Roma (AsiaNews) - El arzobispo siro-católico de Homs, en Siria, monseñor Jacques Mourad, se encuentra estos días en Europa y ha asistido en Roma a la proyección del documental de Shahab Kermani sobre Mar Musa, una comunidad cuya creación presenció junto al padre Paolo dall’Oglio en los años 90. Responsable del monasterio de Mar Elian en Qaryatayn, de donde fue secuestrado y retenido como rehén por el ISIS durante seis meses, hoy atiende a toda la diócesis de Homs; una realidad que cuenta con unos 75.000 cristianos (de los cuales, aproximadamente un tercio son católicos), en una Siria que aún está lejos de una recuperación efectiva, tanto en términos económicos como en materia de derechos. Y en la que el futuro sigue siendo «incierto» incluso para los propios cristianos.
A continuación, la entrevista íntegra de monseñor Mourad a AsiaNews:
Monseñor Mourad, el documental «Mar Musa» muestra la Siria de hace dos años, antes del cambio de gobierno. La ciudad de Homs que vemos allí aún estaba en gran parte destruida. ¿Cómo se presenta hoy en día?
La situación es la misma que hace dos años. No ha cambiado nada, ya que las sanciones aún no se han levantado y, por lo tanto, no existe un verdadero proyecto de reconstrucción. En algunos barrios más poblados, algunos sirios que han regresado del extranjero (por ejemplo, de Turquía o del Golfo) han abierto nuevas tiendas, pero siguen siendo iniciativas esporádicas y personales.
Mucha gente sigue sin hogar, tanto por falta de dinero como por la falta de viviendas que no se han reconstruido tras los bombardeos. De hecho, tengo entendido que muchos se han quedado en los campos de refugiados —aunque no hay estadísticas ni datos oficiales— y prefieren quedarse allí porque, según dicen, al menos allí tienen tiendas de campaña. La economía no se ha recuperado y no hay trabajo para todos.
En esta situación, ¿qué medidas está tomando el Gobierno actual? ¿Es capaz de hacer algo?
No, porque no tiene la experiencia suficiente. El Gobierno actual ha destituido a muchos funcionarios especializados del Gobierno anterior, pero no los ha sustituido por especialistas del mismo nivel. La mayoría de esos funcionarios eran alauitas, pero también había algunos cristianos y suníes que han sido destituidos. En su lugar se ha contratado a personas que habían emigrado a Idlib y que ahora han regresado de esa región, pero las estructuras no funcionan bien.
¿Y en cuanto al sector de la educación?
En general, las escuelas funcionan, están abiertas y los chicos y las chicas pueden estudiar, pero cuál es el nivel y el tipo de enseñanza, eso ya es otra cuestión.
A menudo se lee sobre una libertad de expresión en Siria que antes estaba reprimida…
Sí, sin duda hay libertad para expresarse e incluso para denunciar, y eso es importante. Sin embargo, si tuviera que describir la justicia hoy en Siria, hablaría de una justicia transitoria que abre lagunas y que justifica las acciones violentas, proporcionando el marco perfecto para la venganza.
Al inicio de esta nueva etapa política se ha hablado a menudo del riesgo de islamización. ¿Qué puede decir al respecto hoy?
La islamización es evidente en la sociedad, desde la vestimenta hasta el funcionamiento de las oficinas. Por ejemplo, los empleados interrumpen el servicio a la hora de la oración y en diversas instalaciones se han colgado versículos del Corán.
En cuanto a la escuela, tengo entendido que se ha pasado de una hora de religión a la semana —que se ofrecía en función de la tradición religiosa del alumno— a cuatro horas de Corán que todos están obligados a cursar. El mensaje que recibimos es que el islam es para todos.
¿Se siente discriminada la población cristiana?
Yo diría que sí. Muchos cristianos han sido expulsados y hay diversos puestos de trabajo, sobre todo en la función pública, a los que los cristianos ya no pueden acceder. Pero, incluso en el ámbito privado, a la hora de hacer compras se prefiere la tienda de un musulmán a la de un cristiano. La gente tiene miedo de acudir a los cristianos porque la enseñanza religiosa que se difunde anima a los musulmanes a ayudar, ante todo, a otros musulmanes.
Si observamos el tejido social sirio, ¿cómo se presenta hoy la sociedad?
Antes, en Siria, se hablaba de convivencia entre los distintos grupos. Luego, durante la guerra, a pesar de la tragedia y la desesperación, existía una especie de cercanía y solidaridad. Hoy en día, y esto es lo que me preocupa, estamos asistiendo a una desintegración. Antes, el miedo lo propagaba el Gobierno entre la población; ahora lo propaga también la propia población entre sus vecinos.
Quienes han regresado de Idlib están convencidos de que el único camino correcto es el islam y de que todos los demás son kuffār (infieles), y esto influye en toda la sociedad.
¿Qué oportunidades hay, pues, para los cristianos en Siria hoy en día?
La situación es claramente difícil y hay muchos cristianos afligidos, diría que desesperados, que quieren marcharse. Pero, al mismo tiempo, veo en muchos de ellos la fuerza de la fe. Siempre encuentran una forma adecuada de resistir con valentía y paciencia. La gracia de la fe es una gracia que supera el mal y el sufrimiento, y este es el testimonio que recibimos de los cristianos de Siria, que necesitan la presencia y el apoyo de la Iglesia. Sin ello, no creo que sigan quedando cristianos en Siria.
¿Qué señal transmiten en este contexto realidades como la de Mar Musa?
Mar Musa es en sí misma un signo, porque es el ejemplo de una estructura que no ha cambiado a lo largo de estos años y sigue siendo un punto de referencia, de esperanza y de estabilidad, así como un refugio para todos. Al igual que Mar Musa, también hay otros grupos de personas que intentan desempeñar un papel humano, social, de oración y de esperanza en medio de una sociedad herida. Por ejemplo, en Homs contamos con varios grupos de jóvenes muy valientes, tanto cristianos como musulmanes, que llevan a cabo iniciativas en beneficio de los más débiles, como los niños de la calle o las personas con discapacidad, o que se movilizan para apoyar la educación de los niños y niñas que proceden de los campos de refugiados y que no han tenido acceso a la escuela. Estas son señales importantes.
Una última pregunta: ¿hay algún pasaje de las Escrituras en particular que le acompañe en medio de estas situaciones?
El mismo que cuando estaba en la cárcel. Es una frase de una de las cartas de San Pablo que me da fuerzas para mirar más allá en las situaciones difíciles: «Te basta mi gracia; pues la fuerza se manifiesta plenamente en la debilidad» (2 Cor 12,9).



















