misiones de seguridad a lo largo de la frontera con Jordania para permitir su ingreso. En un comunicado, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) criticaron la "llegada no coordinada" y añadieron que fueron "tomadas por sorpresa". Según informó Ynet, las familias israelíes se habrían instalado en ocho viviendas situadas en el Área C —bajo pleno control civil y militar israelí— tras una operación secreta de compra de los inmuebles. La iniciativa fue impulsada por el movimiento de colonos "Nachala", con el apoyo del Consejo Regional de Binyamin. Los equipos de seguridad prepararon la operación y mantuvieron en secreto hasta que las familias tomaron posesión de las viviendas.
Sin embargo, las viviendas se encuentran muy cerca del Área A, bajo control civil y de seguridad de la Autoridad Palestina, lo que supone posibles riesgos para la seguridad de los nuevos residentes. Por eso el Ejército desplegó tropas en la zona, partiendo del supuesto de que debía garantizar la protección de quienes acababan de instalarse allí. En los próximos días, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) intentarán establecer un perímetro de seguridad alrededor de las viviendas ocupadas.
Según datos oficiales palestinos, cerca de 750.000 colonos israelíes residen en 194 asentamientos ilegales y 400 puestos de avanzada distribuidos por toda la Cisjordania ocupada, incluida Jerusalén Este. Precisamente en esta última ciudad, el pasado 3 de noviembre, y por primera vez desde que se reactivaron los planes para la zona E1, las autoridades israelíes comenzaron a demoler una comunidad beduina palestina. Casi la mitad de las estructuras de Bir al-Maskub, una comunidad beduina palestina situada en el área prevista para el asentamiento E1, al este de Jerusalén, fueron arrasadas, lo que provocó el desplazamiento de unos 20 residentes. También se renovaron las órdenes de demolición de todos los edificios restantes, lo que alimenta el temor a que la comunidad entera sea destruida mientras Israel sigue adelante con uno de sus proyectos más controvertidos en Cisjordania.
Los beduinos de Jerusalén
Las demoliciones afectaron a cuatro complejos residenciales que incluían viviendas, cocinas e instalaciones sanitarias. Según las ONG Bimkom - Planificación y Derechos Humanos, Ir Amim y Peace Now, son los primeros casos conocidos de demolición de estructuras pertenecientes a comunidades beduinas dentro del área E1 desde que los planes recibieron un nuevo impulso. En un comunicado, las organizaciones afirman que las demoliciones representan "una escalada significativa en los esfuerzos de Israel por promover el proyecto E1, que contempla la construcción de 3.401 viviendas al este de Jerusalén". La renovación de las órdenes de demolición, emitidas originalmente en 2008, para todas las estructuras restantes en Bir al-Maskub "hace temer la destrucción de toda la comunidad". Otras comunidades beduinas de la zona, donde viven cientos de palestinos, también podrían verse sometidas a medidas similares. Guy Yifrah, alcalde del asentamiento israelí vecino de Ma'ale Adumim, declaró que las demoliciones se llevaron a cabo por iniciativa del municipio, tras una solicitud presentada ante el COGAT (el organismo israelí que coordina las actividades gubernamentales en los Territorios).
Las estructuras demolidas se encontraban a más de un kilómetro de las viviendas más cercanas de Ma'ale Adumim. Para las tres organizaciones, este dato desmiente cualquier argumento según el cual las demoliciones responderían a necesidades de planificación local e indica, más bien, "la voluntad de expulsar a los residentes palestinos de un territorio destinado a un nuevo asentamiento israelí". Además, las demoliciones se llevaron a cabo mientras todavía estarían pendientes recursos judiciales contra los planes para el área E1 ante un tribunal israelí. El proyecto E1, que contempla la creación de un vasto asentamiento entre Jerusalén y Ma'ale Adumim, ha provocado el rechazo de la comunidad internacional porque amenaza con fragmentar el territorio palestino y comprometer las perspectivas de un Estado independiente. La situación de las comunidades beduinas palestinas de la zona también ha sido objeto de procedimientos judiciales. En respuesta a un recurso, el gobierno israelí sostuvo que el modo de vida de la población beduina —caracterizado por los desplazamientos y el pastoreo en amplias extensiones de terreno, sin una planificación formal ni un régimen de propiedad definido— no puede constituir un obstáculo. Para las ONG, esta postura refleja una política que considera a las comunidades palestinas un impedimento para la expansión de los asentamientos.
"Israel —afirman Bimkom, Ir Amim y Peace Now en un comunicado— ha pasado de planificar los asentamientos al desplazamiento concreto sobre el terreno. La demolición de casi la mitad de las estructuras de Bir al-Maskub, sumada a las nuevas órdenes de demolición para las restantes, marca el comienzo de un intento de hacer desaparecer a toda una comunidad palestina. El proyecto E1 no se limita a la construcción de miles de viviendas para los colonos israelíes; también implica el despojo de las comunidades palestinas y obliga a sus integrantes a abandonar sus casas y sus tierras. Lo que comenzó en Bir al-Maskub podría extenderse a otras comunidades donde viven cientos de palestinos. Estas acciones despiertan graves preocupaciones por el traslado forzoso de una población protegida, en violación del derecho internacional". De este modo, se perpetúa una política de expropiaciones cuyos efectos, como ha ocurrido en el pasado, terminan siendo definitivos: las tierras y las viviendas ya no se devuelven a sus propietarios.



















