Milán (AsiaNews) - En la Siria de hoy, una discusión sobre la escuela puede derivar rápidamente en una discusión sobre religión, mujeres, autoridad o identidad. Eso fue lo que ocurrió el 14 de septiembre pasado, durante una sesión de la Asamblea Popular sobre la educación. Como se recordará, esta Asamblea no surge de una votación popular directa, sino de un mecanismo que ha otorgado al ejecutivo una amplia influencia sobre su composición. Por lo tanto, las ideas sobre la escuela de esta institución no se pueden separar de una pregunta más general: ¿quién representa a quién en la nueva Siria?
El Ministerio estima que hay 5,291 millones de estudiantes; el ministro Mohammed Abdul Rahman Turko calcula que cerca de dos millones han abandonado los estudios debido a la pobreza y, en algunas zonas, también a la falta de escuelas. Sin embargo, en lugar de hablar de estos problemas, una parte del debate parlamentario tomó otro rumbo.
Un miembro de la Asamblea denunció la "feminización de la educación", atribuyendo al elevado número de mujeres docentes "la debilidad de los estudiantes". Otro pidió que se permitieran los castigos corporales y se mostró a favor de los golpes porque, en su opinión, eran una "sunna profética educativa". Hizo referencia a un hadiz muy conocido: "Ordenen a sus hijos rezar cuando tengan siete años y golpéenlos por ello cuando tengan diez, y sepárenlos en las camas".
Turko rechazó la propuesta: "Golpear adiestra, no educa". Por lo tanto, ninguna decisión autorizó los castigos corporales. Sin embargo, después de que se publicó el video de este debate, vi el video de una madre de Alepo que cuenta que, pocas horas después, su hijo de siete años, que cursa primero de primaria, fue duramente golpeado por el maestro. Cuando protestó, la respuesta fue: "Ve a quejarte donde quieras".
Un caso individual no demuestra una política estatal. Pero sí muestra la brecha entre lo que "está prohibido" y lo que puede hacer un niño o un padre cuando ocurre lo contrario.
Cuando las maestras se convierten en un problema
El tema de la "feminización de la educación" también esconde otra pregunta: ¿por qué hay tantas mujeres en las escuelas sirias? Después de más de una década de guerra, desplazamientos y pobreza, el personal docente no se ha formado en condiciones normales. Las dificultades económicas han obligado a muchos jóvenes a abandonar los estudios y ponerse a trabajar. Pero las alternativas no fueron iguales para varones y mujeres. En muchos ambientes sirios, un muchacho que dejaba los estudios podía incorporarse pronto al mercado laboral, aunque fuera duro o precario. Para muchas jóvenes, las posibilidades eran limitadas. Estudiar y luego dedicarse a la enseñanza se convirtió en uno de los pocos caminos hacia una profesión aceptada, un ingreso y autonomía. La alternativa podía ser un matrimonio precoz, el trabajo doméstico o la dependencia económica de la familia.
En la costa siria, la cuestión adquiere un significado adicional. Durante décadas, para muchas familias de Latakia y Tartus, sobre todo en las localidades alauitas pobres, estudiar ha sido una vía de movilidad social. No existen datos recientes que demuestren que la costa tenga la mayor proporción de mujeres docentes, pero fuentes autorizadas confirman una sobrerrepresentación de los alauitas en la enseñanza durante el gobierno de Assad.
De hecho, en 2025, seis alumnas de la mejor escuela de Latakia obtuvieron las máximas calificaciones en los exámenes de bachillerato; 85 estudiantes lograron una puntuación superior al 98%. Esto no significa que una comunidad sea más inteligente, pero recuerda que detrás de palabras como "excedente" y "feminización" hay un capital humano que no se puede reconstruir rápidamente.
Después de la caída de Assad surgieron controversias por los despidos y la reubicación de docentes. Durante el levantamiento, el gobierno de Assad despidió a muchos maestros por sus protestas u oposición. En febrero de 2026, el Ministerio anunció la reincorporación de 14.645 de ellos, a los que consideraba despedidos injustamente. Devolverles sus empleos corrige una injusticia real. Pero ¿se puede hacer sin crear otra?
La Agencia de Asilo de la Unión Europea informa que los despidos posteriores a Assad afectaron de manera desproporcionada a los alauitas y menciona a mujeres del sector educativo que habrían perdido su trabajo debido a los vínculos de sus esposos con los antiguos aparatos de seguridad.
Esto no significa que todos los despidos hayan sido sectarios: el sistema de Assad se basaba en el clientelismo y la lealtad política; una nueva administración tiene razones para revisar nombramientos irregulares y responsabilidades. Pero verificar a un empleado no es lo mismo que hacerlo responsable de su comunidad o de su familia.
El docente reincorporado después de años de despido por motivos políticos no debería convertirse en rival de la colega que hoy teme perder su puesto. Ambos necesitan la misma regla: competencia, conducta y ley, no confesión religiosa, supuesta lealtad política o trabajo del cónyuge. De lo contrario, no cambia la regla. Solo cambia quién paga el precio.
De los retratos de Assad a mil memorizadores del Corán
Otra tendencia cada vez más visible es la presencia pública de la educación religiosa. En septiembre de 2025, la Autoridad de Asuntos Religiosos (Awqaf) de Latakia premió a 833 estudiantes de los institutos coránicos. Sesenta habían memorizado el Corán completo; en la provincia funcionaban 80 halqa donde se imparte esta enseñanza. El 5 de septiembre de 2026, en el estadio de Latakia, fueron premiados otros mil hombres y mujeres que habían memorizado el Corán completo, en presencia del ministro de Awqaf y del gobernador.
Memorizar el Corán no convierte a nadie en extremista, ni la educación religiosa significa radicalismo. Pero a medida que se amplía este espacio, cobran mayor importancia las preguntas sobre los programas, las cualificaciones y la supervisión: ¿quién enseña? ¿Qué se transmite más allá de la memorización? ¿Quién determina la interpretación de los textos? ¿Qué garantías impiden que un espacio educativo —religioso o político— transmita ideas excluyentes o extremistas?
Esto no implica que las halqa produzcan esas ideas; no existen bases para generalizarlo. La cuestión no es el derecho de las familias a elegir la educación religiosa, sino el lugar que este sector ocupa en el proyecto sirio y su relación con la escuela formal.
La escuela de Assad no era neutral: el retrato del presidente, el partido Baaz, las organizaciones juveniles y los eslóganes acompañaban a los niños. Es necesario liberarse de esa herencia, pero el desafío es no reemplazar un adoctrinamiento por otro.
¿En qué idioma se debería aprender?
Este año, 13.500 estudiantes de Sweida no pudieron rendir los exámenes nacionales porque Damasco y las fuerzas locales drusas no llegaron a un acuerdo y se acusaron mutuamente. Para ellos, un conflicto no resuelto significa perder un año entero de su vida.
En 2026, Damasco reconoció el kurdo como idioma nacional y permitió que se enseñara en las zonas con fuerte presencia kurda. Las nuevas disposiciones establecen tres clases semanales de kurdo y algunas asignaturas en ese idioma, pero las matemáticas y las ciencias siguen enseñándose en árabe. Los alumnos que habían estudiado casi exclusivamente en kurdo durante años protestaron. Para ellos no es solo una asignatura: es el idioma en el que aprendieron a pensar y a estudiar.
La pregunta concierne a siríacos, armenios, turcomanos, circasianos y otros: ¿puede Siria construir una identidad común sin pedir a sus ciudadanos que dejen una parte de sí mismos en la puerta de la escuela?
Quizás este sea precisamente el hilo que une todos los puntos: ¿qué aprende un niño sobre la autoridad cuando el Parlamento debate si se lo puede golpear? ¿Qué aprende una niña cuando la presencia de demasiadas maestras se convierte en un problema? ¿Qué significa la ciudadanía para una docente alauita si ir a la escuela se convierte en motivo de temor? ¿Qué comprende un docente reincorporado cuando ve que una nueva injusticia afecta a su colega? ¿Y qué comprende el estudiante de Sweida que no puede rendir el examen, o el niño kurdo cuya lengua entra en el aula, pero dentro de límites establecidos?
Millones de niños sirios crecerán con pocos recuerdos de la Siria anterior a 2011; algunos, sin ningún recuerdo real de Assad. La Siria que conocerán será, en gran medida, la que hoy les muestra la escuela. La educación, por tanto, no es una cuestión marginal en la transición: es una pregunta sobre la Siria que vendrá después.


















