De la tragedia al éxito: el giro de Camboya frente al SIDA

En 1995 el país registraba 25.000 nuevos contagios al año, hoy está a la vanguardia en la contención de la epidemia y en el acceso de los pacientes a los tratamientos antirretrovirales. El cambio se ha logrado gracias a la sensibilización de los jefes de aldea y de las comunidades para erradicar el estigma social. La pequeña Iglesia católica también está en primera línea.

por Terry Friel

Phnom Penh (AsiaNews) - Camboya, que en su momento fue uno de los países del Sudeste Asiático más golpeados por el SIDA, se ha convertido en un modelo de reforma y solidaridad. Es el primer país de la región –y uno de los pocos en el mundo– que ha alcanzado todos los objetivos mundiales de las Naciones Unidas sobre el VIH, en algunos casos incluso antes de los plazos previstos.

Todo indica que Phnom Penh alcanzará también el último de los objetivos fijados por la ONU: erradicar el SIDA como amenaza para la salud pública antes de 2030, reduciendo las nuevas infecciones a 250 casos al año o menos, en comparación con los cerca de 15.000 registrados en el momento más crítico a mediados de la década de 1990, en un país de 17,5 millones de habitantes.

Camboya es, además, el séptimo país del mundo –y el primero fuera de África– en haber alcanzado la meta 95-95-95 de la ONU: el 95% de las personas con VIH sabe que es seropositiva, el 95% de ellas reciben tratamiento antirretroviral y el 95% ha logrado suprimir la carga viral, lo que significa que ya no transmite el virus por vía sexual.

“Este resultado refleja la acción colectiva y los esfuerzos constantes de la respuesta multisectorial de Camboya al VIH, que se puso en marcha desde los primeros años de la epidemia”, afirma Choub Sok Chamreun, director ejecutivo de la Khmer HIV/AIDS NGO Alliance (KHANA). “No es la primera vez que Camboya demuestra un liderazgo mundial en el control del SIDA”, declaró a AsiaNews.

El país ya había alcanzado con tres años de anticipación la anterior meta de las Naciones Unidas, conocida como 90-90-90, cuyo plazo vencía en 2020. La agencia de las Naciones Unidas para el SIDA, ONUSIDA, afirma que Camboya obtuvo estos resultados porque centró su respuesta al VIH en ofrecer servicios innovadores, prácticos y accesibles, involucrando tanto a la población común como a los líderes de las comunidades. Además, prácticamente toda la atención relacionada con el SIDA es gratuita.

Algunos factores decisivos han sido la ampliación de los programas de diagnóstico y tratamiento del VIH, la distribución de medicamentos antirretrovirales para varios meses de tratamiento, el fortalecimiento de la integración entre los servicios relacionados con el VIH y el sistema nacional de salud, así como la expansión del acceso a herramientas de prevención, como la profilaxis preexposición (PrEP) de acción prolongada y el autotest del VIH. Todo ello en un país que todavía está reconstruyendo sus instituciones fundamentales tras décadas de guerra.

Probablemente el aspecto más significativo es que el gobierno camboyano y sus aliados han conseguido eliminar gran parte del estigma asociado al SIDA gracias al trabajo conjunto con los jefes de aldea y los líderes comunitarios, que siguen siendo un componente esencial del tejido social camboyano. Estados Unidos y otros países desarrollados no han logrado avances comparables, no solo por problemas de financiación, sino también por su incapacidad para garantizar una atención equitativa a las comunidades más vulnerables y marginadas.

En un país donde los recursos públicos son limitados y la implementación de buena parte de los programas sociales depende de las organizaciones no gubernamentales, la Iglesia católica, a través de Cáritas Camboya y de Catholic Relief Services (CRS), ha desempeñado un papel fundamental en la lucha contra el SIDA.

La Iglesia ha ofrecido su contribución en todos los ámbitos, desde las pruebas de VIH y el acceso al tratamiento, hasta el apoyo nutricional, la atención domiciliaria de las personas más vulnerables y la acogida de miles de familias marginadas.

A principios de la década de 2000, las Missions Étrangères de Paris (MEP) fundaron el Centro para la Vida Juan Pablo II, situado a unos 80 kilómetros al suroeste de Phnom Penh. El centro ha atendido a decenas de miles de personas con VIH/SIDA y también ha acogido a cientos de familias rechazadas por sus propias comunidades.

La epidemia de VIH/SIDA en Camboya estalló con la llegada de los cascos azules de las Naciones Unidas en 1991 para supervisar la aplicación de los Acuerdos de Paz de París, que pusieron fin a los años de guerra con Vietnam después del genocidio perpetrado por los Jemeres Rojos. Junto con ellos llegaron también miles de funcionarios de las Naciones Unidas y trabajadores de las ONG.

En 1997, la prevalencia del VIH en la población de entre 15 y 49 años alcanzó un máximo estimado de entre el 3,0% y el 3,9%, lo que situó a Camboya como el país con la tasa de infección más alta de la región. En el punto más alto de la epidemia, en 1995, Camboya registraba casi 25.000 nuevas infecciones por VIH al año.

Hoy, cerca de 76.000 de los 17,5 millones de habitantes de Camboya viven con VIH, pero en gran medida sin estigmas ni discriminación. Como ocurre con muchas de las políticas sociales exitosas de Camboya, la clave ha sido la estructura tradicional de las aldeas y comunidades. A pesar de que los Jemeres Rojos destruyeron casi por completo la sociedad jemer y su tejido cultural, el liderazgo comunitario pudo sobrevivir.

Un aspecto fundamental de la estrategia gubernamental contra el VIH/SIDA fue la capacitación de los líderes de las comunidades –como los jefes de aldea– y, a través de ellos, de toda la población. “No sé cómo lo contraje”, cuenta Sok Bopha, una empleada bancaria de Phnom Penh de 44 años, a quien le diagnosticaron VIH hace diez años. “Pero cambió mi vida y la de mi familia”. “Al principio, nadie quería estar cerca de nosotros –explica a AsiaNews–. Pero, poco a poco, las cosas fueron cambiando. “No se lo digo a la gente. No sé qué podrían pensar. Siempre tengo un poco de miedo. Pero tengo una familia y una comunidad que me apoyan. Intento ayudar a otras personas como yo en mi comunidad. Nunca nos sentimos solos”.

Camboya no se ha apoyado únicamente en su cultura y en su sentido de comunidad. En un país donde todos conocen los asuntos de todos, también ha ampliado considerablemente el uso del autotest. Chamreun, de KHANA, resume para AsiaNews el éxito de esta estrategia en un principio antiguo y profundamente arraigado: “No dejar a nadie atrás”. “Es un principio que sitúa a las personas en el centro del desarrollo social y económico –comenta–. También demuestra que Camboya sigue dando prioridad al acceso equitativo a la salud y a la inversión a largo plazo en el fortalecimiento del sistema nacional de salud".


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