Estambul (AsiaNews) - Una incursión selectiva contra un evento cultural celebrada este fin de semana arroja más de una sombra sobre la Turquía del presidente Recep Tayyip Erdogan, quien, en los últimos años, ha recurrido en repetidas ocasiones a las «armas» del nacionalismo y el islam para consolidar su poder. Un grupo fundamentalista islámico, aún sin identificar, ha atacado un festival japonés en el que se presentaban anime, manga, comida tradicional y productos típicos de la cultura nipona, lo que obligó a los organizadores a cerrar el evento antes de lo previsto. Los agresores se lanzaron contra los puestos y las familias presentes, provocando momentos de pánico y dejando varios heridos leves por las palizas recibidas, al tiempo que coreaban el eslogan «Alá Akhbar», mientras que el Gobierno de Ankara no ha querido hasta ahora hacer declaraciones oficiales sobre un suceso de contornos inquietantes.
El evento, que incluía, entre otras cosas, concursos de disfraces relacionados con los personajes más famosos del País del Sol Naciente, videojuegos y degustaciones de sushi, estaba programado para los días 3 y 4 de octubre en el distrito de Ümraniye de Estambul, corazón económico y comercial del país. Durante esos dos días, el KonohaFest atrajo a multitud de aficionados y simples curiosos, sobre todo niños y familias, pero los organizadores se vieron obligados a interrumpirlo precipitadamente tras el asalto que provocó daños en los puestos y el equipamiento. La posterior intervención de la policía permitió dispersar al grupo y evitar consecuencias aún más graves para los presentes.
El festival japonés había sido objeto de críticas en las redes sociales durante las últimas semanas, mucho antes de su celebración. Unos carteles firmados como «Plataforma de ONG de Ümraniye», sin más especificaciones ni siglas, invitaban a las familias a participar en una concentración para exigir la suspensión del evento. «¡No nos quedaremos callados! Invitamos a todas las familias —se leía en los carteles— a sumarse a nuestra declaración para detener esta iniciativa, que constituye un mal ejemplo para el futuro de nuestros hijos y para nuestros valores».
El grupo se reunió cerca de la zona en la que se habían instalado puestos y mesas para leer un comunicado que hacía referencia a la iniciativa «Década de la Familia y la Población» anunciada por el Gobierno, con un claro carácter nacionalista y vinculada a los valores «tradicionales» turcos. Al mismo tiempo, los manifestantes expresaron con vehemencia su apoyo a las operaciones denominadas «Mi familia está a salvo», llevadas a cabo en septiembre en 15 provincias y dirigidas contra los colectivos LGBTI+ y quienes luchan por la inclusión y la igualdad de derechos para todos.
El KonohaFest reunió en Turquía a los aficionados al anime, el manga y la cultura japonesa. El nombre proviene de Konoha, es decir, la «Aldea de la Hoja», que aparece en la serie de anime Naruto. Los radicales islámicos sostenían que las actuaciones con trajes típicos del festival y el estilo de vida que este representaba eran «contrarios a la estructura familiar de la sociedad y a los valores nacionales y espirituales». Además, se acusaba al festival de alejar a los jóvenes y a los niños de la cultura turca, llevándolos a una «confusión identitaria», con un llamamiento —o, mejor dicho, una advertencia— a las administraciones locales y a las instituciones públicas para que bloquearan el evento y cancelaran futuras ediciones.
En las pancartas exhibidas por el grupo aparecían lemas como: «Si buscas un modelo a seguir, mira a tu historia», «Nuestro héroe es el sultán Mahoma el Conquistador», «No al exhibicionismo, sí a la decencia» y «No entregaremos a nuestra juventud a la imitación». Tras concluir la lectura del comunicado, la multitud se dirigió hacia la zona del festival coreando el eslogan «Allahu Akbar» (Dios es grande) y agrediendo —incluso físicamente— a los participantes. La policía intervino para dispersar a los manifestantes solo después de que estos hubieran causado daños al equipamiento.
Lo ocurrido no es un fenómeno aislado en Turquía, donde grupos nacionalistas y extremistas islámicos atacan todo aquello que no esté estrechamente vinculado a la tradición musulmana, incluidos los ataques a las minorías religiosas, entre ellas la cristiana. También el Gobierno y el propio Erdogan han alimentado esta ideología, respaldando personalmente decisiones controvertidas como la conversión en mezquitas de antiguas basílicas cristianas como Santa Sofía y Chora. Hasta la fecha no se han producido detenciones, investigaciones ni declaraciones oficiales de las autoridades sobre lo ocurrido.



















