Milán (AsiaNews) - Una escuela cerrada hace unos 60 años por el antiguo régimen de los Assad ha vuelto a abrir sus puertas a alumnos y profesores, con el fin de relanzar un proyecto educativo y un sector —el de la educación— que, tras un conflicto de diez años, adolece de «graves problemas y dificultades: gran parte de los jóvenes no sabe leer ni escribir». Así lo destaca ante AsiaNews monseñor Hanna Jallouf, franciscano y, desde julio de 2023, vicario apostólico de Alepo, al repasar la jornada festiva que vivió ayer la comunidad cristiana (y no cristiana) con motivo de la reapertura del histórico instituto franciscano en Idlib, en el norte de Siria. «Con el tiempo hemos percibido —continúa el prelado— el profundo malestar que sufren nuestros jóvenes, la gran ignorancia tanto entre los que cursan primaria como entre los de secundaria, a causa del conflicto» que ha ensangrentado el país. «Esto —añade— es una consecuencia directa de la guerra; ahora intentamos dar respuestas y relanzar el proyecto educativo junto con el nuevo Gobierno y con la ayuda de la Santa Sede y de la organización francesa L’Œuvre d’Orient».
Reconstruir las escuelas
En el acto estuvieron presentes autoridades civiles y religiosas, entre las que se encontraban: el Custodio de Tierra Santa, Francesco Ielpo; el ministro sirio de Gestión de Emergencias y Desastres, Raed al-Saleh; la ministra de Trabajo y Asuntos Sociales, Hind Kabawat, única mujer y cristiana que ocupa actualmente un cargo de primer orden en Siria; el gobernador de Idlib, Mohammed Abdulrahman, y el nuncio apostólico, monseñor Luigi Roberto Cona. «Lo que celebramos hoy —subrayó el ministro Saleh en su intervención— forma parte de la Siria con la que soñamos, una Siria que sea para todo su pueblo». La escuela franciscana, más conocida como Holy Land School, se encuentra en la zona de Jisr al-Shughur, en la provincia septentrional de Idlib, zona desde la que partió la revuelta que culminó con la caída del dictador Bashar al-Assad. El edificio fue primero confiscado y luego cerrado a principios de los años 60 por los hombres del antiguo régimen liderado por el Partido Baaz, y permaneció inactivo durante mucho tiempo, reflejo de un sistema educativo sumido en una profunda crisis debido a los conflictos y a la pobreza agravada por las sanciones. En diciembre de 2024, el recrudecimiento de los enfrentamientos entre las milicias rebeldes lideradas por el actual presidente interino Ahmad al-Sharaa y las entonces fuerzas gubernamentales (apoyadas por los bombardeos rusos) había afectado gravemente a las infraestructuras de la zona, dañando también el colegio franciscano.
En los últimos meses, la histórica escuela ha sido objeto de una profunda labor de reconstrucción para poder acoger de nuevo a los alumnos, lo que ha supuesto una clara señal de cambio para la comunidad cristiana y para el sistema educativo local tras décadas de bloqueo político y militar. La reapertura forma parte de una campaña más amplia para rehabilitar las estructuras educativas en toda la provincia de Idlib (y en el resto del país), donde decenas de centros han reanudado sus actividades desde diciembre de 2024. El pasado mes de junio, 50 escuelas renovadas en el marco de la iniciativa «Lealtad a Idlib» reabrieron sus puertas durante una ceremonia celebrada en Kafr Nabl, lo que confirma los esfuerzos de reconstrucción emprendidos en la región. La escuela inaugurada ayer está gestionada por los franciscanos, cuya larga presencia en Siria ha dado frutos en los ámbitos educativo, religioso y humanitario, y supone también una señal para la comunidad cristiana, que en los últimos años se ha visto mermada en número debido al éxodo masivo. La presencia de ministros musulmanes y cristianos, del representante del Vaticano y de otras personalidades confirma asimismo el intento de ofrecer una visión multicultural y abierta a las minorías por parte de los dirigentes de Damasco.
«Educar para la paz»
Desde la escuela primaria hasta la secundaria, en muchos casos el sistema educativo sirio es hoy «un fracaso» debido a la guerra y a la pobreza generalizadas; entre los jóvenes existe una «ignorancia generalizada». Por eso —subraya monseñor Jallouf— hemos pedido al nuevo Gobierno la devolución de la escuela» en Idlib y que, al mismo tiempo, ponga en marcha «un nuevo proyecto que prevea la reapertura de otras 30 escuelas católicas» en todo el país. «Son edificios de la Iglesia siria —añade— cuya devolución estamos tratando de conseguir para reanudar la actividad educativa, que es más necesaria que nunca. Algunas han sido demolidas, otras se encuentran en mal estado, en parte debido al terremoto [de febrero de 2023]. Contamos con una comisión que está evaluando las solicitudes. A día de hoy hay otras 22 en funcionamiento, pero debemos reforzar el equipo de educadores porque hay escasez de personal. Para mí —subraya—, se trata de un proyecto hermoso e importante, porque queremos educar a nuestros niños en la paz, la esperanza, el amor fraternal y también en la apertura hacia el otro».
«Incluso durante los años de la guerra —continúa el vicario—, la Iglesia se ha comprometido a apoyar la educación de los jóvenes, para permitirles presentarse a los exámenes de bachillerato. Hemos llegado a gastar hasta 5.000 dólares por cada alumno de la provincia de Idlib que, de este modo, ha podido estudiar en Hama o Alepo y obtener el título de bachillerato». «El Gobierno —añade— quiere que nos comprometamos con la educación, que la Iglesia aporte su granito de arena porque se trata de un problema grave y la colaboración que se ha creado es realmente excelente. Además, también nos interesa que los niños y los jóvenes puedan estudiar». Lo que necesita el país, afirma monseñor Jallouf, es «estabilidad, calma, paz, porque muchos aspectos siguen sin resolverse, empezando por la cuestión relacionada con la seguridad. Además, existe una descripción distorsionada de la Siria actual por parte de los medios de comunicación, que a menudo no se corresponde con lo que ocurre sobre el terreno; se exageran las noticias y las dificultades, que son inevitables tras 15 años de guerra». Y lo mismo ocurre con los cristianos, muchos de los cuales han huido en estos años a países de acogida, mientras que otros «parecen no aceptar la nueva realidad y muestran cierta nostalgia por el pasado. Sin embargo —concluye el vicario—, hay que mirar hacia adelante y trabajar todos juntos para que, con el tiempo, la situación mejore, fortaleciendo también el mercado laboral y las oportunidades económicas y profesionales con proyectos, aunque sean pequeños, en favor de la comunidad cristiana. Y, de cara al futuro, el objetivo es reabrir otros centros educativos en Alepo, Latakia y Damasco, si podemos hacerlo».
Nuevo fraile en Damasco
La escuela de Idlib no fue el único motivo de celebración para los cristianos sirios (y para la Custodia de Tierra Santa del país) el pasado fin de semana. De hecho, el 19 de septiembre, en la iglesia de la Conversión de San Pablo Apóstol, en Bab Touma (Damasco), la comunidad católica local se reunió para celebrar la profesión solemne de fray Fares Mardini. Según informa una nota de la Custodia, ante el Custodio, fray Francesco Ielpo, «el joven fraile pronunció su “sí” definitivo a la vida consagrada en la Orden de los Frailes Menores, emitiendo los votos de obediencia, pobreza y castidad». Y en este paso fundamental de su vida —continúa la declaración—, fray Fares ha contado con el acompañamiento de toda la comunidad local y de la fraternidad franciscana. Para los cristianos de la capital, y de todo el país, el acontecimiento ha supuesto una gran ocasión de celebración en una tierra que aún hoy está «herida por la guerra, las divisiones, la violencia y la pobreza». Una tierra donde la comunidad cristiana vive un profundo sentido de pertenencia, pero también de gran inquietud. Sin embargo, precisamente en una Siria llena de dolor —subraya la Custodia—, pero también antigua cuna del cristianismo, las semillas de la esperanza siguen brotando».
En la homilía, fray Ielpo recordó las palabras del profeta Isaías: «Mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos son mis caminos», para luego dirigirse a fray Fares y recordarle cómo la vida elegida siguiendo los pasos de san Francisco de Asís puede parecer al mundo «una renuncia a la felicidad». En realidad —prosiguió el Custodio—, «la obediencia, la pobreza y la castidad» son los «tres caminos» para vivir la propia existencia «en plenitud, según el Evangelio». «La libertad —explicó— consiste, de hecho, en entregar con confianza la propia voluntad al Señor. La verdadera riqueza es tener a Dios como único tesoro. La plenitud del amor no se traduce en retener a alguien para uno mismo, sino «en entregar toda la propia vida a Dios y a los hermanos». Por último, el Custodio recordó la parábola de los trabajadores de la viña, relato en el que Jesús explica que «la mayor gracia no es la recompensa que recibiremos al final, sino haber sido llamados a trabajar en la viña del Señor». De ahí la invitación final dirigida a fray Fares y, en sentido figurado, a toda la comunidad cristiana. «No pierdas nunca el asombro de haber sido llamado —concluyó fray Ielpo—; no vivas tu consagración como una carga que soportar, sino como un don que acoger cada día».


















