En el cine, la otra cara del multiculturalismo emiratí

Desde Hollywood hasta Bollywood, pasando por las plataformas de streaming, la oferta en el país es cada vez más variada. En un contexto demográfico diverso, las salas de cine se convierten en un espacio de pertenencia, además de un mercado. El peso de las tensiones geopolíticas y las películas boicoteadas influyen en el consumo y las elecciones culturales.

por Giuseppe Caffulli

Milán (AsiaNews) - En Dubái, en una misma semana, se puede elegir entre un éxito de taquilla estadounidense, un thriller indio en lengua tamil, una comedia egipcia y una producción saudí. No es solo una cuestión de gustos. La programación cinematográfica de los Emiratos Árabes Unidos refleja una sociedad en la que conviven diferentes lenguas, identidades y referencias culturales. Hollywood sigue ejerciendo una fuerte influencia, pero no es el único universo cinematográfico al que pueden recurrir los espectadores. Junto a las películas estadounidenses se encuentran las producciones de la India y del mundo árabe, con públicos, estrellas y circuitos de distribución propios.

Basta con echar un vistazo a las reseñas semanales de Gulf News sobre los estrenos en salas y en plataformas digitales para percibir esta pluralidad. El calendario cinematográfico de otoño publicado por Motivate Val Morgan, empresa que opera en los mercados del Golfo, Egipto y Líbano, lo confirma. La novedad no es que estas películas existan: las cinematografías india y árabe cuentan con una trayectoria consolidada. Es su visibilidad, en un mercado internacional como el de los Emiratos, lo que pone de manifiesto hasta qué punto se ha diversificado la oferta.

Reflejo demográfico

Un aspecto decisivo en este panorama del séptimo arte se explica por la demografía. Los Emiratos acogen a una amplia población procedente del sur de Asia, en particular de la India, Pakistán y Bangladés. Para muchos de estos inmigrantes (la mayoría de ellos residentes temporales), ver una película en su propio idioma significa reencontrarse con historias, músicas e intérpretes familiares, manteniendo así un vínculo con su país de origen. La demanda no se limita únicamente a Bollywood —nombre con el que se designa la industria cinematográfica india, con sede en Bombay— y a las producciones en hindi, sino también a las películas en tamil, telugu y malayalam. Se trata de industrias capaces de movilizar a espectadores mucho más allá de las fronteras nacionales.

El cine se convierte así en un espacio de pertenencia, además de un mercado. En 2025, F1, una producción estadounidense distribuida por Warner Bros., alcanzó el primer puesto en la taquilla de los Emiratos Árabes Unidos, con una recaudación de unos 10,4 millones de dólares. Pero entre los éxitos del año también figuran títulos indios como L2: Empuraan y Lokah Chapter One: Chandra. Los resultados reflejan un panorama en el que el poderío comercial estadounidense convive con una demanda india bien estructurada, que no se limita a las películas en hindi.

La cuestión también afecta a la distribución OTT (acrónimo de «Over-the-top», que designa los servicios que distribuyen contenidos audiovisuales directamente a través de Internet). Precisamente el pasado 6 de octubre, JioHotstar, una de las principales plataformas indias de streaming, anunció su entrada en el mercado de Oriente Medio y el norte de África a través de una colaboración con Starzplay, plataforma con sede en Abu Dabi. La oferta, disponible desde el 7 de octubre, incluye películas, series y producciones originales en varios idiomas indios, entre ellos el hindi, el malayalam, el tamil y el telugu. Se presta especial atención al público malayali, muy numeroso en la región. Se trata de un paso significativo: ya no se trata solo de llevar películas sueltas a las salas frecuentadas por las comunidades del sur de Asia, sino de organizar catálogos digitales destinados a un público transnacional.

Cinematografía árabe

El mundo árabe también está presente en esta competición. Egipto cuenta con una larga tradición cinematográfica y con actores y directores conocidos en toda la región. Arabia Saudí, tras la reapertura de las salas en 2018, ha invertido en la creación de una industria nacional, con el objetivo de convertir el crecimiento de la producción en una presencia comercial estable.

Las películas seleccionadas por Motivate Val Morgan muestran una producción que aborda diversos géneros. La comedia de acción saudí “Aks Sir” está dirigida al público del cine popular. Por parte egipcia, “El Set Lamma” aborda de forma satírica la violencia contra las mujeres; “Shakwa Raqam 713317” narra las dificultades de una pareja de ancianos que se enfrenta a una reparación doméstica que se convierte en una batalla burocrática, mientras que “El Warsha” sigue a una banda de estafadores involucrados en una estafa relacionada con la inteligencia artificial.

No se trata solo de historias arraigadas en las tradiciones locales. Las relaciones familiares, las contradicciones sociales, la burocracia y los cambios tecnológicos son temas contemporáneos, narrados a través de escenarios y referencias reconocibles para el público de la región. El cine árabe intenta así ampliar su repertorio, sin renunciar a la especificidad cultural que puede distinguirlo de las grandes producciones internacionales.

Politización del consumo

Sin embargo, la pluralidad de la oferta no borra el peso de la geopolítica. Las guerras en Oriente Medio y el apoyo de Estados Unidos a Israel han alimentado reacciones también en el ámbito del consumo cultural. En marzo de 2025, el diario emiratí The National recopiló los testimonios de algunos espectadores decididos a boicotear Blancanieves, el remake de Disney protagonizado por Gal Gadot, una actriz israelí que había expresado públicamente su apoyo a Israel. Para algunos de los entrevistados, no comprar la entrada se convertía en una forma de manifestar su desacuerdo. Se trató de una señal de la politización del consumo que, sin embargo, no indicaba una transformación global y duradera de las preferencias del público. En definitiva, un espectador puede apreciar una producción estadounidense y, al mismo tiempo, preferir en otras ocasiones el cine indio o árabe.

Dubái pone de manifiesto, de hecho, esta convivencia. Hollywood conserva su capacidad de atracción global (respaldada por ingentes recursos económicos), la India puede contar con numerosas comunidades y con industrias lingüísticas consolidadas, mientras que el cine árabe intenta convertir una producción más articulada en una presencia duradera. Las historias que se proyectan en las pantallas de los Emiratos y se estrenan en las plataformas de streaming proceden de la India y de los países árabes, y reflejan comunidades, lenguas y referencias culturales que reclaman ser representadas. En Dubái, el reto no consiste necesariamente en hacer mella en Hollywood, sino en conquistar, en un mercado global ya consolidado, la atención de espectadores que, tanto en la gran pantalla como en la pequeña, persiguen otros sueños y otras historias.


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