Beirut (AsiaNews) - La Fuerza Provisional de las Naciones Unidas en Líbano (UNIFIL), que está presente en el Líbano desde 1978, se prepara para finalizar su histórico mandato contra los deseos de Beirut, pero bajo la presión de Estados Unidos e Israel, que la acusan de haber sido ineficaz por lo que respecta a Hezbolá. En este sentido, cabe recordar que sus patrullas eran rechazadas regularmente —en ocasiones de manera violenta— por militantes del partido proiraní cuando se acercaban a sus posiciones, con el pretexto de que no estaban acompañadas por el ejército libanés. Su mandato finalizará el próximo 31 de diciembre, lo que abrirá el camino a una retirada gradual de su contingente actual de unos 7500 efectivos a lo largo de 2027.
Después de Año Nuevo ya no estará autorizada a patrullar, pero podrá seguir defendiéndose mientras espera el desmantelamiento de sus posiciones, que en teoría deberán ser transferidas al Estado libanés. Sin embargo, un gran número de ellas, ubicadas actualmente en zonas de combate ocupadas por el ejército israelí, terminarán en manos de este último. La UNIFIL fue creada en 1978, tras la operación israelí en las proximidades del río Litani, en el sur de Líbano, cuyo objetivo era establecer una zona de amortiguación entre las fuerzas palestinas presentes en el país de los cedros y el Estado judío, y desde entonces se convirtió en un barómetro de las tensiones regionales.
La misión de la ONU, en efecto, demuestra que el enfrentamiento en el sur de Líbano no es un conflicto aislado, sino que es el escenario de tensiones geopolíticas más amplias que involucran a la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), a Israel y al Ejército del Sur del Líbano (ALS, su milicia auxiliar), y que luego evolucionaron hasta incluir también a Hezbolá, Irán y las potencias occidentales.
Escudo diplomático
La pérdida del escudo diplomático y el fin de la misión de las Naciones Unidas, establecidos por la resolución 2790 del Consejo de Seguridad de la ONU, son vistos por el ejército como el resultado de una evolución geopolítica que favorece a Estados Unidos e Israel. Esta retirada genera una profunda preocupación entre las tropas, porque aumenta su vulnerabilidad estratégica ante el vacío de seguridad resultante. Una vulnerabilidad que podría agravarse en caso de que se reanudaran los combates a escala regional, con la participación del Partido de Dios proiraní.
Este último mantiene una actitud ambigua respecto de sus verdaderas intenciones, pero terminará sometiéndose a las directivas de Teherán y participando en los combates, pese a las amenazas israelíes de avanzar con sus tropas hasta Saida y reanudar los bombardeos sobre los suburbios del sur de Beirut. "Para el ejército, la ocupación israelí y la retirada de UNIFIL constituirán, en cualquier caso, fuentes constantes de bloqueo y frustración operativa sobre el terreno, como demuestra el casi fracaso de las zonas de prueba", asegura a AsiaNews un oficial de alto rango que ha pedido mantener el anonimato. "El control militar israelí —continúa— obstaculiza nuestra libertad de movimiento y genera frustración respecto a nuestra capacidad real para extender plenamente la soberanía sobre el territorio nacional".
"La preocupación aumenta —agrega la fuente militar— porque el Estado judío afirma que quiere prolongar su presencia en el sur de Líbano". Cabe señalar que el pasado 12 de agosto, durante una visita al sur de Líbano, el ministro de Defensa israelí Israel Katz anunció que había dado instrucciones al ejército para que adoptara todas las medidas necesarias para establecer una presencia a largo plazo en la región, anuncio que contrasta abiertamente con el acuerdo marco trilateral firmado el 26 de junio con el Líbano, que contempla un "redespliegue" del ejército israelí, fuera del territorio libanés, en paralelo con el desarme de Hezbolá.
La fuente también recordó que, aunque sin mencionar a Katz, el Departamento de Estado de Estados Unidos, promotor del acuerdo marco, había reiterado ese mismo día que una "presencia militar permanente en el sur de Líbano no es compatible con los compromisos asumidos en virtud del acuerdo". Todo esto ocurre mientras más de 600 km² del sector sur del Líbano ya se encuentran bajo ocupación. "Sin embargo, persiste la ambigüedad sobre las verdaderas intenciones de Israel", concluye el alto oficial.
Al mismo tiempo, el ejército sospecha que Israel le está tendiendo una trampa política y pretende instrumentalizarlo para arrastrarlo a un enfrentamiento interno con Hezbolá. Sin embargo, el mando militar rechaza que la cuestión del control de las armas en el sur se utilice para enfrentar a la institución con una parte de la población libanesa, en particular con el sector chiita. Considera que está cumpliendo con su deber militar sobre el terreno, pero le preocupa la falta de orientaciones políticas claras y unánimes por parte de los dirigentes del país, que en algunos casos genera confusión. Un ejemplo es el incidente relacionado con la incautación de una tonelada de explosivos que un conductor de Hezbolá, procedente de la Bekaa, transportaba hacia Beirut. El episodio provocó una minicrisis dentro del gobierno, cuyos miembros querían que el caso fuera remitido a un tribunal civil, en lugar de uno militar. Cabe recordar que, en virtud de las decisiones adoptadas el 2 y el 5 de agosto de 2024, el gobierno declaró ilegales las actividades militares y de seguridad del partido proiraní.
Matadero logístico
Las informaciones y testimonios de fuentes militares de alto rango y de oficiales sobre el terreno revelan, además del profundo temor a una confrontación directa con Israel, una situación de emergencia material. El presidente Joseph Aoun lo expresó en forma muy clara: "Se teme que cualquier vacío en el sur, provocado por la retirada de la UNIFIL, pueda tener repercusiones negativas en la estabilidad". Sin embargo, en los cuarteles y en el Estado Mayor de Beirut, los oficiales del ejército libanés se expresan en términos mucho más crudos y afirman que sienten que los están enviando a "un matadero logístico".
Los testimonios de los oficiales ponen en evidencia la enorme brecha entre las expectativas de la comunidad internacional y sus capacidades reales. "Se nos pide que extendamos la soberanía del Estado hasta la frontera internacional, frente a un ejército equipado con una tecnología muy avanzada (Israel), y que controlemos el territorio frente a una milicia aguerrida (Hezbolá). Al mismo tiempo, nuestros soldados a veces no tienen combustible para las patrullas y sus salarios ya no alcanzan para cubrir las necesidades básicas", explicó a AsiaNews una segunda fuente militar, que también ha pedido mantener el anonimato debido a la delicadeza del asunto. De hecho, UNIFIL no se limitaba a patrullar: proporcionaba un apoyo logístico vital, entrenamiento, combustible, asistencia médica y subsidios. Sin un respaldo financiero internacional masivo y directo, el ejército libanés corre el riesgo de no contar siquiera con los medios materiales necesarios para controlar el territorio.
Un traspaso difícil
El principal desafío logístico que se plantea cuando UNIFIL se retire es el traslado de sus instalaciones fijas, confirma el general italiano Diodato Abagnara, comandante de la misión de las Naciones Unidas. En una comunicación, el alto oficial señala que, en el contexto actual, el traspaso de responsabilidades a las fuerzas libanesas resulta "muy difícil".
Más de la mitad de las posiciones y los puestos avanzados ocupados por la UNIFIL se encuentran "en zonas bajo control militar israelí" o en áreas afectadas por los recientes combates, lo que hace que "su devolución física al ejército libanés sea extremadamente compleja en la práctica", agrega el general Abagnara. Por otra parte, el ejército enfrenta un serio problema de reclutamiento si pretende extender su autoridad al sur de Líbano sin dejar desprotegidas posiciones estratégicas que controla dentro del país y a lo largo de las fronteras, ni descuidar las misiones de "paz civil" que lleva a cabo regularmente cuando se producen tensiones confesionales. Actualmente, el reclutamiento se ve obstaculizado por importantes dificultades de financiación y por la necesidad de mantener el equilibrio demográfico. Por lo tanto, no será fácil conseguir los efectivos adicionales necesarios para tranquilizar a Israel, sobre todo porque el gobierno israelí ha advertido del peligro de una infiltración de Hezbolá en las filas del ejército.
Una ilusión geopolítica
La voluntad de evitar enfrentamientos internos resulta aún más evidente si se tiene en cuenta que, según el general retirado Khalil Hélou, "todas las acciones del ejército libanés en el sur se presentan en Beirut como medidas de soberanía nacional y protección de la población, no como operaciones conjuntas con Israel". En definitiva, para el general Hélou, imaginar que el ejército libanés e Israel puedan llevar a cabo una "coordinación táctica" para erradicar a Hezbolá es "una peligrosa ilusión geopolítica". Por otra parte, el experto militar considera que "la retirada de UNIFIL obligará al Estado libanés a dejar de esconderse detrás del paraguas de la ONU".
Soluciones alternativas
Los testimonios anónimos citados confirman que el Estado Mayor libanés está buscando discretamente alternativas que le permitan evitar quedarse solo frente al ejército israelí. Por eso algunos oficiales aseguran que el ejército espera que se concrete el proyecto de una importante misión civil y militar europea (EUSM), actualmente en estudio. La función de esta nueva fuerza sería el entrenamiento militar, la asistencia técnica y el intercambio de información.
Tampoco se descarta la posibilidad de ampliar la misión de la UNTSO (la organización histórica de observadores de la ONU) para mantener una presencia en el marco del derecho internacional. Creada el 29 de mayo de 1948 mediante la resolución n.º 50 del Consejo de Seguridad, la Organización de las Naciones Unidas para la Vigilancia de la Tregua (UNTSO, por sus siglas en inglés) es la primera misión de observación militar de las Naciones Unidas. Sus integrantes tienen la función de vigilar los alto el fuego, supervisar los acuerdos de armisticio y ayudar a prevenir una escalada de incidentes entre las partes. Su ámbito de actuación se extiende a varios países de Oriente Medio, entre ellos el Líbano, Israel y Siria. "Lo esencial es que no haya un vacío. No podemos hacerlo solos", concluye una fuente de seguridad de Beirut consultada por AsiaNews.
Conscientes de las necesidades materiales del ejército libanés, Francia e Italia actúan como financiadores de la transición. La Unión Europea ya ha destinado importantes fondos a través del Instrumento Europeo para la Paz (EPF), en cuyo marco se aprobó este año un paquete de 100 millones de euros para equipar a los soldados libaneses. Diplomáticos franceses e italianos también están preparando una conferencia internacional de donantes para fines de 2026 y comienzos de 2027, con el objetivo de determinar y financiar con precisión las necesidades de cuarteles, combustible, vehículos y sistemas de comunicación indispensables para el despliegue del ejército en la frontera. Mientras tanto, se ha recomendado discretamente a la UNIFIL que "se tome todo el tiempo necesario" para completar su retirada administrativa del Líbano en 2027..
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