Riad (AsiaNews) - El conflicto yemení se ha recrudecido en las últimas horas, con intensos intercambios de disparos entre los rebeldes hutíes proiraníes y el ejército gubernamental respaldado por Arabia Saudí, y Riad informa de ataques transfronterizos que han rozado Medina, la segunda ciudad santa del islam. En un comunicado, el ejército afirma haber atacado esta mañana varias posiciones y objetivos hutíes en Saná, la capital controlada desde hace tiempo por los rebeldes, en la provincia noroccidental de Saada y en la provincia de Taiz, en el suroeste. Estas dos zonas son el epicentro de la escalada que ha enfrentado a ambos bandos, en la que las milicias han ido ganando cada vez más terreno hasta amenazar la navegación —y el comercio— en el mar Rojo, además de agravar la situación humanitaria.
Ataques masivos contra los hutíes
En una nota publicada en X (antes Twitter), el portavoz del ejército, Majed al-Nuzaili, informó de que las fuerzas gubernamentales habían atacado «objetivos de gran importancia en la capital, Saná», sin dar más detalles. El militar añadió que las fuerzas también habían atacado «11 objetivos clave en la provincia de Saada», sin especificar tampoco en este caso el armamento utilizado. En una declaración anterior, el propio al-Nuzaili había informado de que aviones de la Fuerza Aérea habían llevado a cabo 20 ataques en el transcurso de tres horas contra movimientos, refuerzos, concentraciones, combatientes, vehículos y equipamiento militar hutí en la provincia de Taiz.
Los ataques «han alcanzado directamente los objetivos enemigos y han infligido pérdidas en términos de personal, equipamiento y movimientos militares de la milicia», añadió el portavoz. Por el contrario, al menos hasta ahora no se han registrado comentarios oficiales por parte de los hutíes sobre los ataques y los objetivos alcanzados, según, al menos, las declaraciones del Gobierno. Ayer, por su parte, Arabia Saudí informó de un ataque de los milicianos contra una estación de distribución de energía en Medina, que suministra electricidad a la Mezquita del Profeta.
Una fuente militar hutí, citada por la agencia de noticias Saba (gestionada por los propios hutíes), desmintió la noticia, afirmando que su objetivo era encubrir lo que definió como el «fracaso de Arabia Saudí a la hora de demostrar una acusación anterior». La referencia es al polémico ataque hutí de septiembre en La Meca, denunciado también en este caso por Riad y desmentido por el grupo.
Los combates se han intensificado en las últimas semanas, en el marco de una escalada que ha llevado a los rebeldes proiraníes a tomar el control de varias localidades clave en las provincias de Al Hudaydah y Taiz, incluida la estratégica ciudad de Mokha; además, habrían extendido su avance hasta la isla de Mayun, situada frente al estrecho de Bab el-Mandeb.
La larga mano de Pekín (y Teherán)
En las últimas horas, las noticias revelan que China, además del (previsible) apoyo de Teherán, está respaldando a las milicias hutíes en Yemen con suministros de armas y apoyo tecnológico. En un reportaje, el Wall Street Journal (WSJ) afirma que las armas iraníes y los crecientes suministros de componentes chinos de doble uso han ayudado a los hutíes a expandir su territorio y a reforzar su capacidad para amenazar la navegación en el mar Rojo. Los hutíes no disponen de una marina convencional, pero utilizan misiles de diseño iraní, drones explosivos, minas navales, lanchas motorizadas armadas y drones marinos para proyectar su fuerza a lo largo de la costa de Yemen.
Según la investigación del diario, su arsenal incluye misiles balísticos y de crucero, armas antinavales y drones que se basan en gran medida en tecnología y componentes iraníes. Hacia 2015, la Fuerza Quds comenzó a enviar componentes para misiles y drones de diseño iraní y envió instructores para ayudar a los hutíes a fabricar las armas por sí mismos. Esa ayuda contribuyó a convertir al grupo en una fuerza capaz de atacar las infraestructuras petroleras saudíes, obstaculizar la navegación en el mar Rojo y amenazar a las fuerzas estadounidenses.
Además de la ya conocida contribución de Teherán, desde hace algún tiempo se suma también la ayuda de Pekín, sobre todo en materia de tecnologías: «Los hutíes —explica el WSJ— disponen ahora de una nueva fuente para los suministros necesarios para lanzar sus ataques: China». Empresas del país del dragón están suministrando bienes de doble uso —utilizables tanto en el ámbito civil como en el militar—, incluidos componentes fundamentales para los programas de drones de los hutíes. La revelación figura en documentos de las Naciones Unidas y en informes elaborados por expertos en armamento citados por el diario estadounidense. Este cambio se produce en un momento en el que las rutas tradicionales de contrabando iraníes han sufrido mayores interrupciones. Durante años, los Pasdaran han utilizado pequeños barcos pesqueros para trasladar armas, componentes para drones y piezas de misiles a los hutíes, pero muchos envíos han sido interceptados por las fuerzas estadounidenses y por grupos yemeníes hostiles a los hutíes.
Crisis sanitaria
Por último, una de las consecuencias más dramáticas del conflicto es la situación sanitaria (y humanitaria), que se agrava cada vez más, con los médicos dando la voz de alarma ante un sistema ya de por sí frágil debido a los recortes en la ayuda internacional y que, con la reciente escalada, corre el riesgo de «colapsar». Con escasez de personal, medicamentos y suministros básicos, los hospitales tienen dificultades para gestionar la enorme afluencia de pacientes registrada desde que se intensificaron los combates entre los hutíes y las fuerzas leales al Gobierno. Según ha informado en los últimos días la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 800 personas han perdido la vida y 3.000 han resultado heridas, a lo que hay que sumar unos 130.000 desplazados en siete provincias. Miles de personas más han huido cruzando el mar Rojo hacia Yibuti.
El recrudecimiento de los combates ha aumentado la presión sobre un sistema sanitario ya de por sí frágil, con heridos que llegan a hospitales que se encuentran al límite de su capacidad. Un médico de Adén, sede del Gobierno reconocido internacionalmente, ha calificado la situación de «desastrosa». Por otra parte, el sistema sanitario del país, ya devastado por más de una década de guerra, ha sufrido graves repercusiones también a causa de los recortes en la ayuda internacional por parte de Estados Unidos, el Reino Unido y otros donantes. La respuesta humanitaria en 2026 ha adolecido, además, de una grave escasez de fondos, al recibir menos del 20 % de los 2.160 millones de dólares solicitados por las Naciones Unidas. Estas carencias han obligado a las organizaciones humanitarias a reducir los servicios sanitarios, dejando a los hospitales con menos recursos justo cuando, en febrero, Washington e Israel iniciaron una guerra contra Irán, que luego se convirtió en un conflicto regional más amplio.








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